Irresponsables/ Por mis ovarios, bohemias - LJA Aguascalientes
16/08/2022

Poco a poco

Fuimos volviéndonos locos

Y ese vapor de nuestro amor

Nos embriagó con su licor

Y culpa al carnaval interminable

Nos hizo confundir, irresponsables

 

Babasónicos 

 


No es difícil observar ese discurso general que se instaló en redes sociales, y que es capaz de mediatizar conflictos para exigir justicia pero que no ha logrado presionar para que existan instituciones justas y eficaces para ello. La indignación funciona pero no alcanza (por desgracia) para la organización colectiva aunque la violencia se vea en todas partes y en todos los ámbitos, los gritos, los golpes, los asesinatos, la delincuencia, el crimen organizado, la corrupción de la vida política, la pobreza.

Quizá este discurso sin acción es resultado del egoísmo individual y colectivo, de que cada quien jala agua para su molino, de la irresponsabilidad cotidiana en la que vivimos y que hemos normalizado como normalizamos la violencia.

Entonces, de qué hablamos cuando hablamos de ser responsables.

Una pareja alcoholizada se subió a su auto la madrugada del 16 de enero. El conductor no tuvo reparo alguno en manejar en esas condiciones y a exceso de velocidad se pasó un semáforo en rojo y se fue a estampar contra el Uber que transportaba a Andrés Luévano, quien murió, víctima de estos irresponsables que lo abandonaron en el lugar del accidente. 

Hace unos días una persona que quiero me contó que chocó contra una barda bajo los efectos del alcohol, se prometió a sí misma que esta sería la última vez que manejaba ebria, que entendía que fue una señal del universo, que no lo volvería a hacer. Yo sólo le dije eres un pendejo. Te quiero, pero eres un pendejo que ha recibido decenas de mensajes del universo, si eso existe, como para no manejar ebrio, que el homicidio de Andrés tal vez fue la última señal. Un pendejo irresponsable como yo misma lo fui también al subirme una y otra vez a autos de conductores alcoholizados después de la fiesta, una y otra vez a autos de amantes coléricos que manejaban al mismo ritmo de su frustración, sin importarles su seguridad ni la mía ni de quien se cruzara por nuestro camino.

Estas acciones tienen de común denominador un auto y la irresponsabilidad de todos los involucrados,  los ebrios de alcohol y de ira, y yo, por hacerme de la vista gorda, porque incluso ahora que el discurso de justicia insiste en que no será mi culpa si me violentan (y la culpa no era mía), no puedo evadir esa responsabilidad de no volverme a poner en situaciones de peligro, en no volverme a subir con irresponsables, de no caminar de madrugada sola por la calle (qué triste), de no exponerme a lo que yo sé (cada una lo sabe, por desgracia, mil veces por desgracia) puede derivar en violencias en contra mía. 

Por eso mismo, cada vez me parece más reduccionista que ahora se difunda ese mensaje de la responsabilidad afectiva, pero exclusivamente en las relaciones amorosas. ¿Por qué no deberíamos considerar la responsabilidad afectiva que tenemos con los otros en todos los ámbitos de la vida, como el no manejar alcoholizado o hecho la chingada? El amor, la amistad, la familia, la sociedad de convivencia que somos lo exige, ser responsables de nuestros actos y del acercamiento que tenemos con los nuestros, la obligación de unirnos a los otros no como la religión lo hace sino como una comunidad. Irresponsables y egoístas vemos por nosotros sin que nos interese el de al lado.

En esto de la responsabilidad afectiva, las red flags surgieron para alertarnos de los comportamientos ajenos desde una postura ultra moralina, punitiva, estigmatizadora, higienista y hasta clasista, que convierten estas nuevas alertas en objetos de pánico moral. Red flags como una letanía de subjetividades. Red flags para vincular actos con necesidades personales que estimulen el ego. Red flags irresponsables para culpar al otro. ¿Cómo se lee: red flag si maneja borracho, si eso es un delito, no solo una advertencia?

Entonces, ¿hasta dónde somos responsables de nosotros y del otro que nos acompaña en la vida?

He sido lo suficientemente irresponsable a lo largo de mía. Me he llevado entre las patas a personas importantes para mí por mi egoísmo y por supuesto que por irresponsable, así como la irresponsabilidad de los otros me lastimó. 

Ni una pandemia modificó nuestras peores conductas, la realidad nos abofetea el rostro como los irresponsables que somos, una ilusión que nos inventamos al decir “quédate en casa”, un alegato exclusivamente retórico, vacío, mientras nos sacábamos el cubrebocas a la menor provocación, mientras asistimos a fiestas y reuniones decembrinas, para creer que no pasa nada, que un momento sin el cubrebocas no causará estragos mundiales como los que estamos viviendo, que unas copas de más antes de subir al auto no harán la diferencia en el camino contra bardas, personas, la humanidad entera, que golpear el volante mientras gritas no es síntoma de violencia, que somos lo suficientemente chingones como para decir que pedos hasta manejamos mejor.

No es el alcohol, no es la ira, no es abandonar las medidas sanitarias, esos son las violencias naturalizadas y matizadas de nuestra cotidianidad, se trata de nuestra irresponsabilidad, de creer que no habrá consecuencias de nuestros actos, que la libraremos porque no pasa nada, y si pasa, un mundo en redes sociales exigirá justicia para luego apagarse, irresponsables, hasta el próximo Andrés o la próxima pandemia, si sobrevivimos.

 

@negramagallanes  


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Tania Magallanes
Tania Magallanes

Jefa de Redacción de LJA. Arma su columna Tres guineas. Fervorosa de lo mundano. Feminista.

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