Soy totalmente polarizado/ A lomo de palabra  - LJA Aguascalientes
02/07/2022

Hipótesis, primera aproximación

Sospecho que, para muchos connacionales de la clase media, de unos cuatro años para acá, la llamada “polarización” es una asequible fuente de identidad.

 

Rusa

— ¿Y cuál te tocó? –me preguntó la mujer que me corta el pelo.

— La Pfizer.

— ¡Uy, qué buena suerte!

— ¿Por…?

— Con esa puedes ir a Estados Unidos… A mí me pusieron la rusa.


— ¿Y viajas mucho a Estados Unidos?

— No, nunca he ido.

 

Doble personalidad

En 1937 Mario Moreno debutó en el cine: No te engañes, corazón, de Miguel Contreras Torres. El cómico personifica a “Canti” —apócope de Cantinflas—, un pelado que quería aparentar ser un fifí. Tan pronto concluyen los créditos, aparece en pantalla la siguiente leyenda: “En cada hombre hay una doble personalidad: la propia y la que aparenta”.

 

Sputnik

— O sea…, ¡qué trauma!  —sigue hable y hable la señora tatemada, 52 años si hemos de creer lo que sin que nadie le preguntara nos dijo hace un rato, embadurnada de bronceador en toda su abrupta orografía corporal paupérrimamente cubierta por el minúsculo bikini— ¡Un hoooo-rro-ooorrr! —dice gesticulando y manoteando como lleva haciéndolo desde hace media hora, tan pronto se posesionó del camastro que está junto al de Inés—. ¡No me aceptan la Sputnik en España! López se pasa, oigan.

 — ¿Y cuándo tienes programado tu viaje?

—¡Uy, no! Necesito como doscientos mil pesos —responde fugazmente entristecida y apura un traguito a su daiquiri.

 

Snob

En la primera secuencia de No te engañes, corazón, don Boni (Carlos Orellana) le cuenta a una compañera de trabajo que su hija se casará con “el hombre al que ella quiere”, quien pronto se titulará como arquitecto…

— ¡Quién tuviera esa suerte! —suspira ella— Un arquitecto, para mí no llegará ni un maestro de obras…

Pero doña Petronila (una joven actriz, Sara García), esposa de don Boni, está tramando otra cosa: casar a su hija con el casero, el señor Monforte (Paco Martínez): “comerciante, próspero, que fue de la nobleza…”

 

Argucias

— ¡AMLO ha destruido todo lo que habíamos construido durante más de 30 años!: la idea de un México justo, próspero…

— ¿Pero de qué México hablas?

— Dije “la idea…”, la idea de un México justo, próspero, sano, sin polarización…

 

Nada, nada…

Primera aparición cinematográfica de Cantinflas (No te engañes, corazón): él y “Don Catrino” (Eusebio Pirrín) están literal y figuradamente en la calle:

— Oye, Canti.

— ¿Qué pasó?

— ¿No traes dinero?

— ¿Eh?

— ¿Dinero?

— Ni un centavo.

— ¿Nada, nada?

— Nada, nada. ¿Pues cómo quieres que traiga si nunca he traído nada?

Origen es destino.

 

Polarización escandalosa

El World Inequality Report 2022 informa: en México el 10% de los más ricos concentra el 57% de los ingresos totales en el país, mientras que el 50% de los más pobres posee el 9%. El 10% de los más ricos ingresa treinta veces más que el 50% de los más pobres. Los más pobres de México no tienen nada —su riqueza neta es negativa: tiene más deudas que propiedades—. En el otro polo, cada persona ubicada en el 10% de la población más rica posee en promedio 6.5 millones de pesos en riqueza. La polarización en México es una realidad económica escandalosa.

 

Gente decente

En su siguiente aparición, Canti está en la barra del salón de baile. La orquesta toca, hombres y mujeres elegantes departen animados. El cantinero le sirve una copa…

 — Oiga usted, señor. 

— Diga usted.

— ¿No tiene usted algo mejor que esto?

 — Sí, señor, mucho mejor.

 — Algo que sea mejor, en calidad.

— En calidad y en todo.

— Y que cueste caro, no le hace… ¿Qué tiene, usted?

— Lo que usted desee tomar, señor.

— Tepache.

— Eso aquí no se sirve, señor.

— Entonces deme una botella.

— ¿De qué?

— De café con leche…

El disparatado diálogo continúa y pronto queda claro que Canti no trae para pagar. Dos camareros proceden a sacarlo a empujones…

— ¡Esta no es la forma de tratar a la gente decente!

 

Aspirar

— ¡Ay, no…, me choca! El señor nos ataca todos los días desde su púlpito mañanero —espeta la dama que está justo frente a mí. En esa mesa estamos sentadas unas diez personas, todos comiendo pozole, compartiendo el tiempo, las cervezas, el tequila y la alegría de volvernos a reunir. La tradicional comida de fin de año en casa de los Domacé reúne amistades variopintas.

— ¿Ves las conferencias del presidente?

— ¡Dios me libre! Nunca.

— ¿Y a quiénes ataca?

— A los fifí, a los que aspiramos a tener un poco más con nuestro trabajo… ¿No ves que odia a los aspiracionistas?

Le doy un llegue a mi tequila, suspiro, y comienzo a explicarle la diferencia entre tener aspiraciones y ser un aspiracionista: — Un aspiracionista pretende ser lo que cree que es quien sueña ser, y se desvive por aparentarlo; algo muy distinto a alguien con aspiraciones. Quien aspira a ser arquitecto, estudia; quien sueña con ser totalmente Palacio, trata de dar el gatazo a tarjetazos…

— Bueno, bueno… —interviene el marido de la dama que se siente atacada por AMLO aunque nunca lo oye—. No hablemos de política que de por sí el país ya está muy polarizado.

 

Argucias

La queja lastimera de la “polarización” en la que ha caído el país desde 2018 no es más que una argucia política: se acusa que el país está “profundamente dividido y polarizado” para hacer creer que no se trata de una minoría privilegiada enojada, sino una fuerza de igual tamaño que la que encabeza AMLO.

 

Hipótesis, segunda aproximación

Lo que los conservadores llaman “polarización”, y lamentan, es un cambio en el rol que desempeña el gran público en torno a los asuntos públicos: de aburridos y desinteresados espectadores a participantes activos, apasionados en muchos casos.

  

@gcastroibarra

 

 

 

 


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