Razones para no escribir: el mundo no me importa un bledo/ Así es esto  - LJA Aguascalientes
24/05/2022

Hace unos meses paré de escribir, sin razón, sin excusa, sin motivo. Simplemente dejé de enfrentarme más a la hoja en blanco, como Forrest Gump, que un día salió a correr, así sin motivo, pasó. No se trataba de escapar de nada, como lo hizo aquella amiga en alcohólicos anónimos para huir del demonio que la azotaba o como el que renunció al ogro de su patrón cansado del acoso laboral; no, simple y llanamente pasó, dejé de teclear sin mayor ton ni son. A diferencia de ellos, finalizar esa actividad solo pasó, sin transformarse en un desahogo o una añoranza.

Esta ausencia a algunas personas les pareció rara, ante sus cuestionamientos comencé a reflexionar en torno a diferentes ideas, algo tendría que haber pasado. Muchas teorías, pero una fue la que más me convenció: como en aquella canción de Calle 13, tal vez todo se debe a que el mundo no me importa un bledo, y no se me malinterprete, no quiero decir que no asuma mi responsabilidad dentro de la comunidad y el ecosistema en el que habito, la forma de ser corresponsable con el ambiente y con la otredad, es algo que procuro y que no viene al caso para esta columna.

No me importa un bledo el qué hacen las personas de su vida, estoy convencido de aquel adagio de vive y deja vivir, que cada quien haga de su vida un papalote; creo que la clave medular, Juárez dixit, para la paz entre los individuos como entre las naciones, es respetar los derechos de los demás. Como dicen Miguel y Miguel en una de mis canciones favoritas de este grupo sierreño: “Están corriendo los años, Quiero disfrutar la vida… Cada quien vive como puede, cada quien busca su verdad, es dios quien te da la vida, y él te la vuelve a quitar, por eso es que en este mundo, es mejor no hablar de más” y remata el cantante hablando: y así nadie se siente.

No es fácil evitar meterse en la existencia de los demás, tenemos esa tendencia a querer que el otro sea como yo, todavía hoy en las discusiones de borrachera trato de convencer a mis contertulios de las bondades del Bacardí, a pesar de ser algo de mero gusto donde opciones y decisiones son personales. Lo mismo me pasa en casa a la hora de cocinar, me molesta que a las Marcelas y Rubencito no les gusten las carnes grasosas o las tripas, hígado y todas esas vísceras deliciosas.  

¿Y qué a todo esto? La columna de opinión no deja de ser sino una forma en que deseamos influir en los otros, asumimos (y por eso muchas veces las escribimos en tercera persona del plural) que lo que decimos es valioso, que nuestro punto de vista es privilegiado (por nuestro grado, cargo, conocimientos o personal situación) y que los demás deberían aceptarlo, al menos reflexionarlo y discutirlo, y que todo ello nos ayudará ya no digamos a mejorar el mundo, sino nuestra ciudad.

¿Cuándo escribía pensaba en influir? A veces sí, a veces no, algunas ocasiones asumía la pluma como autoridad (por supuesto que no lo soy) otras como simple comentador, y algunas más como un relator, describía hechos, como películas o libros sin darles mayor valoración. Pero a final de cuentas, ahí estaba tratando de tener un lector, un like, un retuit.

Yo no sé mucho de casi nada, aun así, retomo la escritura. Gracias a mis amigos de LJA.MX que me reciben de nueva cuenta. Aún no sé en qué papel lo hago, ni siquiera si alguien me lee en realidad, ni si quisiera influir o preferiría flotar sin que el mundo me importe nada. No obstante, como diría Francisco Xavier: aquí estoy. 

 

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