PRI, al filo de la desaparición - LJA Aguascalientes
26/05/2022

APRO/José Gil Olmos

 

Ante el pronunciado declive electoral y la acelerada disminución de su militancia, el PRI enfrentará en las dos elecciones de gobernador (Hidalgo y Oaxaca) la opción de corregir el rumbo o quedar reducido a una lucha por sobrevivir como partido político nacional. Los priistas Dulce María Sauri y José Encarnación Alfaro, en sendas entrevistas, cuestionan a la actual dirigencia nacional encabezada por Alejandro Moreno, José Murat y Rubén Moreira por el uso de su instituto “como franquicia” y su falta de compromiso con los militantes.

En tres años ha perdido casi 5 millones de afiliados y en las dos últimas elecciones 10 gubernaturas. El PRI atraviesa no sólo una crisis electoral, también de liderazgo, identidad, militancia y de legalidad por la última asamblea nacional, lo que pone en riesgo su supervivencia, advierten José Encarnación Alfaro Cázares, miembro del Frente Nacional por la Refundación del PRI, y la expresidenta del partido Dulce María Sauri Riancho.

Los dos priistas tratan de no ser catastróficos en su evaluación, pero no pueden evitar los hechos.

De acuerdo con una revisión de los padrones de militantes de los partidos políticos publicados por el Instituto Nacional Electoral (INE), en los comicios federales de 2018 y 2021, 4.9 millones de militantes abandonaron las filas del PRI, lo que equivale a una salida de 78% de sus afiliados.

En cuanto a gobiernos de los estados, en la elección de 2018 perdió Jalisco y Yucatán; y en 2021 se le fueron Colima, Campeche, Baja California Sur, Zacatecas, Tlaxcala, Sonora, Sinaloa y San Luis Potosí.

Ahora sólo le quedan Oaxaca, Hidalgo, Estado de México y Coahuila. Sin embargo, de acuerdo con las mediciones de varias empresas encuestadora, existe un alto riesgo de que en los comicios de 2022 pierdan Oaxaca e Hidalgo y para 2023 sólo Coahuila y el Estado de México serían bastiones del priismo.

A partir de esos datos oficiales, al PRI le quedan sólo 1.2 millones de afiliados para las elecciones de los próximos dos años, en las que se juega su permanencia, sostiene en entrevista la exdiputada y expresidenta nacional del PRI Dulce María Sauri Riancho.


Considera que si en 2022 pierde en Hidalgo y Oaxaca, estados que siempre ha gobernado, en 2023 la elección del Estado de México será vital para el PRI, ya que en caso de ser también derrotado llegará a la elección presidencial de 2024 luchando por mantener su registro como partido político nacional.

A conclusiones similares llega José Encarnación Alfaro, exsecretario de Organización del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, quien encabeza ahora el Movimiento Líder. Esa agrupación junto con Plataforma PRI –formada por Fernando Lerdo de Tejada y Alianza Generacional, representada por José Ramón Martell– integraron a partir del 1 de diciembre el Frente Nacional por la Refundación del PRI, el cual se opone a la actual dirigencia del partido en manos de los diputados Alejandro Moreno y Rubén Moreira.

El exdiputado federal sonorense observa que su partido continúa en declive en las recientes elecciones, descenso que puede acelerarse en las próximas dos  contiendas por gubernaturas.

Recuerda que en 2022 viene el proceso electoral para gobernador en seis estados –Oaxaca, Hidalgo, Quintana Roo, Aguascalientes, Durango y Tamaulipas– con la fórmula de las coaliciones, que Alejandro Moreno pretende utilizar para permanecer en la dirigencia y quedarse con la candidatura presidencial para 2024.

Pero al mismo tiempo, señala, esa fórmula facilitará el conteo de los votos aportados por el PRI y evidenciará su deterioro.

“La intención de Alejandro Moreno es de largo plazo: si gana una elección, usarla como pretexto de que entrega buenos resultados; y como su dirigencia termina en agosto de 2023, los estatutos señalan que en caso de que el proceso electoral federal inicie y aún no se hubiese convocado a la renovación de la dirigencia nacional, entonces se concede una prórroga a la dirigencia en funciones. A eso le está apostando.”

