Ensayo sobre la ceguera/ La columna J  - LJA Aguascalientes
05/12/2021

“Si puedes ver, mira si puedes mirar, repara”, José Saramago

Estimado lector de LJA.MX, con el gusto de saludarle nuevamente, aprovecho esta ocasión para hacer una reseña de una obra que resulta fascinante para los ojos de cualquier lector, en donde el premio Nobel de Literatura en 1998, José Saramago extiende una historia sin mayor protocolo y estructura, pero con una forma y con un fondo fuera de serie, en donde existe el preludio de las exequias del futuro humano en cuanto claridad, perspectiva y lucidez.

La historia comienza con un accidente de tráfico, en donde se muestra que las personas han comenzado a perder su vista; en la narrativa, el lector poco a poco llega a la desesperación, ante la impotencia que viven los personajes por padecer inexplicablemente dicha condición. A lo largo del suceso, se logra establecer un vínculo entre algunos de los personajes, que por una situación u otra son llevados a un lugar con una infraestructura similar al de un manicomio. Creo que es una de las etapas más impactantes de esta gran obra, la cual además sumerge al lector en todos los detalles que se presentan, en la desesperación, en la frustración, en el desdén y el desbordamiento fatídico de los protagonistas ante situaciones perversas y desprovistas de esperanza.

Conforme avanza la prosa excelsa de Saramago, se logra apreciar un contexto de grandes crisis emocionales y de perspectivas. El personaje principal, la esposa del médico, sucumbe en un rol que le desgasta, pues ella es la vista de un grupo de personas, ella es su guía, y por ende, es también la responsable de una innumerable cantidad de situaciones, en tanto que, cuando ella desfallece, el grupo vuelve a perder su sentido de supervivencia. Algo extraordinario que presenta la obra, es la aparición de un perrito, el cual les ayuda y les acompaña, deja entrever de manera simbólica el rol que tienen en nuestra sociedad, sin duda alguna, los perros son fieles compañeros de vida que custodian nuestros pasos, son los seres más nobles y no es casualidad que en muchos casos de ceguera sean ellos los guías, una lección de vida, y del mismo modo un ejemplo de belleza y de candor.

“La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva”. “Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay, los escritores viven de la infelicidad del mundo”, José Saramago.

La obra extiende una emocionante narrativa sin protocolo, pero con una gran lucidez sobre cada aspecto que plasma, esgrime polémicas existenciales, morales y el devenir de la supervivencia ante una escenario cárdeno y gris. Tal y como es la vida, la representación de momentos en los cuales pensamos que estamos viendo, y no nos percatamos de lo que debimos de observar. Las sombras del viento son poemas tildados para aquellos que están dispuestos a mirar.

Encuentro una similitud y una gran coincidencia con la alegoría de la caverna de Platón, es decir, la dinámica social ha sumergido a las personas en una rutina que se basa en la interpretación e imitación de lo que se ve en las redes sociales, en los comportamientos de consumo, en una tesitura liberalista. ¿Cuántos grandes iniciados han salido a dar discursos? Tal vez el posmodernismo ha impuesto una venda en los ojos de las personas, tal vez los ojos han sido saciados por los clisés grises que dejan en desprovisto los alcances de la conciencia. En qué momento dejamos de ver que estamos viviendo en el holocausto de los animales, en qué momento se perdió la sensibilidad para ver que estamos devorando a los árboles, para construir casas en junglas de concreto, en qué momento perdimos de vista que la queja no es propuesta y que la democracia de nuestro país está en límite de diatraba que separa a la demagogia. Nuestras son las ventanas que permiten ver los primeros detalles de la realidad, pero las percepciones no son realidades, ver no es lo mismo que mirar, mirar no es lo mismo que observar, y observar no es lo mismo que entender.

El mundo es un momento en el universo, el ensayo sobre la ceguera es una excelsa invitación a no solo abrir los ojos, sino a un despertar de la conciencia; el ser humano es un instante dentro de los momentos, es mejor observar las estrellas y entender que solo nosotros somos los dueños de nuestro destino, el que tenga ojos que vea, el que tenga oídos, que oiga.

“El mundo se está convirtiendo en una caverna igual que la de Platón: todos mirando imágenes y creyendo que son la realidad”.

In silentio mei verba, la palabra es poder.


 


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