El lenguaje inclusivo: entre el autoritarismo y la incorrección política - LJA Aguascalientes
26/01/2022

Judith Amado

 

Egresada de la carrera en lengua y literaturas hispánicas y doctora en letras por la Universidad Nacional Autónoma de México –donde es investigadora emérita–, Concepción Company se asume como feminista, pero advierte que el lenguaje inclusivo no es una sus causas, porque está debilitando los frentes en los cuales debería estarse luchando.

Con un amplio currículum, resumido en más de 60 páginas, la filóloga, lingüista, editora y más, nacida en Madrid el 18 de diciembre de 1954 y nacionalizada mexicana en 1978, es autora de una vasta obra personal, entre libros, ensayos y artículos especializados. Codirige la revista Medievalia, y desde 2012 es codirectora del proyecto Corpus Diacrónico y Diatópico del Español de América.

Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y de El Colegio Nacional, y exvicepresidenta de la Asociación Internacional de Historia de la Lengua Española, habla con Proceso vía telefónica sobre las perspectivas del lenguaje incluyente.

Y advierte el “peligrosísimo” sometimiento a una forma de hablar aceptada por miedo a la “incorrección política”, que puede llevar a actos autoritarios, si bien percibe como difícil que algunas formas, como el uso de la “e” trasciendan: harían falta muchos años para su incorporación real al idioma.

Asimismo, lamenta la falta de reconocimiento al español como lengua oficial de México, que ignora su potencial económico y social, lo cual ha dado ventaja al Instituto Cervantes y a la Academia en Madrid, que han hecho del idioma un fuerte contribuyente del Producto Interno Bruto (PIB) de España.

¿Qué debemos entender hoy por lenguaje incluyente, cuando la lengua española ya tiene formas y términos sin definición de género masculino o femenino o cualquier otro? La lingüista aclara, por principio, que lo suyo no es el estudio de las identidades sexogenéricas, por lo tanto su explicación es desde el punto de vista gramatical, y describe cinco estrategias:

La primera es el “desdoblamiento” que busca dar visibilidad a las mujeres y minorías LGBTTTIQ. Lo considera un poco pasado de moda, salvo por los políticos que lo incorporaron a sus discursos: “Queridos todos, queridas todas”, “mexicanas y mexicanos” “ciudadanas y ciudadanos”.

La siguiente es el uso de “la famosa ‘e’, que es bastante polisémica” (de varios significados). Siempre ha existido, dice, como característica de los sustantivos comunes: el marchante, la marchante, estudiante, comerciante, “tienen encubierto el género y requiere sintaxis para que aflore; siempre se ha podido desdoblar, como en el primer caso: marchante, marchanta, comerciante, comercianta”.

Ahora “está resemantizada” (le han dado nuevos significados): Por un lado “las feministas ven la ‘e’ como muy incluyente, para masculinos, femeninos y minorías sexuales que se identifican como no binarios”, y utilizan como un modo de inclusión las palabras “todes, querides, amigues, colegues, traducter, reviser” y el “compañere” que apareció en las redes sociales. Remarca que ya existía y su polisemia le da ventaja comunicativa:

“Si usted dice ‘estaba inerme en el suelo’, puede ser hombre, mujer animal; si dice ‘excelente’, puede ser cualquier cosa, desde una persona hasta un evento, un objeto, es una estrategia de lenguaje incluyente.”


Enseguida menciona otras dos estrategias usadas en lengua escrita, donde las vocales “o”, “a”, “e”, se sustituyen en un caso por la “x”, y en el siguiente por la “@”, lo cual le parece “infame, por impronunciable… En la arroba, al menos yo, veo un signo de medición, no una ‘a’ encimada por una ‘o’, ni una ‘o’ encimada por una ‘a’”.

Ambas estrategias (que separa porque es raro que se usen al mismo tiempo) le parecen elitistas “porque bloquean la oralidad que es esencial, biológicamente esencial, históricamente esencial. En América toda, las lenguas originarias no tienen escritura, no han generado escritura excepto la lengua maya. Los códices no son propiamente escritura porque las volutas que salen de la boca de las personas, no lo son… simbolizan –como se sabe– el soplo de Quetzalcóatl, es un soplo de sabiduría, no es escritura”.