No obstante, Alfaro Cázares advierte que los resultados de las elecciones en los próximos dos años no están seguros para que Alejandro Moreno tenga un pase directo a la candidatura presidencial. Por el contrario, dice, se prevé un escenario de derrota, en cuyo caso la militancia va a demandar que Moreno salga de la dirigencia.

Añade que el Frente Nacional por la Refundación del PRI propone una renovación completa del partido para hacer frente a Morena en las próximas elecciones, pero que en la pasada Asamblea Nacional la dirigencia de Alejandro Moreno lo impidió de manera ilegal cuando se estableció que no podían modificarse los documentos básicos y la renovación del Comité Ejecutivo Nacional.

“Si el partido no se refunda, si no cambian su estructura, su forma, sus estrategias y capacidad de vinculación con la sociedad, y su discurso; si no esclarece de manera puntual su alineamiento ideológico, el futuro del partido será de un deterioro gradual y permanente, hasta llegar a convertirse en una franquicia al servicio de los grupos dirigentes, como lo está siendo ahora, como una franquicia al servicio de José Murat, Alejandro Moreno y Rubén Moreira”, señala Alfaro Cázares.

Ejemplo de este manejo, indica, es que en las candidaturas de representación proporcional para las pasadas elecciones se nombró a incondicionales, familiares y secretarios particulares del grupo de dirigentes mencionados y, como nunca en la historia del PRI, 21 integrantes del Comité Ejecutivo Nacional fueron postulados como diputados por esta vía, que no requiere de hacer campaña. 

 

Hacia un partido satélite

Tras criticar que la actual dirigencia del PRI maneja ese partido como “una franquicia”, Alfaro Cázares advierte que lo conduce como una franquicia en quiebra, porque está perdiendo valor y rumbo. 

Aclara que tras la XXIII Asamblea Nacional, el coordinador de la bancada priista en la Cámara de Diputados, Rubén Moreira, dijo que el partido es socialdemócrata, pero eso se dijo desde 2008, en la XX Asamblea Nacional, cuando presidía el partido Beatriz Paredes.

Observa que PRD y Morena también se han declarado socialdemócratas, por lo que “el mensaje que se les deja a los priistas es que la cuarta etapa del PRI es Morena”.

Considera que tampoco es cierto que en su partido le estén dando una patada al neoliberalismo heredado, como dijo Moreira. “Es una equivocación –enfatiza– porque el PRI nunca se ha asumido como partido del neoliberalismo económico. Lo único que hizo Moreira fue satisfacer al presidente Andrés Manuel López Obrador, que ha acusado al PRI de un pasado neoliberal.”

Por estas razones, Alfaro Cázares observa un futuro incierto para el PRI: “Puede convertirse en un partido satélite, como el Partido Verde, que lo mismo ha sido aliado del PRI, del PAN y ahora de Morena, orbitando alrededor del poder. Eso nos puede pasar: triste destino para un partido histórico”.

Una situación similar observa la exdirigente nacional priista Sauri Riancho.

Coincide en que 2022 presenta un panorama muy complejo y desalentador para las oposiciones a Morena, en particular para el PRI, porque de las cuatro gubernaturas que mantiene, dos van a elección el próximo 5 de junio, con probabilidades de perder. 

A eso le suma los resultados de la elección extraordinaria para el Senado en Nayarit, en la cual el PRI logró sólo 4.8% de la votación, con Salvador Hernández Castañeda como candidato. 

“Esto hay que tomarlo con seriedad, no puede ser tomado como algo anómalo y ligero, que puede barrerse para dejarlo debajo de la alfombra”, sostiene la exgobernadora de Yucatán. Lo ocurrido en esa elección en Nayarit es una muestra del poco interés que despierta el PRI entre los electores, señala.

“El abstencionismo de 85% no puede ser una razón de lo que ocurrió en Nayarit, porque ahí el PRI fue el partido que gobernó por muchos años y logró recuperar el gobierno en 2012; ahora tiene ese muy magro resultado electoral… Si no se cuidan las cosas, si no se enfrentan como son, el PRI puede llegar a 2023, que es su última cita antes de la contienda presidencial, en condiciones aún más complicadas desde el punto de vista electoral”. 

