La realidad que vivimos en México sobre las redes sociales - LJA Aguascalientes
20/10/2021

APRO/Manuel Michelone

 

Twitter y Facebook son dos redes sociales que tienen una gran importancia en la cotidianidad de muchos mexicanos, probablemente aquellos que viven en zonas urbanas. A través de la posibilidad de mensajes cortos (280 caracteres) en Twitter o bien, mensajes más largos en Facebook, los mexicanos (como en otros países), nos comunicamos entre nosotros y discutimos lo que pasa en nuestra realidad. Es claro que a través de los “muros” de Facebook, que es donde escriben las personas, se generan acuerdos, discusiones y muchas veces enojo y molestia de algunos por muy disímbolas razones. Sin embargo, la posibilidad de polemizar en los diferentes temas del acontecer nacional es un privilegio que no debemos perder, a pesar del sinnúmero de agresiones de otros usuarios que muchas veces -al no coincidir- responden con insultos a falta de argumentos.

En Twitter la cosa podría pensarse más calmada, pero no lo es. En ocasiones algunos famosos han tenido que cerrar (al menos temporalmente) sus cuentas, pues twitterville (como le dice el buen Chepe Nicoli), se vuelve áspero, grosero y sin posibilidad de discutir el tema. Digamos que en Twitter hay quien “le echa montón” a un tuitero y éste, ante la imposibilidad de defender sus puntos de vista razonablemente, decide cerrar su cuenta para evitar más agresiones.

Y sí, en ocasiones hay quien se merece el desapruebo general de los internautas, pero claramente esto va contra esta supuesta libertad de hablar de lo que queramos y exponer nuestros puntos de vista. Por ejemplo, en alguna ocasión critiqué en Twitter a una ingeniera que iba a dar una plática virtual sobre algún tema de su profesión. Mi crítica es que se anunciaba como engineer a pesar de que la profesionista es mexicana y vive en nuestro país. Hice pues mi comentario y entonces empezaron a salir casi de debajo de las piedras una serie de personajes que defendían a la ingeniera, indicando que podía ponerse como quisiera. Y es que todos ellos no parecían entender mi punto, que es que en México un ingeniero vale tanto como el que se dice engineer y que, finalmente, el tema es el malinchismo de algunas personas, como esta ingeniera, que cree que poner su título en inglés la hace mejor, o que su plática entonces va a tener éxito, etcétera.

Lo curioso es que de mi comentario criticando a la ingeniera derivó el asunto a la misoginia. Y entonces salieron otras mujeres a insultarme y decirme misógino por lo menos, aunque los epítetos eran desde luego, más graves. Vamos, alguien reclamó a una publicación virtual donde yo escribía y la editora me mandó un mensaje exigiendo que quitara mis mensajes misóginos, cuando en realidad nada de eso había sido el origen de mi mensaje inicial.

Y esta historia nos puede hacer reflexionar sobre el poder de las redes sociales. En el pseudoanonimato, por una parte, la gente es capaz de no tener educación y de ser rastrera y baja, pues finalmente nadie sabe con quién está tratando. Por otra parte, las voces que puedan disentir -en cualquier tema- bien pueden manipularse para dar la impresión que la situación es otra y por ende, quien no va con la corriente en la manera de pensar pues debe ser bloqueado o liquidado por esa razón.

Yo pienso que a pesar de estas experiencias, la posibilidad de expresar lo que queramos es algo que no deberíamos dejar pasar por alto. Como en todo lo que se inventa, pasa un tiempo para que las cosas se estabilicen y por ende, tomen un cauce mejor que el de la crítica destructiva y mordaz. Las redes sociales, como otras alternativas que permite Internet, no deberían ser manejadas en términos de odio o por razones absurdas, cosa que sigue todavía pasando con mucha frecuencia.

Pero poco a poco las cosas encontrarán su justo destino. Tendremos que lidiar con una serie de fenómenos que quizás aún no contemplamos pero que, al final, saldremos fortalecidos y bien podremos afirmar ahora sí: “benditas redes sociales”.



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