Pajaritos/ Bajo presión - LJA Aguascalientes
05/12/2021

Roberto Carlos compuso una canción en la que fácilmente se puede identificar a la mediocre clase política de Aguascalientes, en la pieza “Yo sólo quiero (un millón de amigos)” declara que quiere un coro de pajaritos para “así más fuerte poder cantar”, es decir, para que cuando sea necesario demostrar músculo, presumir base social, lo que sea que justifique las aspiraciones a un cargo, el político pueda presumir que cuenta con un montón de loritos que repiten las bondades y cualidades del aspirante.

Francisco Chávez Rangel, extitular del Instituto de Educación de Aguascalientes y alguna vez candidato a la presidencia municipal de Aguascalientes por el PRI, se distinguía por querer tener un millón de cuates, por sus maneras afables, confianzudas, con que llamaba a todos sus amigos y repartía bendiciones, siempre una palabra amable de sus labios, amabilidad que exageraba en lambisconería ante sus superiores.

Como director editorial, a los posibles colaboradores que me solicitan un espacio en LJA.MX siempre les dedico tiempo y una lectura atenta a sus textos antes de publicarlos, con el propósito de mantener este medio como la mejor opción para el debate y la formación del lector a través de una sólida sección de columnistas; cuando recibí el texto de Salvador Camacho Sandoval, “Corrupción, impunidad y cinismo: el caso Paco Chávez” no dudé en agradecerle la confianza para con este medio y publicarlo de inmediato, no sólo por la oportunidad (como titular del IEA, Chávez Rangel obtuvo sentencia condenatoria por la contratación de servicios profesionales, a sabiendas que no se cumplirían los términos de los contratos celebrados), sino porque en el retrato que lograba de ese funcionario público se describía una de las características que mediocre a la clase política de Aguascalientes: la complicidad.

Salvador Camacho narra cómo Francisco Chávez intentaba ocultar su irresponsabilidad y negligencia mediante la simpatía con sus pares y la lambisconería con sus superiores, la adulación llevó a este funcionario a que el exgobernador Carlos Lozano de la Torre lo impusiera como candidato del PRI a la presidencia municipal de Aguascalientes, tras leer el artículo citado, se entiende que en agradecimiento a que siempre se mostró servil con los deseos de Blanca Rivera Río, en ese entonces titular del DIF Estatal y esposa del gobernador.

Señala Camacho Sandoval en su texto que “Hay muchos ejemplos y muchas personas que pueden hablar de la irresponsabilidad del entonces director del IEA”, cita un puñado de casos y remata ese párrafo indicando “… En fin, la lista es larga y mis excompañeros de las otras direcciones tendrán mucho que decir”, y sí, durante el tiempo que Francisco Chávez fue cobijado por Lozano de la Torre era un secreto a voces la ineptitud de este servidor público, pero ese es el problema de la mediocridad de nuestra clase política, la complicidad del silencio, con el pretexto de que en Aguascalientes son “gente buena” y el territorio es tan pequeño que todos nos conocemos, nadie dice nada sobre los actos de corrupción que se desarrollan desde las administraciones municipales, estatales y el Congreso del Estado.

Cuando finalmente la justicia se cumple y sentencia a un funcionario, nunca falta el comentario de que ya lo sabían o que el delincuente hizo cosas peores, como en la canción de Angélica María, antes de que tus labios confirmaran la corrupción, “ya lo sabía, ya lo sabía”, pero nadie denuncia, sólo se acusan, viven felices en los círculos de la complicidad del silencio, porque “como todos lo hacen”, al final, la riqueza mal generada los puede salpicar, o en su momento, cuando sean descubiertos en una falta, pueden confiar en que los otros no dirán nada.

Regidores que roban a sus empleados reteniéndoles las tarjetas; funcionarios que mandan bolsas con miles de pesos a conductores de radio; candidatos que untan la mano de reporteros con la limosna de 500 pesos por entrevista cómoda; legisladores que desvían millones de pesos por instrucciones de la jefa de su grupo político; golpeadores de mujeres que chantajean por WhatsApp… ejemplos sobran, se festejan toda ocurrencia en público, se palmean la espalda a la vista de todos y, por debajo del agua, presumen todo lo que saben de las raterías de los otros, pero que guardan para el momento indicado, es decir cuando puedan encontrar un beneficio personal en señalar a un corrupto.

Sé que no voy a hacer muchos amigos por reiterar que la clase política en Aguascalientes es de una mediocridad vergonzante, ni modo, prefiero eso a formar parte del coro de pajaritos de personajes como Luis Armando Reynoso Femat o Francisco Chávez Rangel.

Coda. Al final de Amadeus, la película de Milos Forman, Antonio Salieri recorre en silla de ruedas un manicomio, después de confesarse como quien provocó la muerte de Mozart, el compositor italiano reparte bendiciones y les dice a los enfermos mentales: Mediocres, mediocres por todas partes, los absuelvo, los absuelvo, yo los absuelvo. No, para Aguascalientes no habrá un Saliere que reparta esa bendición a la clase política local.

@aldan



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Edilberto Aldán

Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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