El individuo y las tribus/ El peso de las razones  - LJA Aguascalientes
17/08/2022

En su cuento “El Congreso” -publicado en El libro de arena– Borges explora un problema que tiene que ver con la identidad personal y sus nexos colectivos. Conocemos las obsesiones metafísicas de Borges, una de ellas su propia identidad, así como la duplicidad y los espejos. El pretexto narrativo del cuento es el intento de fundar un Congreso del Mundo, el cual representaría a todas las personas de todas las naciones. ¿Es esto siquiera posible? El cuento de Borges es un experimento mental interesante para someter a prueba la tentativa.

El problema principal surge desde un inicio: “Twirl, cuya inteligencia era lúcida, observó que el Congreso presuponía un problema de índole filosófica. Planear una asamblea que representara a todos los hombres era como fijar el número exacto de los arquetipos platónicos, enigma que ha atareado durante siglos la perplejidad de los pensadores. Sugirió que, sin ir más lejos, don Alejandro Glencoe podía representar a los hacendados, pero también a los orientales y también a los grandes precursores y también a los hombres de barba roja y a los que están sentados en un sillón. Nora Erfjord era noruega. ¿Representaría a las secretarias, a las noruegas o simplemente a todas las mujeres hermosas? ¿Bastaba un ingeniero para representar a todos los ingenieros, incluso los de Nueva Zelandia?”. El punto, como puede verse, es que la representación política depende de la naturaleza de la identidad personal. En aquellos tiempos, aunque no con la intensidad y vehemencia de los nuestros, ya se comenzaba a delinear la importancia de las tribus. Se pensaba, y se piensa hoy con mayor radicalidad, que la identidad personal siempre depende de lo que la une o separa de una abstracción colectiva.

Pero al igual que sucede con el problema de la representación en el Congreso del Mundo que imagina Borges, nuestras identidades son plurales. Resulta imposible agotar mis posibles pertenecías, vínculos y alianzas. Quizá sólo somos islas con vecindades. También resulta tramposo jerarquizarlas o reducirlas todas a una. Amartya Sen, el gran economista y filósofo de Harvard, defiende por esta razón la pluralidad irreductible que habita en cada una y uno de nosotros: “La misma persona puede ser, sin ninguna contradicción, ciudadano estadounidense de origen caribeño con antepasados africanos, cristiano, liberal, mujer, vegetariano, corredor de fondo, historiador, maestro, novelista, feminista, heterosexual, creyente en los derechos de los gays y las lesbianas, amante del teatro, activo ambientalista, fanático del tenis, músico de jazz y alguien que está totalmente comprometido con la opinión de que hay seres inteligentes en el espacio exterior con los que es imperioso comunicarse (preferentemente en inglés). Cada una de estas colectividades, a las que esta persona pertenece en forma simultánea, le da una identidad particular. No se puede considerar que alguna de ellas sea la única identidad de la persona o su categoría singular de pertenencia”. Por mi parte, me niego a diluir mi particular persona en una tribu que la someta y la juzgue, y cuando disienta la acribillen como hereje. La herejía es la desaprobación grupal a un individuo que no termina por desaparecer en la masa informe de la tribu.

Así, ¿qué sucede con la tentativa que imagina Borges? ¿Sería posible un Congreso que representase a toda la humanidad? No a partir de la pertenencia a determinados colectivos. Puesto que, de manera adicional al problema de la identidad personal, ¿cuántos y cuáles colectivos incluiríamos? Una representación adecuada se enfrenta con el mismo problema con el que se enfrentan los distintos modelos de votación: ¿es en verdad posible capturar la voluntad del pueblo? Quizá no sea posible una representación de toda la humanidad, y quizá lo sea menos usando el concepto de naciones, ¿pues acaso no son el paradigma de abstracciones tribales? Quizá no sea posible tampoco enlistar todos los posibles colectivos que la imaginación humana pueda erigir. Pero ¿es esto deseable siquiera? Por mi parte pienso que el único colectivo que importa es la humanidad entera, y no sólo ella, pues incluiría a muchos animales no humanos. El tribalismo va en contra de lo que nos une, y eso que nos une es por lo único que, considero, vale la pena luchar.

[email protected]

 


Show Full Content
Previous Argucias chafas/ A lomo de palabra 
Next La 4T: ante la arrogancia y la impotencia/ Bravuconadas 
Close

NEXT STORY

Close

El Isssspea gasta mensualmente 6 millones de pesos en pago a pensionados

06/08/2021
Close