Testamento político de AMLO ¿precaución o premonición?/ Bravuconadas  - LJA Aguascalientes
26/05/2022

La mañana del domingo 23 pasado, México despertó con una buena parte de la clase política y algunos sectores fundamentales de la vida nacional (el económico, financiero y el social) un tanto inquietos ante el reconocimiento que, sobre la salud de sí mismo, expresó el presidente López Obrador; ello a través de un breve video comunicado de casi 8 minutos a su regreso a Palacio Nacional, tras la discreta crisis médica que inició un día antes, aunque sin desconocer que fue una secuela del infarto sufrido ocho años antes y de la hipertensión arterial que acusa el propio tabasqueño. El evento no es menor, la importancia para la vida del país que ronda en torno a la salud del titular del Ejecutivo nacional es de la mayor jerarquía, sobre todo en estos momentos en que la realidad que define nuestro momento histórico como país está en una posición tan comprometida (en lo económico, en lo sanitario, en la seguridad, en lo financiero, en lo político, en lo…).

En el video narra el presidente López, las circunstancias que motivaron la realización del ahora ya famoso cateterismo cardiaco en su persona del viernes 21 en el Hospital Militar, y que previamente fue anunciado, primero por el vocero presidencial Jesús Ramírez y, posteriormente por el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, para la tranquilidad de la República. Los mensajes de los funcionarios no fueron precisos, y hubo necesidad de esperar el relato del presidente López para conocer con mayor precisión la situación en torno a su salud. 

No sobra decir que, por haberse desarrollado esta situación en fin de semana, la opinión pública ha reaccionado con limitaciones, esperando quizá madurar los posibles efectos relativos a la salud presidencial y la estabilidad del país, para valorarlos públicamente. Pero regresemos al video presidencial. Tras una detallada relatoría del suceso, y más allá de las palabras pronunciadas por el mismo López Obrador, hay dos señalamientos que nos llaman la atención. Uno. Hacia el minuto 3 con 35 segundos, el presidente concluye, como para sí mismo, “…tras pasar la noche (del viernes) en el Hospital Central Militar, y ya estoy bien, aquí, de nuevo, en Palacio…”. Su lenguaje corporal es un poco indiscreto al mostrar un Andrés Manuel López Obrador, un tanto triste, al reconocer su realidad personal respecto a su salud y la, seguramente, sugerencia de sus médicos de que se disminuya el ritmo y la intensidad de su activismo cotidiano.

Dos. Hacia el minuto 5 con 20 segundos, AMLO comparte a la potencial audiencia de su video comunicado, que el tiene un testamento político, afirmando que él no puede dejar un país en un proceso de transformación, que no puede actuar con irresponsabilidad, reconociendo de viva voz sus antecedentes de infarto e hipertensión, de la intensidad de su trabajo y sin menospreciar la posibilidad de la pérdida de su vida. Tal cual. Sí consideramos ambos señalamientos, debemos ponderar la información que nos comparte López Obrador respecto a la conciencia de su situación personal, de su desempeño y rendimiento en el futuro inmediato en la presidencia de la república. 

El columnista Enrique Quintana, reiterada fuente de Bravuconadas, señala como una primera opinión identificada respecto al tema que nos ocupa, que: “El mayor desafío del presidente López Obrador será concluir su sexenio sin que se presente una crisis política o financiera. Tal vez muchos ya no lo recuerden, pero en la historia de México los procesos sucesorios y el fin de sexenio traían consigo lo que se llegó a conocer como ‘crisis sexenales’.” Este desafío de AMLO da sustento al anuncio de su testamento político. Es definitivamente un tema que preocupa al presidente, y va en sintonía con la idiosincrasia lopezobradorista, que asume que el gobierno es él, que no hay una vía distinta para su denominada “Cuarta Transformación” que no sea la que habita en su cabeza y su ánimo. La Constitución, las leyes, las instituciones, por su historia plagada de “perverso neoliberalismo”, según palabras del propio líder de la 4T, no son opción para México, luego es necesario dejar un testamento político orientador.

Sin embargo, aunque el manifestado testamento se entiende como dirigido a la nación, y cuyo supuesto contenido sólo conoce el autor, en los hechos, sólo ha de ser atendido por sus seguidores y simpatizantes políticos, por su “movimiento de regeneración”. El resto de la patria está más preocupada por salir del hoyo en el que está atrapada en estos momentos, producto, según los propios datos oficiales, de los graves desatinos del gobierno de los últimos tres años.

El desmoronamiento de la economía mexicana, el crecimiento de la pobreza, el persistente desempleo, la inflación, la carestía rampante, el creciente déficit fiscal, la precariedad del sistema de salud nacional, la desorbitante deuda de PEMEX y de la CFE, la desconfianza de los inversionistas, la escalofriante inseguridad, la creciente corrupción de la “nueva” clase política, la incontrolable migración, el descrédito de la política internacional, la voracidad presupuestal de las magnas obras del sexenio, y un largo y triste etcétera. Todo esto, más allá del mundo paralelo que habita el presidente, seguramente, como sucedió la semana pasada, afloró en el cuadrante de la realidad de López Obrador, y lo preocupó, en esos momentos extraordinarios de contacto con su crudeza.

En esos momentos aciagos presidenciales, como presumiblemente sucedió el viernes 21, las alarmas en el ánimo de AMLO deben sonar con estridencia, y más allá de su conciencia o voluntad, su componente de persona humana reacciona y responde, con ansiedad primero y con angustia después, y preventivamente, como adivinando un imponderable catastrófico a su proyecto “transformador”, admite la necesidad de su testamento político. ¿Precaución o premonición?

Por la seguridad de México, deseamos una recuperación plena de la salud del presidente López Obrador, y que en su oportunidad revise las opciones y alternativas que debe y puede promover para nuestro sufrido país.


 

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