Piedras angulares en mi gusto por el rock/ El banquete de los pordioseros  - LJA Aguascalientes
21/02/2024

Hace unos días estaba yo sumido en profundas reflexiones caminando distraídamente por la calle cuando de repente pasé por una tienda en donde escuché música. Antes de cualquier otra cosa, lo primero es que me pareció muy extraño fue que en un negocio en el centro de la ciudad estuvieran escuchando música de The Who, la verdad esto no es muy frecuente y me detuve un momento, era la canción de Magic Bus, y ahí mi mente de desbocó en recuerdos de canciones y en la evocación de grandes discos que han definido mi gusto por el rock, no opuse resistencia a lo que se me venía a la mente, los pensamientos, sobre todos los recuerdos eran recurrentes e inevitables, incluso hasta deliciosos.

Cuando empecé a escuchar rock la primera y obvia referencia al género eran The Beatles, es lo que se escuchaba en mi casa, algo de Chuck Berry, Little Richard y Elvis, pero nada más. Me hice de una veintena de discos, todavía estaban a la venta aquellos EP’s de 45 revoluciones por minuto, ¿los recuerdas? Venía una canción por lado, a veces dos pistas en cada cara, por supuesto, el sencillo del disco y un par de temas de apoyo, todavía conservo algunos de aquellos discos que son verdaderas joyitas. Recuerdo algunos discos que compré, o me compraban mis padres dicho más correctamente, Seasons in the sun de Terry Jacks, Band on the run de Paul McCartney, Why we said goodbye de Dave McClean, o aquella deliciosa versión de Sunny (Soleado) cantada por Marwan, o una selección de cuatro arias de la rock ópera de Jesus Christ Superstar, en fin, aquellos fueron mis todavía incipientes inicios en la música, pero de alguna manera mis conocimiento musical se limitaba a lo que en aquellos años 70 me daba la radio comercial. Un poco más tarde descubrí la frecuencia de XENM Radio Casa de la Cultura con David García, Juan Manuel Muñoz y Pepe Reynoso, con ellos conocí música que ni siquiera sospechaba que existiera,   discos como Physical Graffiti de Led Zeppelin que me enseñaron que el rock era otra cosa y no solo aquellas bellas baladas en inglés.

Sumido en esos pensamientos continué mi caminata y me quedé pensando en los discos que han significado para mí una base sólida en mi pasión por el rock, cuatro o cinco discos que pueda considerar como determinantes, y así, sin tener que forzar mucho mi pensamiento llegaron a mi mente, prácticamente sin llamarlos, el disco Deja Vu de Crosby, Stills, Nash & Young; el White Album de The Beatles; Snow Goose de Camel, Animals de Pink Floyd, y por supuesto, Quadrophenia de The Who. Intentaré explicarme, creo que ninguno de estos discos que ahora mencioné son mis favoritos de la discografía del grupo creador, con la especial excepción del Snow Goose de Camel que sí es mi favorito, sin embargo, cada uno de ellos representan mi puerta de acceso a este impresionante mundo del rock.

Daja Vu de Crosby, Stills, Nash & Young lo escuché cuando estaba todavía en secundaria, lo recuerdo bien, lo escuché cualquier cantidad de veces, lo tenía grabado en cassette y no me cansaba de escucharlo, sigo sin cansarme, de hecho.

Mi disco favorito de The Beatles es definitivamente el Abbey Road, pero el White Album puso frente a mí una inmensa cantidad de posibilidades, fue como encontrarme de frente con el rock. Recuerdo que me costaba trabajo entender cómo era que aquellos niños buenos con aquellos clásicos peinados y vestidos con saco y corbata cantando Love me do, pudieran hacer también esa impresionante música y componer cosas como Happiness is a warm gun o While my guitar gently weeps. El Álbum Blanco fue definitivamente una especie de revelación para mí.

Animals es, sin duda, uno de los mejores discos de Pink Floyd  pero no el que más me gusta, creo que esa distinción la tiene The Dark Side of the Moon, creo, aunque lo digo con cierta inseguridad; pero Animals fue un torbellino. Cuando escuché Dogs con sus poco más de 17 minutos, no me pude sacar el solo de guitarra de David Gilmour, y definitivamente aún lo conservo en mi corazón., es decir, nunca lo pude sacar.

Snow Goose de Camel fue para mí la posibilidad de entender que el rock tenía otra forma de expresión, soberbia, delicada, majestuosa, sumamente fina y encontraba cierto parentesco con la gran música de concierto, todavía no sabía que esa delicia auditiva se llamaba rock progresivo, pero escuchar este disco me permitió sumergirme en este mundo que para quien esto escribe, representa la máxima expresión del rock, es decir, el progresivo.

Dejé para el final Quadrophenia de The Who. Este sí me noqueó. Primero vi la película, después conocí el disco guiado y acompañado por mi gurú en estos menesteres del rock, mi buen amigo Alejandro Arenas Martell. Si los demás discos que ya he mencionado líneas arriba significaron para tu servidor ampliar el panorama del rock, Quadrophenia fue demoledor en el más estricto sentido del término. Antes de Quadrophenia yo solo conocía una veintena de grupos de rock y un par de discos de cada uno de ellos, después de Quadrophenia, que por supuesto, no es el mejor disco de The Who, el rock se me presentó en toda su inmensidad, con todos sus inagotables recursos y entonces me di cuenta que el rock es, sin duda, la banda sonora de mi vida.

 


  

 


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