¿Qué disco cambió tu vida?/ El banquete de los pordioseros  - LJA Aguascalientes
04/10/2022

En el Banquete de la semana pasada platicábamos de que el rock nos mantiene para siempre jóvenes, o quizás lo podamos entender como  una forma digna de envejecer, no sé, de cualquier manera el arte, la música, en este caso concreto el rock, nos hace vibrar, nos estremece de los pies a la cabeza, nos hace sentir vivos, pero también nos hace pensar, nos sume en profundas reflexiones o bien, el rock se convierte en un estandarte, en una declaración de principios, en un compendio de convicciones irrenunciables que nos hacen ser lo que somos y dan sentido a nuestra existencia, nuestra razón de ser.

Pues bien, en este afán de recapitular algunos discos emblemáticos de rock, y que de alguna manera han sido factor determinante en mi acercamiento a esta apasionante música, me gustaría compartir contigo, estimado comensal de este banquete, a riesgo que quedarme corto y con la plena conciencia de lo limitado del espacio, algunos de los discos que fueron motivo de mi irrenunciable acercamiento al alucinante mundo del rock. Yo sé que me dirás que faltó este o aquel, bueno, debo aclarar que no pretendo proponerte una lista de los mejores discos de rock, lo que por supuesto, además de estéril es imposible, solo pretendo compartirte una lista de los discos de rock que han sido un ancla o un gancho que me atrapó para siempre en este género musical. Pues bien, inicio mi lista de discos.

Quiero iniciar con un disco que me capturó desde la primera escucha y que me sumergí sin resistencia en sus profundidades, cada vez que lo escuchaba le encontraba cosas nuevas y me rendí dócilmente a sus encantos, estoy hablando del Abbey Road de The Beatles, el disco es de 1969 pero yo lo conocí por ahí de 1975, a mis doce años de edad. No fue solamente deleitarme con sus delicias musicales, sino que fue definitivamente una puerta de acceso a un inmenso mundo de posibilidades sonoras. Antes de escuchar Abbey Road para mí solo existían, obvio, The Beatles, Elvis o Bill Halley, después de Abbey Road tuve una primera idea, todavía imprecisa, del vertiginoso mundo que me sonreía seductoramente.

Quadrophenia de The Who, disco y película, fueron la sacudida más violenta que me ha dado el rock. Vi la película en el cine Dorado 70, ¿lo recuerdas?, acompañado por mi entrañable amigo y gurú del rock Alejandro Arenas Martell. La película es de 1979, y está basada en la ópera rock de 1973, posteriormente a la película conocí el disco y puedo decir que además que a consecuencia de Quadrophenia conocí a The que no tardó en convertirse en una de mis agrupaciones favoritas, de hecho no temo en señalar a Roger Daltrey como el mejor vocalista en el rock, también me adentré en material musical que no me imaginaba que existía, después de Quadrophenia, y a consecuencia de esta obra, conocí discos que además del impacto que me provocaron, también me dieron la posibilidad de deleitarme con su belleza y a su vez, me invitaron a ir más allá, recuerdo, por ejemplo, Breakfast in America de Supertramp publicado en 1979, era entonces un disco nuevo, y  de alguna forma lo sigue siendo, el delicioso Second Out de Genesis, el mejor disco en vivo de esta asociación musical británica, y ya que hablamos de rock progresivo, me topé de frente con Uomo di pezza de Le Orme, ese encontronazo si me dejó noqueado, ni las manitas metí. No entendía cómo era posible que en el rock existieran esas delicias, ese suculento manjar en donde se daban amorosamente la mano el rock y la gran música de concierto, específicamente la música barroca, bueno, finalmente italianos, y de Le Orme el acceso a otras agrupaciones italianas era ya muy corto, la P.F.M. Il Balletto di Bronzo, New Trolls, Banco del mutuo soccorso, Quella vecchia locanda, en fin…

Y así, mientras el rock progresivo me seducía sin piedad, me daba el tiempo para echar un vistazo a otros lenguajes del rock, de esta manera tuve en mis manos con una fascinación que me llevó al éxtasis el disco Physical Graffiti de Led Zeppelin, y ya entrados en materia pude conocer el disco Deja vu de Crosby, Stills, Nash & Young, yo creo que es uno de los discos que más he escuchado, una y otras vez sin cansancio, con un interés creciente que no me daba tregua.

Pink Floyd y Emerson, Lake & Palmer se cocinan aparte, son de otro código postal. The Wall fue lo primero que escuché del cuarteto inglés, no es su mejor disco pero sí fue el que me llevó a The dark side of the moon, por ejemplo, a The piper at the gates of dawn o Animals.  Por otro lado, del trío británico Emerson, Lake & Palmer escuché la grabación en vivo desde Montreal, un disco que hoy no lo considero tan grande como me pareció en su momento, pero sí me llevó a interesarme más en ellos y así conocí Tarkus, Trilogy o Brain Salad Surgery, y por supuesto, el primero que es homónimo y de ahí partí a conocer el antecedente de Emerson, Lake & Palmer, obviamente el trío The Nice con la misma vocación por coquetear con la gran música de concierto y claro, quedé fascinado.

De alguna manera estos fueron los discos que cambiaron mi visión de la música y   por los que entendí que el rock no es solo un género musical, sino una forma de vida. Larga vida al rock. Así sea.

 



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