Ejido de Mixtlalcingo: Una mina de arena con olor a muerte - LJA Aguascalientes
07/12/2021

APRO/Jaime Luis Brito

 

La vieja mina de arena del ejido de Mixtlalcingo tiene un olor similar al de las fosas clandestinas de Tetelcingo.

“Esto es nuevo, sabíamos que existía, pero no habíamos comprobado y demostrado a las autoridades que en Morelos también existen fosas del crimen en donde está enterrada nuestra gente, nuestras hijas, nuestros hermanos, nuestros esposos”, dice Tranquilina Hernández, una morelense comprometida con la VI Brigada Nacional de Búsqueda de Personas ­Desaparecidas y mamá de Mireya Montiel, de quien no se sabe nada desde 2013.

No hay evidencia todavía de que en la confección de este panteón clandestino del crimen organizado haya participado la Fiscalía General del Estado. Pero el horror que comenzó a brotar en la zona estos días de búsqueda, de manera inevitable recuerda mucho lo ocurrido entre 2016 y 2017 en los entierros de Tetelcingo y Jojutla.

A 13 kilómetros de las fosas irregulares en Tetelcingo se encuentra la mina de arena abandonada. Está en una meseta que va de un pequeño cerro a la barranca El Salado, donde, según los indicios, se encuentra un “campo de exterminio”, un lugar donde se han inhumado de manera ilegal cuerpos en distintos periodos durante los últimos 10 años.

La zona “está caliente, muy caliente”, dice Elvia, una mujer que busca a su hijo desde hace dos años. Tiene la esperanza de encontrarlo en Mixtlalcingo, pues ella vive muy cerca de este lugar.

Renuente a que se le tomen fotografías, asegura que los lugareños aparentemente viven como si nada pasara, pero en realidad tienen miedo. En medio de los campos de sorgo sobresalen varias construcciones que recuerdan las fosas de Tetelcingo. Parecen abandonadas.

En una de ellas, a un kilómetro de la mina de arena, el miércoles 20 por la tarde las familias localizaron una construcción sin terminar en la que se observan cinco puntos en los que hubo hace poco movimiento de tierra. Sobre uno de ellos había restos humanos.

El lugar “está asegurado” por la fiscalía desde antes de la visita. Al menos eso dijo el fiscal para desapariciones forzadas en Morelos, Alejandro Cornejo Ramos. En el entorno se ven aún los restos de la cinta que usan las autoridades para acordonar lugares asegurados. El 4 de julio pasado, la Fiscalía Oriente ejecutó en esas construcciones una orden de cateo en la que se ­exhumaron dos osamentas.


“¿Por qué chingados, si ya estaban procesando este lugar, no sacaron todos los cuerpos que pueden estar ahí?”, se pregunta una mujer que estuvo en el sitio la semana pasada como parte de la Brigada Nacional.

“Estamos confiando en la fiscalía –sabemos que puede hacer marranadas– para que haga bien su trabajo. Los vigilamos, les ayudamos y luego nos encontramos con esto”, dice Yadira González, quien busca a su hermano Juan, desaparecido en Querétaro.

 

Las “faltas administrativas”

La prensa local halló cuerpos en fosas clandestinas o desmembrados en los últimos meses: el 9 de septiembre de 2020 fueron recuperados tres cuerpos de una fosa clandestina en tierras de Mixtlalcingo y el 18 de junio pasado otros dos en la barranca El Salado; estaban desmembrados.

El jueves 21 por la mañana, cuando las familias arribaron al predio de la mina, se encontró un fémur humano sobre el pasto del terreno. “Ese hueso no estaba ahí, ahí estuvimos comiendo ayer”, dijo una mujer. La conclusión es que, por dolo o descuido, el personal de la fiscalía lo movió o lo tiró en esa zona. Las autoridades no querían hacerse responsables por el “movimiento” de ese resto humano.

Las fosas descubiertas son hechos nuevos. Se suman a la tragedia que vive Morelos desde 2009, cuando murió Arturo Beltrán Leyva en un enfrentamiento con elementos de la Marina en Cuernavaca. Esa muerte desató una lucha intestina entre cárteles; se incrementaron los homicidios, seguidos de las desapariciones. Luego se descubrieron las fosas irregulares del gobierno de Graco Ramírez en 2016 y 2017.

Y aun cuando los de Mixtlalcingo son hechos nuevos, la respuesta institucional sigue siendo la misma.

En 2016 el entonces gobernador dijo que lo de Tetelcingo estaba en orden; la realidad lo desmintió. El actual fiscal general, Uriel Carmona Gándara –nombrado por nueve años en marzo de 2018 y conocido como el “fiscal carnal de Graco”–, dijo al asumir el cargo que las fosas no eran delitos, sino “faltas administrativas”.

Hoy, los restos humanos “brotan” del suelo de Mixtlalcingo. Hay molestia porque los fiscales y sus agentes tratan a toda costa de dilatar, demorar o eludir el procesamiento del predio.

El lunes 18, las familias denunciaron el hallazgo del primer positivo humano en una fosa ubicada al pie del cerro de arena. Tenía un metro de profundidad, uno más de largo y 60 centímetros de ancho. Se pidió a la fiscalía que acudiera con su personal forense, pero, a pesar de estar cerca del lugar, dejaron a las familias solas durante varias horas.

“La ministerio público asignada al lugar simplemente se fue. Nos dejó solas a las familias. Nos quedamos solas hasta las 11 de la noche. Con miedo aquí aguantamos, mientras que en los alrededores se escucharon disparos, estuvimos en riesgo y fue porque las autoridades nos abandonaron, sin mayor explicación, tuvimos que pedir ayuda a la Secretaría de Gobernación”, denunció Yadira González.

 

Los hallazgos recientes 

Proceso fue testigo de que el lunes 18 acudió al lugar el propio fiscal Cornejo Ramos. Lo hizo alrededor de las 17:00 horas, aunque las familias sostienen que nunca llegó a la mina de arena, se quedó en los campos de sorgo y de ahí se regresó a Cuernavaca, “desentendiéndose de su responsabilidad”.

Al día siguiente los peritos forenses llegaron después de las 14:00 horas al lugar y luego pretendieron hacerse responsables sólo de los últimos hallazgos, los de ese día, no de los encontrados el lunes 18. “No estuvimos aquí y hay un rompimiento en la cadena de custodia, no podemos responsabilizarnos sobre eso”, pretextaron, sin admitir que los anteriores hallazgos ocurrieron sin la presencia de autoridades.

Después de mucho discutir, cuando iban a comenzar a trabajar en el lugar, peritos y agentes se retiraron de nuevo. Las familias los increparon al respecto. La respuesta de los funcionarios de la fiscalía fue: “Lo que pasa es que olvidamos los guantes y tenemos que ir por ellos”. Volvieron a las 16:00 horas y comenzaron la intervención de la primera fosa. Para ese momento las familias ya habían cavado cuatro más, con otros hallazgos positivos.

 


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