Prospectiva, primera parte educación/ La columna J  - LJA Aguascalientes
03/02/2023

“El gesto del profesor valió más que la propia nota de diez que le dio a mi redacción. El gesto del profesor me daba una confianza aún obviamente desconfiada de que fuera posible trabajar y producir. De que fuera posible confiar en mí, pero que sería tan equivocado confiar más allá de los límites como era en ese momento equivocado no confiar” Paulo Freire.

Estimado lector de LJA.MX, con el gusto de saludarle como cada semana, quiero expresar una prospectiva que comprenderá al menos cuatro textos, en donde aludiré al contexto educativo, social, político, económico y filosófico de los próximos tiempos. Resulta inexcusable el no poner la mirada más allá del propio presente.

La educación es el estilóbato que tienen las sociedades para progresar, en el devenir del tiempo se han presentado diversos métodos y estructuras mediante las cuales los gobiernos han instruido o aplicado la formación educativa. La formación académica en los tiempos sublimes de Grecia y Roma se caracterizaba por el pensamiento y la idea, ya que eran un rasgo esencial de la identidad que se tenía. Bajo métodos de observación y constante reflexión era como los venerables maestros instruían a los estudiantes, cabe mencionar que la categorización de las clases sociales era el preámbulo de posibilidad para que alguien pudiese estudiar o tener cierta formación, principalmente los aristócratas o la milicia de cierto nivel.

Con la gran expansión de Roma y en el devenir de la edad media, la educación se instruyó bajo el manto de la iglesia, en tanto que, muy pocas personas podían tener acceso a la información, se dogmatizo con el yugo de la palabra “sagrada” y únicamente los monarcas y sus familias podían tener el paradójico derecho del aprendizaje. Los libros eran escasos y existía una concentración vituperable. El historiador español Ferrer Benimelli expresa que; en la medida en la que las sociedades tienen una mayor calidad en su sistema educativo, su nivel de vida se incrementa.

En los albores del renacimiento todo comienza a cambiar, la pintura, el arte, la música tienen un detonante positivo y esta etapa abre un sinfín de opciones para que la gente buscara el conocimiento bajo distintas perspectivas, no obstante, la economía delimitaba la posibilidad. Existía un nuevo mundo, un nuevo continente el cual tenía que ser “educado y sometido” pues el que tiene el poder, quien lo detenta, es el que tiene la posibilidad de educar, quien lo hacía fuera de ese contexto era llamada hereje o espurio, y con guillotina, espada y libro sagrado se le corregía, digamos que era una instrucción conductista opresora divinamente dirigida.

El mundo comenzó a avanzar, sin pausa pero sin prisa, en un abrir y cerrar de ojos, las maquinas se adentraron en una colonización estupefacta radical, la industria mantenía el ritmo de la economía y por ende la formación que se daba llevaba ínfulas capitalistas de producción, es decir que comenzó la implementación formativa de la mano factura, la distribución de la riqueza extendía otras oportunidades para que las personas pudieran tener acceso a la educación, la conformación de ciertas instituciones dio origen a que la preparación temática tuviera un origen y una esencia.

“No cambias las cosas combatiendo la realidad existente. Cambias algo construyendo un nuevo modelo que hace el molde existente obsoleto”, Buckminster Fuller.

Las revoluciones y las independencias dieron forma a los nuevos estados en donde la ideología de una nación tenía como propósito entre tantos la formación educativa de sus ciudadanos. Poco a poco se fueron creando escuelas, universidades y centros académicos, desde el ámbito público hasta el privado, la educación salió de la casa y se adentro en centros y en espacios públicos, la educación fue separada de la iglesia y se volvió obligatoria. Y en el decurso del tiempo se plasmaron las diversas formas de instrucción académica. Después de los primeros pasos de la pandemia, la educación tuvo que adaptarse a la modalidad digital y a las aulas invertidas, es decir, que los alumnos son en cierta proporción los propios gestores de su aprendizaje. El cambio fue brusco, fue atípico, pero forzosamente necesario.

Nos encontramos en el momento histórico en donde se tiene mayor acceso a la información, esto no quiere decir que exista formación o criterio, pero ciertamente los datos ahí están, la literatura universal se encuentra a dos clicks, el mundo neoliberal demanda elevadas proporciones de profesionales con mayores grados educativos, la educación es tentativamente una fabrica de personas que participaran en las necesidades económicas que imperan en cada país o región.


La inteligencia artificial aunada a las plataformas educativas está comenzado a rebasar la capacidad de ciertos docentes. Las aplicaciones resultan más atractivas para las nuevas generaciones que la propia didáctica que se imparte en el aula, bajo la misma tesitura de que los niños cada vez están más conectados a un mundo digital y más desconectado del mundo real. No es una crítica, es únicamente una reseña. La formación de calidad tiene un costo económico elevado, es decir, existe una brecha de desigualdad ante los que puedan pagar dicha educación. Las naciones que tienen las mejores economías tienen índices verdaderamente bajos de analfabetismo, por el contrario, los países que son endebles en sus finanzas muestran elevados índices de analfabetismo. Los países con más altas tasas de alfabetizados están en Asia Central, Europa, América del Norte, Asia del Este y del Sudeste, mientras que los menos alfabetizados se ubican en África subsahariana y sur de Asia, y en tramos medios están América Latina y el Caribe, Asia occidental y Norte de África.

Las tasas de alfabetización de adultos están por debajo de 50 por ciento en 20 países: Afganistán, Benin, Burkina Faso, República Centroafricana, Chad, Comoras, Costa de Marfil, Etiopía, Gambia, Guinea, Guinea-Bissau, Haití, Irak, Liberia, Malí, Mauritania, Níger, Senegal, Sierra Leona y Sudán del Sur. (https://ipsnoticias.net, 2020)

 La educación desde la prospectiva de un servidor tendrá su devenir en una mayor utilización de los medios digitales, en una mayor oferta por parte de las instituciones privadas para los segmentos que se rezagan, un alto impacto social y la generación de un vínculo indisoluble entre gobierno y sociedad. El panorama es retador pero alentador. “La educación tiene que armar a las personas para que se puedan reinventar cada vez más rápido”.

In silentio mei verba, la palabra es poder.


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