La “diplomacia del heavy-metal”/ Taktika  - LJA Aguascalientes
28/05/2022

Sochi, Federación Rusa. 7 de diciembre de 2021. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, fija sus cerúleos y fríos ojos en su contraparte estadounidense, Joe Biden, y dice: “Saludos, señor Presidente”. El mandatario norteamericano esboza una tímida sonrisa y responde así: “Hola, me alegro de verte de nuevo. Lamentablemente, la última vez no pudimos vernos en el G-20. Espero que la próxima vez que nos veamos lo hagamos en persona”.

A continuación, Biden toca un tema espinoso, pero toral: Ucrania. Para los estadounidenses, la reciente concentración de fuerzas rusas en la frontera con Ucrania es el aviso de una invasión. Por lo tanto, Biden reitera su apoyo a la soberanía e integridad territorial de Ucrania.

La imagen arriba descrita sirve como prólogo al presente artículo, el cual pretende explicar qué es la “diplomacia del heavy-metal”, la cual se ha convertido en el sello distintivo de la política exterior de Vladimir Putin.

Primero un poco de historia: en noviembre de 1989, cayó el muro de Berlín, símbolo de la Europa dividida. Este evento provocó el derrumbe del imperio soviético en el núcleo de Europa y, desde el punto de vista ruso, el inicio de una serie de engaños y humillaciones para la otrora superpotencia: en febrero de 1990, cuando se negociaba la reunificación de Alemania, el secretario de Estado de los Estados Unidos, James Baker, prometió al entonces líder soviético, Mijaíl Gorbachov, que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no se expandiría “ni una pulgada” hacia las fronteras de la Rusia soviética.

Gorbachov, ya fuera por candidez o por penuria, creyó en las garantías de los estadounidenses y dio su visto bueno para la reunificación de Alemania, acontecimiento que ocurrió el 3 de octubre de 1990. Sin embargo, la Unión Americana incumplió su compromiso y expandió la membresía de la OTAN hasta llegar a los límites de Rusia.

El otro evento que recuerda a Rusia este periodo de tretas e ignominias a manos de sus rivales estadounidenses es el bombardeo de Yugoslavia, en la primavera de 1999. Para Moscú, “cada misil dirigido contra Yugoslavia era un ataque indirecto contra Rusia”. Por lo tanto, desde la óptica rusa, los norteamericanos aprovecharon la ocasión para “colocar las bases del mundo unipolar”.

El oprobio para Rusia terminó hasta que, en diciembre de 1999, Vladimir Putin se convirtió en presidente de la Federación Rusa. A partir de entonces, y gracias a los altos precios de los hidrocarburos, Rusia implementó una política exterior cada vez más asertiva –agresiva dirían algunos- en su periferia: Georgia, en 2008, la anexión de Crimea, en 2014, y la intervención encubierta en el este de Ucrania son prueba de lo anterior.

A continuación, en el verano de 2015, el régimen de Bachar al-Assad, se encontraba al borde de la derrota. El genio de la geopolítica moderna, Vladimir Putin, fue persuadido por el general de la Guardia Revolucionaria iraní, Qasem Soleimani, de que sólo una acción conjunta de Irán y Rusia podría salvar a al-Assad. Entonces, Rusia comenzó una ofensiva aérea y envío a centenas de fuerzas especiales a reforzar a sus aliados iraníes y sirios. De esta manera, cambió la marea de la guerra en Siria.

Las acciones bélicas de la Federación Rusia en Georgia, Crimea, el oriente de Ucrania y Siria motivaron al académico británico, Mark Galeotti, egresado de Cambridge y la London School of Economics, a decir que esta experiencia bélica, aunada a las “amenazas de la acción militar, los juegos de guerra que simulan tales operaciones, el despliegue de unidades de combate de tal manera que envían un mensaje político y las incursiones cerca de y dentro del espacio aéreo, marítimo e, incluso territorial de Europa”, era la “diplomacia del heavy-metal”.


Ahora bien, la concentración de 175 mil efectivos militares rusos en la frontera con Ucrania permite presuponer que “la guerra de verdad empezará súbitamente”. Porque este despliegue bélico, ejemplo fehaciente de la “diplomacia del heavy-metal”, tiene por objetivo mostrar que Moscú tiene un plan para invadir Ucrania y cambiar los hechos sobre el terreno

El escribano concluye: el conflicto bélico podría estallar a finales de enero o febrero de 2022. Es decir, antes o después de los Juegos Olímpicos de Invierno, los cuales tendrán lugar en Beijing, China. Segundo, la guerra debe ser corta, porque el pueblo ruso, castigado por el COVID-19 y las sanciones económicas, no tiene apetito por una nueva aventura militar, la cual traería más pesar y penuria. Tercero, Vladimir Putin juzga que, después de la debacle en Afganistán, Joe Biden es un líder débil e inepto en materia de política exterior.

Aide-Mémoire. – El escribano desea felicitar al personal, colaboradores y lectores de LJA.MX por un onomástico más y, asimismo, les desea una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo 2022.

 

Referencias

Heavy Metal Diplomacy: Russia´s Political Use of its Military in Europe since 2014 

Kadri Liik  

Readout of President Biden´s Video Call with President Vladimir Putin of Russia 

Russia´s military movement: What they could mean for Ukraine, Europe, and NATO 

Stent, Angela E. The Limits of Partnership: U.S.-Russia Relations in the Twenty-First Century. Princeton University Press, Princeton, 2014


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