Barrer/Bajo presión - LJA Aguascalientes
21/01/2022

Después de dos años de una pandemia que ha matado a más de 5 millones de personas, de meses y meses terribles de confinamiento, tras la catástrofe que provocó en la economía mundial el covid-19, en medio del caos, seguimos pensando en los mismos términos que antes de este desastre, que el mundo, que nosotros, podremos seguir siendo los mismos, actuando de la misma manera para avanzar. Ante la aparición de las diversas variantes del SARS-CoV-2, más allá de las críticas que se pueden hacer a las autoridades por sus llamados a la calma o la negligencia con que dicen que no ocurre nada, lo que al final del día queda es la pregunta de cómo vamos a terminar con la pandemia, como si fuera tan simple como dar vuelta a la hoja.

Para dimensionar la magnitud del desastre ni siquiera hace falta hacer referencia a los datos internacionales, tampoco el análisis profundo de los cambios geopolíticos producto del virus, para reconocer que ya no podremos ser los mismos basta mirar la forma en que nuestras relaciones más íntimas se han trastornado; la distancia con los seres que amas, la preparación para salir a la calle, las dudas ante el simple hecho de asistir a los centros de trabajo o entretenimiento, la forma en que nos comunicamos con el otro… Señales de que hemos sufrido un cambio irreversible.

Es posible que pensar en cómo terminamos con “esto” se base en la íntima esperanza de las ficciones que hemos leído o visto, los miles de finales felices con que se anuncia el éxito de la humanidad ante la adversidad, sin considerar que al cierre de una época, al dejar atrás una desgracia, modificamos nuestro pensamiento por las marcas que deja en nosotros el hecho trágico. Las variaciones del virus nos indican que no se podrá pasar la hoja tan fácilmente, señalan que esto tomará más tiempo del que nunca imaginamos, aun así, mantenemos el pensamiento mágico de que la solución vendrá de alguien superior, que cuando se nos entregue esa guía al desenlace será similar a cambiarse de ropa y dejar atrás el bulto.

La resolución a esta catástrofe no será mágica, no será fácil, sobre todo, no será externa, debe implicar un cambio razonado de quiénes y cómo estamos en el mundo, no para el día de mañana, no para el largo plazo, asumir los cambios para el presente como la única forma de transitar hacia el futuro, ¿qué nos hace falta para modificar nuestras prácticas, la forma en que pensamos una solución?

No hay respuestas sencillas ni simples, pero todas comienzan en el círculo íntimo.

Coda. Ante las demandas de la comunidad académica del CIDE, el reclamo de los estudiantes por la imposición de José Antonio Romero Tellaeche como director general de ese centro, el presidente Andrés Manuel López Obrador revira acusando al CIDE de haberse derechizado y que esa institución no estuvo “a la altura de las circunstancias frente al saqueo más grande que se ha cometido en la historia de México”. Me parece pertinente regresar la pregunta, ¿qué está haciendo el presidente ante ese saqueo?, si la administración de Enrique Peña Nieto se distinguió por la corrupción, ¿qué hace López Obrador para estar a la altura?… Nada, el presidente también se ha derechizado entonces, porque no basta con decir que hay que barrer las escaleras, es necesario mover la escoba.

@aldan


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Edilberto Aldán
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Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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