Una mujer en la presidencia/ Memoria de espejos rotos  - LJA Aguascalientes
30/06/2022

 

Well, I got a woman, way over town,

she’s good to me, oh yeah…

I got a woman – Ray Charles

 

Mucho se ha especulado sobre que la actual Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, es la ungida por el titular del ejecutivo para encabezar la candidatura de su partido hacia la presidencia de la república en 2024. La funcionaria ha sido aclamada por los afines a la tetramorfosis en diversos eventos públicos, como alguien deseable para suceder a López Obrador; por ejemplo, el pasado 2 de julio, la jefa de Gobierno fue vitoreada en el Auditorio Nacional por miembros de Morena, en el marco del tercer aniversario del triunfo de AMLO.

El “aplausómetro” le arrojó a Sheinbaum un registro favorable también durante el llamado AMLO Fest, el Festival que Andrés Manuel López Obrador se organizó a sí mismo para celebrar sus tres años de gobierno; ahí, decenas de miles de asistentes, la ovacionaron al grito de “Presidenta, presidenta”, ante la sonrisa de López Obrador. En ese sentido, comienza a hacerse una precampaña en la que se resalta la necesidad histórica de que el país sea gobernado por una mujer.

Es clara esta necesidad histórica. Luego de poco más de un siglo de vida política civil e institucional en México, después de la llamada revolución mexicana, y pasado el tiempo del Maximato (en el que los “generalísimos” se peleaban por el poder), la presidencia comenzó a tener cada vez más un carácter “civil”. Sin embargo, desde Adolfo de la Huerta, hasta Andrés Manuel López Obrador, suman veinte gobernantes hombres. Es evidente la falta de mujeres en el poder; y esa es una carencia que debemos subsanar, pero no basta con simplemente la pertenencia de género para que esa demanda se cumpla.

Que una mujer llegue a la titularidad del ejecutivo, y que esto represente un avance real en el piso parejo, en la equidad de género, y en la democratización plena, contra una cultura machista y de privilegios masculinos en el ejercicio del gobierno, demanda necesariamente que la mujer en el poder no sea simplemente una mujer, sino que –además- sea una mujer feminista; que entienda y trabaje en pro de los derechos humanos, y que se comprometa con el carácter civil, democrático, y republicano de nuestra forma de gobierno.


No sólo eso. Se necesita una mujer que, al llegar al poder, no vea a las manifestaciones y activismos anti patriarcales y de defensa de los derechos de las mujeres como si fuesen sus adversarios. Se necesita a una mujer que sepa ligar interseccionalmente la transversalidad de las opresiones de género con las de racialización, con las de clase; y a éstas, con la defensa de las necesidades medio ambientales que se oponen a la depredación del capitalismo.

Es necesaria una mujer comprometida con el saber científico, con la divulgación del conocimiento, y con la defensa de los órganos académicos; aún y cuando éstos –por su naturaleza crítica- no le aplaudan al poder. Se necesita una mujer que –además- mantenga y promueva una postura pública atea, con una marcada lejanía de las iglesias y los cotos de poder basados en la fe religiosa, y que garantice la irrestricta laicidad del Estado.

Es decir, si se quiere jugar la carta de que es deseable una presidenta mujer, no debemos comprar sólo la fachada de género. Ya que, si una mujer llega al acceso real del poder, y al ejercerlo se comporta como cualquier hombre formado en la cultura patriarcal imperante, no sirve de nada haber elegido a una mujer. Las dinámicas del poder están cambiando, y si no operamos esos cambios en la realidad, quedaremos nuevamente desfasados.

 

[email protected] | @_alan_santacruz | /alan.santacruz.9


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