Populismo mexicano revisitado/ Opciones y decisiones  - LJA Aguascalientes
01/10/2022

Sin demérito alguno del tema que estoy por abordar en estas líneas, inicio con la apertura de mi más sentido In memoriam del conocido periodista aguascalentense, Matías Lozano, autor de la acreditada columna Cortando por Lozano, cuyo autor fuera presentado como Editor en Jefe del nuevo medio digital, “sexenio.com.mx/aguascalientes”, siendo el 24 de junio de 2013, en que el Sr. Jorge Cosqa, Consejero el Grupo Sexenio Comunicaciones abría para la sociedad aguascalentense este nuevo periódico digital. Para esas fechas yo estaba por concluir mi participación en la coordinación de asesores de la Presidencia Municipal de Aguascalientes, oficio que me permitía tener encuentros frecuentes con este infatigable y memorioso informador, aunque sólo constaran de un simple “¡Hola, Matías!”/”¡Hola, Paco Chávez!”, como amistoso reconocimiento de nuestros respectivos papeles. Su asidua presencia en la Plaza Patria, frente a los palacios, lo convertía en testigo presencial del nutrido tránsito de personajes, funcionarios públicos y notables ciudadanos que allí deambulaban y a quienes en su oportunidad, abordaba por algún comentario. Queda grabada en mi memoria su abarcante y fina mirada de halcón, capaz de identificar al vuelo a la persona de su interés, para hacerse el encontradizo con ella. Adiós, maestro, aunque sólo nos separaba un año de edad, en tu ascenso al cielo claro de tu patria chica.

Y como suele decirse: ¡Al toro! Hay episodios en que la historia nos suelta bureles a cual más tempestuosos e intempestivos, como es el caso de los que suelen salir a bruscos reparos desde Palacio Nacional. La reseña y notas puntuales alusivas repiquetean prácticamente de todos los medios de información y redes digitales a diario, en que se boletinan desde nombramientos relevantes como el de la gubernatura al Banco de México, el relevo de rector –cargado de tinte intervencionista- en el CIDE e invectivas morenitas contra el INE, como el mensaje público de adhesión a la figura presidencial de parte del Secretario de la Defensa, como el mensaje del titular del Ejecutivo en la Casa Blanca de Washington, en convocatoria a la unidad continental de América del Norte y en relanzamiento laboral del Tratado Trilateral Canadá, Estados Unidos y México; y como la reunión del gabinete de Seguridad Pública en Zacatecas que preside AMLO, en el contexto de la virulenta violencia armada e incidencia de muertes. Todo este tropel en estampida de furibundas cornamentas, amerita una pausa de reflexión y ponderado análisis.

Para ello, creo oportuno retomar los apuntes de un excepcional ensayo socio-político: “Poder y Política en América Latina“, (Compilación de Teresa Castro Escudero, Lucio Oliver Costilla, coordinadores. Siglo xxi editores, S.A. de C.V., 2005, 1ª edición), emprendido por un grupo de entusiastas catedráticos de origen y nivel internacional, que se fijaron como meta “revisitar” el Estado Latinoamericano, con el propósito de consensuar los rasgos característicos que muestran los alcances o “the state of the art” del análisis histórico y político de América Latina, para desenmarañar esta multiversa y polifacética materia.

Proyecto en el que, destaca como punto central, el interpretar y entender la función del Estado –como representante universal y superior de una nación-, en cuya hipótesis principal trata de demostrar que el role central del estado consistiría en comportarse no tan solo como un factor endógeno al tipo y forma de sociedad latinoamericana, sino que también, asumirse a sí mismo como la mediación necesaria para ejercer el proyecto hegemónico mundializado. Es decir, asumir que en este camino de la globalización planetaria, el estado nacional desempeña un papel subsidiario respecto del ejercicio de los países centrales, en tanto que son las entidades dirigentes del capitalismo neoliberal –tal como se desarrolla en su fase contemporánea-.

Dicho role –paradójico a todas luces- constituye el dilema central con que se topa el estado nacional en el presente histórico y que ha venido tomando cuerpo, en primer término, en ocasión de la coyuntura en que ocurre la crisis económica mundializada, que detona en el ominoso “septiembre negro” de 2008. Un fenómeno internacional de quiebra y derrumbe financiero con repercusiones a nivel mundial que mostró el agotamiento del estado nacional latinoamericano –en general tercermundista- que viene a ser tomado como un modelo funcional que ha permitido a los países centrales profundizar y hacer practicable la cooptación simple y llana de los países capitalistas dependientes, específicamente de América Latina.

De acuerdo con el enfoque de los autores de este ensayo, después de experimentar diversos diseños de gobierno –que incluyeron gobiernos militares dictatoriales- desde el Cono Sur, al Pacto Andino, a Centroamérica y El Caribe, va quedando claramente delineado un perfil aplicable a los estados latinoamericanos. De modo que para los estados nacionales, ya procesando su última fase, habrá de transitar desde aquel diseño de país como estado capitalista dependiente -que surge durante las décadas inter-milenio, última y primera del año 2000, para luego –según el análisis del ensayo referido- conformar el nuevo Estado Desarrollista Burgués. Entiéndase éste como el esquema de factura mundializada, que ha estado caracterizado por servir como mediación desde la periferia capitalista, para con los países centrales del Capital hegemónico, así mundializado. Y cuya principales características vamos a describir:

