¿Libertades?/ Sobre hombros de gigantes  - LJA Aguascalientes
27/09/2022

Algo que caracteriza a mujeres y hombres es el espíritu de la libertad, que ayuda a destruir la ignorancia y librar de la explotación y la dominación.

La libertad, una palabra que tiene varias vertientes o dimensiones, es la capacidad de una persona para elegir y llevar a cabo un plan de vida que pueda ser considerado satisfactorio para él y en armonía con las y los demás; es decir, la libertad es la capacidad para la autonomía, para orientar significativamente su vida siguiendo sus propias decisiones. O, como ha dicho Amartya Sen con un lenguaje algo diferente, la “libertad real” de una persona “se representa por la capacidad que tiene para conseguir las varias combinaciones alternativas de realizaciones o de haceres y estares”.

Esta capacidad es algo de lo que más valoramos como seres humanos, ya que está a nuestro alcance, y requiere de un esfuerzo individual considerable para realizarla en un grado aceptable. Una capacidad para la autonomía y el ejercicio de la libertad se rodea de una cierta concepción de vida buena que permite juzgar el valor de los distintos usos que se hagan de la capacidad para la autonomía y atribuye valor a la misma la libertad; la tolerancia, la amistad, el amor, el desarrollo y la evolución individual y colectiva para el mejoramiento de nuestro género humano forma parte del ejercicio autónomo de la libertad. Como afirma Sen, “la vida buena es, entre otras cosas, también una vida de libertad”.

Pero, para ser libre se requiere que las condiciones sociales y políticas apoyen a la satisfacción de una serie de necesidades básicas que son condición previa para disponer de la capacidad para la autonomía. Los regímenes totalitarios se han caracterizado por el empleo indiscriminado de las fuerzas militares para mantener el orden y “asegurar” la libertad. Los promotores de la “libertad”, han empleado ese concepto para realizar acciones discriminatorias en contra de seres humanos tachados de “inferiores”, y como dictadores comenzaron por ser liberadores. Pero recuerden: un derecho sin garantía no es un verdadero derecho.

En conclusión, la libertad humana comprende el dominio interno de la conciencia, libertad en gustos, la determinación de sus propios fines, y la asociación con otros individuos. La sociedad y el Estado deben proporcionar los mecanismos para lograr el total respeto de estas actuaciones de la persona, y busque su propio bien, en tanto no prive a los demás del suyo o les impida su esfuerzo para conseguirlo. El papel de cada una y cada uno debe ser el ayudar a lograr que la libertad se traduzca en poder trazar el propio plan de vida según nuestro carácter para obrar en una vida buena, humana y fraterna.

 


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