Melodía a contrapunto (O la crítica de los criticones)/ El banquete de los pordioseros - LJA Aguascalientes
13/06/2024

Los salmones nadan a contra corriente y en la sociedad hay salmones que, por esta razón, difícilmente son aceptados, y nadan a contracorriente no por el simple gusto de llevar la contraria, -aunque por supuesto se dan algunos casos-, sino por ser fieles a una forma de pensar propia, por sujetarse a principios sólidos y, evidentemente, por resistirse a caminar dócilmente con el rebaño.

Son estos salmones que navegan a contracorriente los que con su nado provocan tremendas turbulencias que llegan a limpiar el fango y a sacudir la herrumbre de las ideas, finalmente las ideologías se oxidan, no necesariamente por el tiempo que tienen de existir, meses, años, décadas, siglos, milenios incluso, sino por la debilidad de sus fundamentos, hay ideologías que a pesar de su juventud ya huelen a podrido y su pestilencia ofende la inteligencia.

Por otro lado, si el nado a contracorriente de los salmones no logra limpiar la herrumbre y el moho, por lo menos sus cuestionamientos logran incomodar y en el mejor de los casos hacen reflexionar, claro, también enojar, pero el nado de los salmones, bajo ninguna circunstancia pasará desapercibido.

 ¿Sabes?, es difícil hablar de esto, seguramente debes estar pensando que me autoproclamo como un salmón, y no, no estoy tan seguro de eso, pero sí me gusta nada a contracorriente, aunque por supuesto, no creo que mi tendencia a nadar a contracorriente logre limpiar la herrumbre ni lo oxidado, pero por lo menos ejerzo mi derecho a cuestionar, prefiero eso que convertirme en un sometido porrista de cualquier acción. Tampoco me asumo como crítico, o quizás lo sea en el sentido de que siempre he pensado que el crítico, en este caso concreto, crítico de música, no es más que un músico frustrado, en ese sentido, quizás sí, puedo ser entonces un crítico. El escritor irlandés Oscar Wilde decía, dentro de sus múltiples sentencias llenas de sarcasmo, pero siempre puntuales, que: “lo único que el artista no puede ver es lo obvio, y lo único que el pueblo puede ver es lo evidente, el resultado es el juicio crítico del artista”.

Lo que realmente me mueve a escribir y compartir contigo las presentes líneas es que independientemente de que yo sea o no un crítico, ese es otro asunto, siempre se tiene un punto de vista, generalmente crítico, que se quiere, o incluso se siente la necesidad de compartir. Si me conoces un poco, sabrás muy bien cuáles son mis preferencias musicales, pero además de mis preferencias, estarás enterado también de qué es lo que desprecio con toda mi pasión, vamos, ni siquiera creo tener necesidad de repetirlo.

Fíjate que muy frecuentemente, cuando externo mi punto de vista sobre ciertos géneros musicales, -aunque en realidad me resisto a llamarles música, en todo caso es ruido, un sonidero sin misericordia-, terminó por ser un irrespetuoso, intolerante. Yo me pregunto entonces si decir públicamente que algo no te gusta, incluso calificarlo de basura, ¿es una falta de respeto? Entiendo que hay que llamarles a las cosas por su nombre, y como ya dije líneas arriba, no me considero un porrista de nada y menos tengo por qué aceptar como música lo que de verdad es basura, y decir que es basura no es una falta de respeto, es sólo un adjetivo calificativo. Claro, hay razones justificadas para llamar así al reggaetón, o como sea que se escriba esa perversidad auditiva, o la banda, que incluso llamarles basura es darles cierta dignidad. Sí, ya sé que estarás pensando en que soy un irrespetuoso, pero en realidad solo ejerzo responsablemente un punto de vista crítico.

No es el objetivo de las presentes líneas hablar de ese sonidero, bazofia maloliente, esos relucientes bodrios que critico con tanta convicción y pasión, sino dedicar el espacio a los que gustan de criticar a los que criticamos.

Tengo claro que cuando se ejerce una función crítica en contra de estas tendencias presuntamente musicales que ya he mencionado líneas arriba, sobre todo aquellas que están de moda y cuya fecha de caducidad está siempre próxima, nos convertimos irremediablemente en irrespetuosos, se me viene a la mente los movimientos feministas, abortistas, LGBT que se desgañitan exigiendo respeto, que por supuesto lo tienen, pero no están dispuestos a respetar. Y mucho menos a ser tolerantes con un punto de vista diferente. Así me sucede con una frecuencia asombrosa, que cada vez que externo un punto de vista sobre el tema en cuestión se me tacha de irrespetuoso e intolerante. De ser así, ¿en dónde queda el ejercicio crítico? ¿En qué lugar colocamos el análisis crítico y la diversidad de opiniones? Mira no quiero que se me malinterprete, no me ubico en el mismo contexto intelectual de Nietzsche o Wilde, lejos de eso, estaría loco si lo pretendiera, pero los menciono porque los considero dos de los espíritus críticos más intensos e inteligentes en el siglo XIX, Nietzsche con su abismal profundidad de pensamiento y Oscar Wilde con su delicioso sarcasmo que le es tan característico y una inteligencia fina y punzante, me pregunto, ¿entonces estas voces críticas, puntuales, sarcásticas, desalmadas incluso, cuya ironía es un verdadero placer, deben ser consideradas irrespetuosas por no aceptar una tendencia masiva en cualquier aspecto de la vida humana? Pues si así están las cosas, me congratulo de ser un irrespetuoso intolerante, prefiero ser la crítica de los criticones, que estar cómodamente instalado en el rebaño dócil y sometido. Que así sea. 

 



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