¿La ciudad compacta o difusa?/ Rompecabezas urbano  - LJA Aguascalientes
03/03/2024

 Hace unos días, agobiado por las presiones laborales, decidí despejarme y salir de la ciudad el fin de semana. En el trayecto a mi destino recordé cuando era un infante y me emocionaba cuando mis padres preparaban todo para salir de vacaciones. En ese preciso momento, al estar inmerso en mis memorias, reviví que dejar la ciudad atrás para encaminarse a nuestro destino no tomaba más de un cuarto de hora. A partir de lo anterior, comencé a observar que llevaba más de 40 minutos manejando desde que había dejado mi hogar y aún no podía decir que “había salido”, esto me hizo darme cuenta de la continua expansión de mi ciudad y como la mancha urbana se había prolongado absorbiendo nuevos espacios.

En virtud de los descrito es indudable señalar que diversas ciudades mexicanas han experimentado un gran crecimiento poblacional y territorial desde mediados del siglo XX, esta expansión ha alargado y ensanchado las dimensiones de los espacios urbanos y generado una presión no solo sobre los elementos humanos (viviendas, vialidades, alumbrado, empleos, parques, entre otros), sino también respecto a los recursos ambientales (agua, alimentos, flora, fauna, tierra, etcétera). Esta dinámica de expansión se ha generalizado en los espacio urbanos de todo el mundo y ha generado acalorados debates entre los especialistas académicos, los cuales se han posicionado, ya sea por mantener la expansión territorial o por contener el crecimiento, redensificando lo ya existente. Ambas posturas manifiestan aspectos interesantes y, por lo tanto, es importante señalarlos.

La ciudad difusa se caracteriza por extenderse a lo largo del territorio, absorbiendo los espacios circundantes. Es indudable mencionar que esta manifestación se encuentra asociada con el desarrollo de avances tecnológicos como el automóvil, la energía eléctrica y el teléfono, los cuales estimularon cambios y modificaciones en la infraestructura urbana como el asfalto en las calles, la colocación de postes, señales de tránsito, drenaje, canalización de ríos, la disposición de las aceras, entre otras.

El automóvil permitió a los personas dejar los centros de las ciudades para habitar en áreas periféricas, fomentado así la expansión; obviamente la incorporación de suelo nuevo a las urbes genera costos ya que se requiere invertir en la ampliación de servicios básicos como electricidad, alcantarillado, agua potable, servicio de limpia, transporte, entre otros. Asimismo, al hacerse más grande las ciudades se elevan los tiempos de traslados a los centros de trabajo o a los lugares de ocio y esparcimiento (parques, museos, áreas comerciales, cines, cafés, etcétera). Otra desventaja es el incremento de la congestión vehicular generada por los desplazamientos de habitantes de zonas periféricas, los cuales requieren de servicios y productos que solo se encuentran en zonas centrales, cuestión que intensifica los niveles de contaminación.

A pesar de lo anterior, se observa que el suelo en las áreas periféricas es económico y permite que las familias puedan acceder a terrenos más amplios para autoconstruir o a vivienda de bajo costo, condiciones que difícilmente encontrarían en espacios centrales.

Por otro lado, se encuentra la ciudad compacta la cual se caracteriza por concentrar las actividades humanas (ocio, trabajo y vivienda) en espacios geográficos relativamente reducidos. Dada la cercanía entre oferentes y demandantes de productos y servicios, factores como los tiempos de traslado, la congestión vehicular y la contaminación disminuyen significativamente.

En la ciudad compacta la planificación de los espacios y el desplazamiento de los habitantes es fundamental. Por ejemplo, se favorece el uso de transporte público el cual es eficiente e interconectado, permitiendo rápidamente a las personas moverse de un punto a otro, ya sea a sus centros de trabajo, a su vivienda o lugares de esparcimiento. Además, se privilegia al peatón con servicios y equipamientos urbanos que favorecen su movilidad, como ejemplo las aceras más amplias. Por otro lado, se reduce la ocupación de las calles para la motorización, desarrollándose vías para otro tipo de transporte como la bicicleta.

En la ciudad compacta se promueve la densificación del suelo, permitiendo el crecimiento vertical de las urbes [más edificios]. Sin embargo, este tipo de desarrollo requiere de adecuaciones en la infraestructura urbana para hacer frente al aumento de la demanda de servicios básicos como agua potable, alcantarillado y energía eléctrica. Además, requiere de diversas y amplias zonas verdes para parques y jardines donde se fomente la convivencia, la realización de actividades de ocio y el intercambio social.

Algunas de las críticas que se realizan al modelo de ciudad compacta es el problema del costo del suelo, el tamaño de la vivienda y la convivencia social en zonas densamente pobladas. En el primer caso, se ha observado una relación directa entre el precio de la vivienda y el acceso a infraestructura y servicios urbanos. Por ejemplo, los hogares con mayores ingresos pueden alcanzar los ideales de la ciudad compacta, comprando departamentos -por lo general pequeños- en grandes desarrollos inmobiliarios verticales que ofrecen cercanía a las amenidades, servicios urbanos eficientes y conectividad, aspectos que les son prohibitivos a la población con menores recursos económicos.


Si bien la idealización de la ciudad compacta es tentadora para todo planificador urbano, se debe profundizar en las desigualdades que fomenta, en especial entre las personas con sus recursos económicos diversos. De igual forma, ahondar en las problemáticas que genera la concentración de grandes cantidades de población en desarrollos inmobiliarios verticales, fundamentalmente en aspectos como la violencia familiar, la convivencia y la desconexión social.

A pesar de ser un debate que lleva presente algunas décadas, la investigación de ambos tipos de ciudades continúa. Tanto defensores como detractores ponen elementos en la mesa de la discusión que son importantes considerar. Sin embargo, en el caso mexicano debemos profundizar las ventajas y desventajas de mantener ciudades cada vez más extensas o concentrarnos en formar urbes compactas o, por último, crear un modelo híbrido que considere las dinámicas sociales y económicas que se presentan en el tejido urbano nacional.

 

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