Tampoco tienen escritura las lenguas originarias en África, lo cual “no significa que no se puedan escriturar o graficar con un alfabeto fonético internacional, pero eso no es una escritura sedimentada, simbólica, rutinizada por siglos. Entonces, ¿una mujer zapoteca, una otomí, una mujer del mundo quichua, no tiene derecho a la misma equidad de aquellos que tienen un teclado de computadora o de teléfono? Me parece absolutamente elitista”.

La quinta estrategia también ha existido siempre y no le parece mal, es utilizar términos más abstractos e incluyentes, como persona, humana o humano, para referirse al ser racional. Implica “un mayor esfuerzo discursivo, pero es mejor que decir hombre, aunque en latín hombre no significa persona con testículos, sino el genérico homo, y el que tenía testículos era vir, aunque la cualidad de ese varón era femenina, era la virtus, que es tener valor (coraje). Que aquello era patriarcal, pues sí, hay muchísimos hechos patriarcales, no vamos a poner la historia en cuestionamiento, simplemente hay que aprender de ella para no repetir errores y para imaginar mejores mundos”.

También se utilizan colectivos, epicenos (nombres de género gramatical masculino o femenino designando indistintamente a seres animados de uno y otro sexo), entre ellos el profesorado en vez de los profesores o las profesoras; juventud, persona gestante, este último incluso ya se está utilizando en el ambiente jurídico en el tema de la interrupción del embarazo. Este tipo de términos ayudan a no forzar la lengua española, pues de lo contrario, dice, parece lenguaje de laboratorio…

“Esas son las cinco estrategias que pueden entenderse por lenguaje incluyente. Y excepto la última, de usar colectivos abstractos que dan mayor inclusión, las otras me parece que son una cortina de humo y no tienen mucha viabilidad gramatical.”

Ejemplifica:

“Conozco y seguramente usted también, personas que usan la ‘e’, pero a la tercera línea dejan de hacerlo: ‘mis hijes querides, todes, están de vacaciones, pero debemos ser precavidos’, pues sería mejor precavides ¿no? Pero es tan artificial, que es prácticamente imposible de sostener más allá de un saludo y de la primera línea.”

 

Verdaderas tempestades

Company enfatiza que está “totalmente de acuerdo con la lucha feminista”, lo ha dicho públicamente en varios foros, “ya conoce mi batalla, nadie ha dicho que este mundo sea normativo y un marco establecido en la heterosexualidad, eso es un invento creado por un patriarcado”.

Afirma entonces que el feminismo del siglo XXI sí debe dar peleas “y fuertes”, pero no en el lenguaje incluyente, si bien el lenguaje es un mecanismo de resiliencia, resistencia, identidad, porque “estamos tan clavados en la textura del lenguaje incluyente” que se está desatendiendo lo esencial.

Por ejemplo, los políticos han incorporado en sus discursos palabras como todas, todos, todes, y “deben estar contentísimos, y los machines todavía más, porque ‘ay, qué incluyente soy’”, y quizá no falte quien considere que están respetando a las minorías. Sin embargo, la lingüista advierte sobre una de las razones por las cuales se han impuesto esas formas:

“Estamos sometidos por el miedo a la incorrección política, eso me parece peligrosísimo porque estamos a un pasito de caer en actos autoritarios… El lenguaje ha sido una herramienta muy dúctil y todos somos propietarios y soberanos de ese lenguaje –o sea, todo hablante de la banqueta, usted, yo y todos–, se está dando ese miedo que raya en el autoritarismo.”

Precisa que la lengua funciona gracias al uso de moldes históricos; si en vez de decir ‘hola, buenas tardes’, se inventan pronombres u otras palabras, la comunicación se bloquea, como se demuestra en los medios (televisión, radio, periódicos): se está manifestando ese autoritarismo que “no me gusta nada”. Recuerda que en la novela Rebelión en la granja, George Orwell “tomó la dictadura de Mussolini para narrar y hacer burla de cómo en el lenguaje se hacen imposiciones”:

“Y siempre que hay regímenes autoritarios se nos dice cómo hablar, cómo pensar, qué se debe decir, qué no decir, qué palabras son aceptadas, qué palabras no son aceptables. Entonces estamos asistiendo a un ambiente de miedo, de presión política, de miedo a la incorrección verbal, que no tiene nada que ver con los insultos, sino con un mundo que ahora queremos desdoblar para hacer visibles a las mujeres.”

Y claro que deben ser visibles, dice, pero con verdadera inclusión laboral, social, acciones de no violencia. Desviarse por un lenguaje inclusivo es superficial.

 

 


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