Maquiavélico/ Bajo presión - LJA Aguascalientes
05/12/2021

Hay tareas insignificantes e inútiles con las que uno se compromete sin saber bien a bien por qué, esfuerzos que se hacen sabiendo que no darán frutos y que la satisfacción recibida será efímera, corregir las faltas de ortografía en los mensajes de redes sociales, por ejemplo; yo soy víctima de un puñado de esas actividades, durante años me he negado a usar la palabra implementar, insisto en colocar la tilde a sólo cuando es adverbio; indicar que, en español bizarro no significa lo mismo que en inglés; o bufar cuando alguien intenta descalificar las intenciones de otro, tildándolo de “maquiavélico”.

Se descalifica al otro al señalar que es maquiavélico porque se le señala de actuar con astucia y perfidia para conseguir sus propósitos, siempre malignos, porque entre todos los ejemplos que los diccionarios podrían colocar para indicar el uso correcto del adjetivo, siempre se eligen frases como esta “aparecía como un ser frío y maquiavélico, capaz de imaginar las mayores y más turbulentas venganzas y de ponerlas en práctica con eficacia”. El mal encarnado, así lo indican los diccionarios, así lo establece el uso de la mayoría, por eso considero inútil y petulante indicar que usar así maquiavélico muestra una lectura superficial de El Príncipe.

Con motivo del aniversario 400 de la muerte de Nicolás Maquiavelo, T.S. Eliot escribió un ensayo incluido en For Lancelot Andrewes. Essays on Style and Order, la lectura del poeta es simplemente fascinante, establece que Maquiavelo era un patriota y que la pasión patriótica era el motor de su mente, que en sus escritos “su concepción del Estado es una concepción vasta y generosa. Él es el consejero del Príncipe sólo porque le importa apasionadamente el bien de la república”, nada más lejano a los cínicos a los que se les adjudica un actuar maquiavélico.

En la actualidad, los mercadólogos de la política, los asesores de imagen y vendedores de encuestas, suelen justificar sus consejos al político inseguro con un proceder maquiavélico, inventan que su discurso tiene que ser más de forma que de fondo, que lo que atrae es lo disruptivo antes que el desarrollo de la historia, esos asesores que priorizan la fibra emocional a los hechos, a las obras, no son maquiavélicos, son rasputines, brujos que velan su ansia de poder con la mística del engaño.

Pienso en Maquiavelo y la lectura que hace T.S. Eliot ante el cambio de gobierno en el municipio de Aguascalientes, cuestionándome sobre las razones por las que me sorprendió que la ceremonia y el discurso del alcalde electo, Leonardo Montañez Castro, fueran sobrios y con contenido político, así me descubrí reconociendo que llevamos cinco años que desde la alcaldía sólo se nos ha ofrecido oropel y pasarela, la exageración de la promoción personal de una figura política antes que su idea y forma de gobierno. Sentí un poco de vergüenza, por conformarme con tan poco, por tener la noción de que la administración municipal puede ser mejor por el simple hecho de que un político estaba haciendo lo que está obligado a hacer, no lo que vende en las redes sociales o lo que arranca suspiros emotivos.

Quizá la tarea de intentar corregir el uso de “maquiavélico” no sea tan inútil, quizá esa es la tarea a la que estamos obligados desde los medios, a realizar una lectura profunda que no se deje cegar por el oropel y demande más hechos.

Coda. En ese mismo ensayo de T.S. Eliot, el poeta invita: “Cuando lo leemos por primera vez no recibimos la impresión ni de estar ante una gran alma ni ante un intelecto demoníaco, sino meramente ante un observador modesto y honesto que apunta los hechos como son y hace comentarios tan verdaderos que parecen planos. Sólo después de la lenta absorción y el impacto en la mente de los repetidos contrastes entre una honestidad así, y los engaños comunes, las deshonestidades y las tergiversaciones de la mente humana en general, se abre paso hacia nosotros la grandeza única de Maquiavelo”, quizá valdría la pena regresar a esos textos, leerlos una y otra vez, antes que comprarnos los consejos mercadológicos de los asesores políticos, rasputines antes que maquiavélicos.

@aldan


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Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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