Del Soylent Green al Covid-19/ De imágenes y textos  - LJA Aguascalientes
24/01/2022

Estimado lector, qué tal le fue con los Reyes Magos; pequeños lectores, cómo andamos de juguetes, de videojuegos, de películas en línea, de ropa, de sofisticada tecnología, de música. Yo les comparto que no me puedo quejar, salud estable, trabajo, amor, amistad, fraternidad, en la fe, mi equipo de americano en los playoffs, no como me hubiera gustado, pero pasaron; sinceramente no creo verlos jugar el 13 de febrero en su flamante estadio, pero bueno, uno nunca sabe.

Son pocas las mañanas como la del 6 de enero, cuando nos podemos despertar con la ilusión de ver qué regalos nos dejaron estos famosos personajes, tal vez el día de nuestros cumpleaños se repita esta sensación de sorpresa, y si de sorpresas hablamos, una no muy grata es la variante ómicron del covid que según, ya teníamos domada; pero la verdad, la culpa no es de nadie más que de nosotros, sí el gobierno no actúa a la altura de las circunstancias, como sociedad deberíamos hacerlo, nadie nos obliga a salir e interactuar sin cuidado alguno, no nos mandan a estar en grandes concentraciones de personas. Definitivamente los seres humanos (como dicen por ahí) somos los únicos que nos tropezamos dos veces con la misma piedra; en general, los habitantes de los cinco continentes padecemos del mismo tropiezo y desconozco la razón, es algo inherente a la raza humana, puede ser. La cosa es que otra vez estamos con un alto índice de contagios y además nos atrevemos a decir que esta variante es leve, que estamos vacunados, que ya no somos tan vulnerables, que necesitamos salir de casa para trabajar, para ir a la escuela, incluso de esparcimiento, pero la verdad es que el horno no está para bollos, que apunten los que dicen saber que la variante ómicron es menos virulenta no garantiza nada.

Estos primeros días del año, ya ve que pareciera que se cuenta con un poco más de tiempo libre, simple ilusión, porque la realidad no es así, o por lo menos no para los que trabajamos todos los días, el chiste es que, con esas pequeñas pausas laborales, me asomé al librero que invadieron las viejas películas almacenadas en dispositivos ópticos conocidos como DVD y encontré esa joya del séptimo arte titulada Soylent Green, debo admitir que Paula me hizo ver que la trama de esa producción de 1973 está ambientada en este año, sí, una de esas películas futuristas donde el destino nos alcanza; órale qué cosas, la historia propone una sociedad devastada por el mal cuidado del medio ambiente (sobre todo) problemas de calentamiento global, escasez de recursos, de agua, de alimentación, sobrepoblación, enfermedades crónicas, un momento donde el ser humano se ve confrontado con el resultado de sus malas decisiones en torno al abuso de los recursos naturales y del desorden sociopolítico. Yo recuerdo que de niño me llevaron a ver esta película al cine, no creo que el año en que se estrenó porque en ese entonces yo tenía cuatro, o quién sabe, en casa de los Azocar siempre hemos sido medio desinhibidos para las películas futuristas, la música estridente y la conspiración; en fin, si la vi cuando tenía cuatro no creo haberle entendido nada, seguramente la vi ya más grande porque recuerdo claramente que me llevaron a la Cineteca Nacional y cuando salí hice mis cuentas del tiempo que faltaba para 2022, calculé la edad que tendría para ese entonces (que parecía muy lejano) y me pregunté si de plano íbamos a estar tan maltrechos como lo planteaba el filme. Era como la película de la advertencia, casi con la misma intención reflexiva de la primera versión de “El Planeta de los Simios” de 1968, por cierto, con el mismo actor en el rol protagónico, sí, don Charlton Heston, quien en su papel del capitán George Taylor se arrodillaba frente a la destruida Estatua de la Libertad haciendo alusión a que no era un planeta habitado por simios inteligentes, sino la misma Tierra en el futuro, arruinado y conquistado por los primates.

Ese tipo de filmes de finales de los sesenta y principios de los setenta de ciencia ficción pero con ese tinte reflexivo, que dejaban en la pantalla la hipótesis de una debacle mundial en caso de no responsabilizarnos de nuestros actos como destructores naturales del entorno, planteaban fechas cercanas que ya se cumplieron, como el caso de Soylent Green, donde el detective Robert Thorn investiga la muerte de un millonario en una sociedad afectada por la escasez de comida, la sobrepoblación y el calentamiento global, donde la fuente principal de alimentación eran esas tablillas comestibles de color verde, hechas de productos vegetales, pero, conforme va avanzado la trama nos damos cuenta de que están hechas de humanos, sí, los humanos que deciden tener una muerte asistida y agradable. En fin, la cosa es que en este 2022 no llegamos a tales extremos de descomposición social, pero sí estamos padeciendo desde hace ya dos años una enfermedad que ya ha cobrado muchas víctimas, y no sólo a la distancia, muchos de nosotros lo hemos vivido ya de primera mano. El covid-19 con todas sus variantes nos ha puesto en jaque, no hemos sido capaces de erradicarlo y tampoco podemos convivir con él como lo hacemos con las simples gripes, no es fácil, pero tampoco somos conscientes del verdadero impacto que tiene en nosotros.

Como le comento, no llegamos al fatídico 2022 que plantea la película, pero como humanidad sí estamos mal parados; qué tenemos que hacer, no es sólo pedir que nos cuidemos y que haya vacunas disponibles, es realmente poner manos a la obra, desarrollar esa cultura del cuidado, ver por nosotros mismos, ser más higiénicos en nuestros hábitos y tener presente que no somos inmortales ni vivimos dentro de una película de ciencia ficción; estamos a tiempo de incluir en nuestros propósitos de año nuevo la razón, la conciencia, la responsabilidad de cuidarnos para así poder erradicar esta enfermedad que ya lleva con nosotros más de lo previsto.

Póngase los refuerzos de la vacuna que sean necesarios y no salga sí no lo amerita la ocasión, disfrute la lectura de LJA.MX desde la comodidad de su casa.

 

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@ericazocar


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