Conmemorar/ Bajo presión - LJA Aguascalientes
22/01/2022

Otro 25 de noviembre, otras 24 horas para conmemorar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, un día para que las instituciones intenten por todos los medios generar empatía con la causa colocando listones naranjas en las solapas de sus funcionarios, pintando de ese color las fachadas de los edificios públicos, organizando mesas redondas donde, en el mejor de los casos, se recuerda la historia de la activista dominicana Minerva Mirabal y sus hermanas, Patria y María Teresa, asesinadas en 1960 por la dictadura de Trujillo; otra jornada para que las mujeres organizadas salgan a tomar las calles y reclamar, acompañadas de los parásitos que violentan toda manifestación, un día más.

Al día siguiente las luces que iluminan la fachada del edificio público cambiarán de color, motivos navideños quizá; los conferencistas que hicieron su agosto hablando de empoderamiento o brindando clases de manicure y corte en confección, ya estarán preparando otra presentación por la cual cobrar; los activistas oportunistas se darán un respiro para después actualizar los datos sobre feminicidio, deshumanizando la tragedia al reducirla a números.

Los medios, por supuesto, pasarán a otra cosa. Este 25, una agencia informativa difunde una nota con el siguiente título: “En pleno 25N, una niña presencia el asesinato de su madre en Mexicali” y relata que mientras se conmemoraba el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, una mujer de 31 años fue asesinada a golpes en presencia de su hija; porque lo grave del asunto es que haya sido asesinada precisamente este día que se conmemora la eliminación de la violencia contra las mujeres; al día siguiente esa información ni siquiera tendría espacio porque no existe el gancho que la haga interesante, como si el hecho noticioso fuera la “coincidencia” del crimen con una efeméride.

En el afán de hacerse escuchar, las víctimas no van a dejar pasar una sola ocasión para intentar cambiar su realidad, ante esta necesidad, el sistema les ha devuelto un plazo para expongan sus demandas, la tragedia cotidiana se enmarca en una fecha para volverla excepcional y regalarles un poco de atención, un estado de excepción con el que se intenta confundir la deferencia con las acciones para verdaderamente erradicar la violencia.

Al día siguiente, los listones naranjas, junto con los discursos empáticos, están en el bote de la basura y las víctimas siguen sufriendo las consecuencias de que transformemos el mal en algo excepcional, la conmemoración de la efeméride termina anulando el sentido de la protesta, pero sobre todo, brinda a las autoridades la oportunidad de perder el tiempo en actos simbólicos que nada cambian.

Conmemorar funciona para rendir homenaje a un acontecimiento, pero si sólo se recuerda y no se compara, si no se establece en dónde queremos estar, sólo alimentamos la nostalgia, como si el pasado en verdad fuera un lugar mejor y no el origen de nuestro futuro.

Coda. En Lo infraordinario, Georges Perec indica “Lo que tenemos que cuestionar son los ladrillos, el hormigón, el vidrio, nuestros modales en la mesa, nuestros utensilios, nuestras herramientas, la forma en que gastamos nuestro tiempo, nuestros ritmos. Cuestionar lo que parece haber dejado de asombrarnos para siempre. Vivimos, es verdad, respiramos, es verdad; caminamos, bajamos las escaleras, nos sentamos en una mesa para comer, nos acostamos en una cama para dormir. ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué? Describe tu calle. Describe otra. Compara”… Compara, pregunta, cuestiona, no conmemores.

@aldan


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Edilberto Aldán
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Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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