–Usted decía que uno de los riesgos del PRI es que sea absorbido por Morena.

–Efectivamente. Un ejemplo claro es Nayarit, donde el voto del priismo era muy sólido, como el zacatecano, hasta que dejó de serlo. La migración de la militancia del PRI hacia Morena, especialmente en estados donde el PRI se desdibujó, es relativamente sencilla de ver, porque Morena representa lo que el PRI fue en muchos sentidos. Al menos esa es la percepción que existe.

“Esos estados donde el priismo era muy duro son los estados donde los militantes se corrieron de manera más rápida hacia Morena. Eso es porque no hay incentivos en la militancia para permanecer en el PRI, el partido no sólo tiene que ir por su militancia en las elecciones, sino también por los grandes núcleos de la sociedad, del pueblo, que son la mayoría de los votantes, principalmente de las clases medias urbanas de las grandes, medianas y pequeñas ciudades del país.

–¿Cómo ve entonces el panorama del PRI para las próximas elecciones? Ha perdido militantes y gubernaturas, se está quedando con lo mínimo. 

–Lo que pase en 2022 es el prólogo de lo ocurrirá en 2023, cuando se jugará todo en el Estado de México. Hay que ser muy claros en ese punto: en la elección de esa entidad el PRI tiene que entrar con buenos candidatos, para poder negociar con las oposiciones, con sus contrapartes. Esas candidaturas sólo las puede sacar del resultado de esta elección de 2022, no puede ser sólo en función de la alianza legislativa, que es importante pero está muy limitada. 

Entonces, agrega Sauri, es necesario demostrar que el PRI aporta votos, y para eso el Estado de México es fundamental. 

“Si el PRI no logra ganar en la elección del Estado de México, lo que puede ocurrir es que va a estar luchando por su registro en 2024. No quiero ser catastrófica, porque faltan muchas cosas por ocurrir, pero hay que ver que no tenemos un relato del futuro, no tenemos algo que ofrecer.”

–¿No puede cambiarse ese escenario?

–Sí puede cambiarse, nada es imposible de remontar cuando se sabe qué es lo que se quiere, y esa respuesta tiene que ver con tomar decisiones para el conjunto, no para determinada persona o grupo de interés. Vuelvo a comentar que, aunque suene extraño, en la política la generosidad es una virtud muy escasa en las dirigencias.

Generosidad que, asegura, no se vio en la pasada Asamblea Nacional, que se realizó los primeros días de diciembre y fue encabezada por la triada que controla al PRI: Alejandro Moreno, Rubén Moreira y José Murat.

“Fue una asamblea limitada para cumplir el requisito de informar al INE de qué se había logrado realizar”, señala Sauri, tras advertir que no se abordó el principal reto del PRI: enfrentar la realidad y dejar las glorias pasadas en el pasado.

“Lo que tenemos que hacer es ver hacia adelante, es lograr un relato del futuro, porque seguimos en el pleito del pasado, muy pasado, que es el que el presidente López Obrador pretende establecer. No queremos ni podemos volver a la década de 1970, pero tampoco podemos volver a 2010. El reto principal es construir un relato del futuro, tener una visión clara de hacia dónde queremos llevar al país, que tampoco la tiene Morena. Pero si no hay una propuesta de futuro, difícilmente podemos competir por el voto del electorado”, precisa.

A su vez, Alfaro Cázares señala que Alejandro Moreno y su grupo en el Comité Ejecutivo Nacional realizaron anticipadamente la Asamblea Nacional e ilegalmente impidieron que se discutiera la elección de la dirigencia y los cambios de estatuto, sobre lo cual ya se presentó una denuncia ante los órganos internos y se presentará otra ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. 

“Alejandro Moreno está fuera de la realidad al querer ser candidato a la Presidencia de la República, porque no tiene unidad en el partido y, en un escenario de derrota electoral este año, la inconformidad va a crecer y será insostenible en la dirigencia nacional”, considera el exsecretario de Organización del PRI. 

 


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