De quién es la Universidad (3)/ Cátedra  - LJA Aguascalientes
04/10/2022

 Intentaré exponer un panorama muy general de las diversas etapas históricas de la Universidad haciendo énfasis en la evolución de su forma de gobierno, en el entendido de que siempre se ha manifestado una pugna entre el anhelo de libertad de pensamiento y acción de sus integrantes y las fuerzas de presión externas que han pretendido incrementar o por lo menos conservar su poder social, político y económico apoyados en los avances de los universitarios en el terreno del conocimiento, para lo cual imponen limitaciones o desviaciones contrarias al propósito esencial de la Universidad.

LA UNIVERSIDAD. Cuando se empieza a investigar sobre la historia de la Universidad, normalmente nos encontramos con que los datos se limitan al ámbito europeo a partir del año 1,000 d.C., que es cuando aparece la primera institución de la cual se deriva, formalmente, lo que conocemos actualmente con el nombre de Universidad: la de Bolonia, en la península Itálica.

ENSEÑANZA SUPERIOR. Esto, sin embargo, no significa que hayan surgido de la nada, pues desde que la humanidad dejó de ser nómada al mejorar el clima después de concluir la última glaciación hace 10 mil años -gracias a los conocimientos adquiridos por la mujer al descubrir el secreto de la reproducción de plantas y animales-[1] se convirtió en sedentaria al inventar la agricultura y la ganadería, con lo cual aseguró la obtención permanente de alimentos; con el paso del tiempo y el crecimiento de sus comunidades que tuvieron que organizarse socialmente hasta aparecer las primeras formas de gobierno, ante la necesidad de establecer reglas de carácter económico, jurídico y político debido a la aparición del concepto de propiedad, aparecieron las primeras escuelas que fueron evolucionando desde la forma más elemental hasta que la clase en el poder, ante la necesidad de contar con el apoyo de personas con mayores conocimientos para administrar las instituciones de los gobiernos -cada vez más complejos- consideraron necesario crear escuelas de nivel superior, lo cual ocurrió en todas partes del mundo puesto que durante 80 mil años se habían ido dispersando a los cuatro vientos en oleadas sucesivas desde nuestra cuna original que fue África.

Al convertirse en un apoyo para la clase propietaria, los egresados de las escuelas superiores fueron convirtiéndose en indispensables para los gobernantes, participando así de privilegios que les permitieron disponer de tiempo para estudiar e ir acumulando conocimientos que fueran útiles para la clase en el poder.

EUROCENTRISMO. De esas escuelas surgieron lo que en Europa llamaron universidades, uno de los instrumentos utilizados por las potencias europeas para imponer su dominio en el resto del mundo, de manera que todos los seres humanos vemos la historia con ojos europeos, lo cual ha provocado muchas confusiones que después de 500 años de sometimiento -primero básicamente económico y político y ahora básicamente económico y cultural- se ven como normales pues nadie repara en el absurdo permanente. Por ejemplo, los europeos afirman que su cultura es “occidental” y que la cultura China es “oriental”; y nosotros lo repetimos mecánicamente, pero eso no es cierto; para nosotros lo que está en Oriente son, precisamente, el continente europeo y el continente africano; y lo que tenemos en Occidente es el continente asiático, de manera que para nosotros la cultura china está exactamente al contrario de lo que es para los europeos.

 

Por eso los ejemplos más remotos de antecedentes de la Universidad que nos presentan la mayoría de los investigadores eurocentristas son -si bien con el mayor mérito de calidad por el hecho de tener “como ideal el formar una personalidad armoniosa, dotada de una educación intelectual, corporal y artística equilibrada, que valorase la inteligencia, el saber, el culto a las artes y la elevación espiritual”– de la tradición grecorromana, base y fundamento de la cultura europea: la Escuela Pitagórica de Crotona, península Itálica, establecida en el siglo VI a.C.; la Academia de Platón y el Liceo de Aristóteles en Grecia y la escuela con la formidable biblioteca fundada por Ptolomeo Sóter en Alejandría, Egipto, en el siglo IV a.C.[2]

Sin embargo, resulta que antes que estas instituciones de enseñanza superior europeas, fueron fundadas otras más antiguas en Asia, de no menor calidad, como es el caso de las escuelas brahmánicas de India que, como  nos dice Edgar Faure, fueron las primeras que conoció el mundo y “dieron de entrada el ejemplo perfecto de una educación fundada en la filosofía y la religión, pero al mismo tiempo pivotando en el estudio de las matemáticas, de la historia, de la astronomía y hasta de las leyes de la economía.”[3]

Y así como esto podríamos mencionar otros ejemplos de las riquezas materiales, intelectuales y espirituales de las que se apropiaron los europeos para expandir su dominio por el mundo. Solo tres ejemplos de origen chino de entre los incontables que hay: la brújula que utilizaron para dispersarse por todos los mares; la pólvora que utilizaron para matar, saquear y esclavizar; el papel y la imprenta, instrumento versátil que puede utilizarse para bien y para mal; ¿y de allá para acá qué decir de las drogas como el opio -que no es de origen chino- y la cannabis -que no es de origen americano- o como las enfermedades con que invadieron y despoblaron un continente que no era suyo?


Es cierto que los países europeos poseen una riqueza cultural que debemos reconocer y aprovechar; pero también es cierto que ya es hora de que empecemos a despojarnos de los hechos y costumbres negativos que nos impusieron y nos siguen haciendo daño. Tal vez estas afirmaciones no parezcan tener relación con nuestro tema, pero más adelante veremos como sí la tienen.

Nos veremos la próxima semana.

 

Por la unidad en la diversidad

Aguascalientes, México, América Latina

[email protected]

 

 

 

 

[1] Esta es una teoría personal del autor.

[2] La Universidad: sus orígenes y evolución. Galo Gómez Oyarzún. Deslinde, cuadernos de cultura política universitaria número 79, UNAM Julio 1976.

[3] Aprender a ser. La educación del futuro. Edgar Faure et al. Alianza/UNESCO, Madrid, 1973.


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