  1. El establecimiento de Gobiernos presidencialistas, con un tinte “civilista”, pero que al fin y al cabo  son funcionales al centro de dominación hegemónica; y su role se ordena a garantizar el subsidio al Capital Trasnacional, valiéndose para ello internamente a cada país, de su propia élite capitalista local;
  2. Estos gobiernos “desarrollistas” funcionan cínicamente como representantes del interés nacional, pero que en realidad quedan supeditados, verdaderamente, al PROTECCIONISMO central hegemónico. Para cumplimiento de tal objetivo, es decir la rentabilidad del capital trasnacional, esa su “inversión extranjera” viene a instalarse en dichos países periféricos, como ave de paso, y en estricto sentido para revalorarse mediante la apropiación de la plusvalía, que es sistemáticamente extraída desde la fuerza de trabajo nacional.  
  3. El Capital, por definición, no tiene patria y por tanto debe operar “sin fronteras”; induciendo para ello al interior de los países dependientes (entiéndase, ahora, desarrollistas), auténticamente, una “economía de casino”, es decir, abiertamente especulativa, ya que obliga a fuertes inversiones de alto riesgo, en que somete los precios de las materias primas al “libre” juego del mercado mundial, por un lado; y por otro lado, está función resalta aún más en los precios del petróleo, bajo cuya rectoría se rigen las economías locales enteras.

De manera que, visto desde la hegemonía global del Capital, la función esencial de nuestros gobiernos desarrollistas consiste en garantizar el mencionado subsidio al Capital Trasnacional, ya que una vez cosificado –bajo la forma de capital de inversión- en infraestructura industrial y para el desarrollo, se le regresa al tesoro central un generosísimo subsidio financiero, repatriado, que fuese generado bajo los auspicios de la increíble destreza, docilidad y colaboración de las propias élites capitalistas locales.

Es importante reconocer que este lenguaje analítico proviene de un tipo de análisis enfáticamente histórico marxista, y mejor dicho de matriz “marxiana” (al estilo de Ángel Palerm Vich, fundador de una de las principales escuelas de Antropología Social de México), es decir aquel que intenta ir más allá de una ideología marxista doctrinaria y por ello dogmática. Obedece, en sentido estricto, a una lectura histórico-dialéctica de lo que Marx intentó como una lectura científica tanto de la naturaleza como de las fases históricas que ha ido desarrollando el Capital; para mayor claridad, en el tiempo de este estudio de referencia, observamos el ascenso del “capital monopólico” (las trasnacionales) en su fase más avanzada, que ahora conocemos como “globalización económica”. Contexto que hoy se problematiza aún más por la incidencia de gobiernos “populistas” que hoy proliferan en América Latina y aun en los Estados Unidos. De éstos México cuenta con ostensible representante.

De estas impresionantes hipótesis interpretativas, podemos inferir algunas preguntas verdaderamente útiles y aun sorprendentes: Primera, ¿Cómo puede el gobierno de la 4ª Transformación del presidente Andrés Manuel López Obrador, ser al mismo tiempo obsequioso con el esquema trilateral de América del Norte, y antagónico del empresariado nacional y de sus llamados adversarios “neoliberales” (científicos, académicos, intelectuales, periodistas, clases medias) y cualquiera que ose contravenir su discurso dominante y autoritario? 


Segunda, ¿Cómo puede justificar AMLO la dualidad que profundiza en una sistemática polarización del país, para instalar una dicotomía (adherentes o adversarios de la 4T) maniquea, que instrumenta en la sistemática de-strucción de las instituciones públicas y privadas, emanadas de procesos democráticos –acreditados en la historia- y eminentemente de la sociedad civil, que son la mediación necesaria para garantizar el desarrollismo inherente al servicio del subsidio al Capital Central?

En el acto de respuesta a estas dos preguntas, salta a la vista la contradicción flagrante del discurso lopezobradorista. Por un lado, Su actitud obsequiosa y consensual a la integración económica y de políticas estratégicas continentales de América del Norte, repugna con su displicencia hacia los “gobiernos neoliberales” que lo precedieron, a los que objeta como inmoralmente culpables por su falta de protección del pueblo; y por otro lado, por su connivencia con “la oligarquía rapaz” a la que colmaron de beneficios y prebendas desde el Erario público. A los que se suman los “intelectuales orgánicos” de dichos gobiernos, quienes ya sea por voz activa o por silencio cómplice –pasivo-, justificaron su role histórico depredador del país. Y, con todo, merecieron un TLCAN.  

Por otro lado, su abierta e intencional separación de la IP –al menos la fracción mayoritaria no integrada a su proyecto económico-financiero-, que es el grupo del capital doméstico dominante en el país, cabe el cual descansa la generación de la riqueza (entiéndase plusvalía) que ha de ser en su momento re-patriada a los respectivos países centrales del Capital. En ambos casos priva un principio contradictorio fundamental, y según este principio, un estado no puede ser y no ser “desarrollista burgués”, al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto; so pena de negar su role central de “estado nacional” en un esquema de servicio al Capital Hegemónico, que hoy por hoy es el sistema mundializado, viviente y actuante. De modo que, el objetivo transformacional de 4º grado que es Morena, pertenece al orden estrictamente Administrativo del capitalismo emergente, que no al orden global de naturaleza que emana del Capital Dirigente, forma de Estado, de los países centrales, del mundo como hoy está configurado.

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