Ayudar a las mujeres privadas de su libertad, el trabajo que nadie quiere hacer - LJA Aguascalientes
23/05/2022

  • Vidas en custodia: El castigo carcelario y su extensión a la familia
  • Mujeres unidas x la libertad es una organización que lucha contra el estigma, el abandono y la dignificación de las mujeres encarceladas

  

El libro Vidas en custodia: El castigo carcelario y su extensión a la familia, contiene narraciones de mujeres que fueron privadas de su libertad y que ahora participan en la defensa y promoción de los derechos humanos de este grupo vulnerable en México, a través de la organización Mujeres unidas x la libertad. Este proyecto documenta el impacto que tuvo la pandemia en personas encarceladas y sus familias, y recopila en entrevistas, la voz de las mujeres que son violentadas por el sistema penitenciario, así como sus costos en la vida de todos los involucrados, físicos, emocionales y económicos. Es a la vez, una invitación para repensar el punitivismo carcelario, la prisión preventiva oficiosa, así como un sistema de valores que confunde castigo con justicia. 

Leer a estas mujeres permitirá observar los miles de casos de prisión sin sentencia, el ejercicio de la maternidad desde la cárcel, el estigma, el repudio, el machismo y la violencia que padecen a diario. Es conocer la espera de una carta que dé cuenta de que la vida “allá afuera” existe sin ellas, en la añoranza y la necesidad, como se detalla en Cartas, el oxígeno del encierro, de Viridiana Molina, que entre líneas expone que no hubo protocolos covid entre la población penitenciaria, que el encierro se amplió no sólo a la cárcel, sino en los módulos, adheridas a una cama y a sus pensamientos, como medida preventiva contra el virus. En Atrapadas en una nueva prisión, de Beatriz Maldonado, detalla quiénes son los que visitan a las mujeres, la urgencia para cubrir necesidades básicas, insumos para el trabajo, para la vida diaria en prisión, ropa, calcetines, calzones, toallas sanitarias; cuenta el enclaustramiento en los módulos para no mezclar a la población penitenciaria y evitar el contagio; narra la fila larguísima para hacer una llamada al exterior a través de un teléfono comunitario e insiste en la vulnerabilidad de las familias. 

Vidas perdidas por una justicia invisible, de Guadalupe del Carmen Jiménez Pérez, detalla la angustia, la desesperación e incertidumbre cuando cambia la vida de una persona de un momento a otro al entrar a prisión, el llanto, el miedo y la soledad, la fortaleza que surge de quién sabe dónde para mantenerse en pie. Ultrajante justicia, de La Boussole, deja ver por completo el fallido sistema de reinserción. 

Porque ya no basta conocer el contexto de la población penitenciaria, sino comprenderlo, aseguran estas mujeres, hacer un cambio en la narrativa para atender los miles de casos de las personas que están privadas de su libertad, entender que antes que delincuentes o criminales se trata de persona que han perdido sus derechos, se trata de cambiar “nuestra” (la de los libres), mirada de los “otros” (los encarcelados); es pensar la otredad pero sin continuar con la criminalización de sus vidas. 

Ante la urgente necesidad de eliminar los estigmas y de reapropiarse de ellos, es que se juntaron estas mujeres a contar sus historias y las de sus compañeras que todavía están en prisión, una que las aprisiona a partir de la raza, la clase y el género. 

Vidas en custodia: El castigo carcelario y su extensión a la familia, fue presentado por sus protagonistas, las activistas Bety Maldonado, Lupita Jiménez y Viridiana Molina, junto con las coordinadoras del proyecto, Catalina Pérez Correa y Alejandra Opina-Escobar, de CIDE-PPD, en equipo con Equis; Justicia para las mujeres. 

Durante la presentación del libro, demandaron justicia para ellas y para los que acompañan y siguen en prisión, demandaron al Estado mexicano las garantías de sus derechos humanos, así como el abandono que padecen de las organizaciones en favor de los derechos de las mujeres. Qué mejor que atender su llamado:

 


Guadalupe del Carmen Jiménez Pérez: “A las feministas se les olvida las mujeres en prisión. Tienes toda la razón, me dicen, se nos olvidó voltear a verlas. Ahora que nos conocen, que ya saben quiénes somos, y de las necesidades de las familias, es que pocas se han acercado, pero no pasa de ahí, del “a qué te ayudo”. Nosotras hemos alzado la voz con lo que tenemos, con nuestro propio dolor, con lo que nosotras pasamos, esa ha sido nuestra fortaleza para decir que estamos muy arriba para defender los derechos humanos de las mujeres y dignificarlas dentro de la prisión. Nos invitan a las marchas y nosotras no vamos, cuando comienzan los destrozos… imagínate que nos lleguen a agarrar a nosotras, nos van a decir “¿ya ven?, son unas criminales, por eso merecen la prisión”, y nosotras hacemos nuestras propias manifestaciones pacíficas y sí hemos logrado algo, que la Comisión Nacional de Derechos Humanos emitiera la recomendación 362021 sobre la gestión menstrual dentro del sistema penitenciario en lo nacional, porque las mujeres en prisión ni siquiera tenían una toalla para su período menstrual. Sí nos ha funcionado, estamos haciendo la campaña No más tortura, porque a las mujeres más nos han arrancado una confesión de culpabilidad, porque les han quemado los senos, los pies, sus partes íntimas. Nosotras nos coordinamos y recibimos respuestas, estamos entregando expedientes de delitos de alto impacto para que sean revisados. Creo que vamos avanzando en este activismo, nosotras les exigimos, nos amparamos. Las mismas feministas nos dicen, tienen toda la razón, se nos han olvidado las mujeres en prisión, las desaparecidas. Yo creo que podemos trabajar juntas, estas mujeres también son parte de nuestro país. 

Beatriz Maldonado: Nosotras empezamos todo esto no por los grupos feministas, hay muchas manifestaciones pero se enfocan a otras cosas. Sí se puede lograr un trabajo que dé un resultado, trabajo más en campo. Yo entro como visita a los centros de reclusión, trabajo con hombres y mujeres, entro a las prisiones a darles de comer, a hacer una especie de oficina y les digo que me traigan sus escritos a los que no tienen visitas, sobre un amparo, una revisión, para Gobernación, lo que necesiten y a donde haya que llevarlos, hay quienes tienen para pagar unas copias, otros no, nosotras se las pagamos, los pasajes y el tiempo. Todo ese trabajo que nadie quiere hacer. Hemos logrado que más de 20 personas salieran, esas mismas personas fortalecen el grupo una vez afuera, nos devuelven el favor apoyándonos en donde más lo necesitamos, para mí eso es importante, es una cadena, generamos trabajo que tal vez no se visibiliza como tal, pero esas personas al rato van a dar el salto y eso es lo que a mí me importa, no proveerles al salir, el Estado no lo va a hacer, si en lugar de eso, lograr un trabajo, que diga el Estado: ese trabajo [de reinserción] nosotros no lo hacemos… se van a tener que fijar en algún momento. Ha sido mucho trabajo nuestro, de nadie más. 

 

Para conocer más, descarga el libro en: https://www.politicadedrogas.org/site/investigacion/id/134.html


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Tania Magallanes
Tania Magallanes

Jefa de Redacción de LJA. Arma su columna Tres guineas. Fervorosa de lo mundano. Feminista.

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