Primera vez/ Debate electoral  - LJA Aguascalientes
02/07/2022

Según las proyecciones derivadas del censo levantado en 2020, para este año habitaremos la entidad alrededor un millón y medio de personas. De acuerdo con cifras del INE al pasado 18 de febrero, del total, poco más de un millón (1’039,628) han solicitado su inscripción al padrón electoral, es decir, tienen dieciocho años o más cumplidos al 5 de junio y acudieron a los módulos instalados por el registro de electores a solicitar su credencial para votar.

De estas últimas, solamente podrán votar las personas que, una vez solicitado el trámite, hubieran recogido físicamente su credencial, y por ese hecho, engrosen las filas de la lista nominal. Más que un simple número, la lista nominal implica que la persona que obtuvo la credencial podrá hacer uso de ella para lo que es su naturaleza, la participación en la jornada electoral, y que su presencia podrá ser contrastada en el cuadernillo que la mesa directiva posee en cada una de las casillas que se instalarán en el territorio del estado.

Con el mismo corte, el INE informa que se encuentran enlistadas el 99.4% de personas empadronadas, por lo que son solamente algunas cuantas las que aún no han recogido su credencial, a quienes invito cordialmente a concluir su trámite antes del 11 de abril, y así tener las herramientas para ejercer su voto en junio próximo.

Ya he referido anteriormente que las instituciones electorales han abonado considerablemente al proceso de democratización que vivimos en México, proceso que tiene sus orígenes más remotos en los movimientos sociales de las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado. Es indudable que, a partir de entonces, la reforma del estado de 1977, las crisis económicas, los terremotos de septiembre de 1985 y la elección de 1988, entre otros factores internos y externos, transformaron al país y, como consecuencia, se han ido generado condiciones que han permitido avanzar en el proceso de construcción de ciudadanía, y por ende de democratización.

Las y los jóvenes que votarán en este proceso electoral por primera vez, nacieron entre 2003 y 2004. Esto significa que para ellas y ellos siempre ha existido la institución electoral, todas y todos tenemos una credencial para votar confiable, las casillas se instalan siempre y con toda seguridad, la votación se hace en urnas transparentes y las controversias que pudieran surgir derivadas de la elección se dirimen en tribunales especializados en la materia.

Quizá esa sea una de las causas por las que las personas que se encuentran entre los 18 y los 24 años participan en menor medida en las elecciones, contrastando con las personas de entre 60 y 69 años, quienes estadísticamente participan más. Por establecer el comparativo, mientras los muy jóvenes acaso rebasan los cincuenta puntos porcentuales de participación, quienes han alcanzado la madurez y se enfilan a la adultez mayor, votan en proporción de siete de cada diez. Es muy probable que las y los mayores, quienes conocimos las vicisitudes en las que se desarrollaban los procesos electorales hace más de treinta años, valoremos el contar con un sistema electoral como el que tenemos, con sus virtudes y sus defectos.

El reto, entonces, es lograr la comunicación con esas personas que por primera ocasión acudirán a las urnas y hacerles ver las bondades de este sistema, que conocen, contrastándolas con imágenes que, al no haberlas vivido, seguramente las encontrarán tan distantes, históricamente hablando, como la llegada del hombre a la luna o el mundial de México 86.

Bienvenidas las 52,788 personas que tienen entre 18 y 19 años y ya se encuentran en posibilidad de obtener la credencial, lo que les permitirá ir a votar. El compromiso que adquirieron no es menor, si consideramos que mucho se discute si el voto debe ser una obligación o un derecho. En realidad el voto debe ser visto como un privilegio, al que desafortunadamente no todas las personas pueden o, en su caso, quieren acceder, y que el hecho de levantarse de la cama el primer domingo de junio, sacrificar tiempo para acudir a las urnas, desplazarse hasta la casilla y tomar una decisión que, directa o indirectamente, va a influir sobre su futuro inmediato, representa, como cada elección, el recordatorio constante de que el sistema nos funciona.

 /LanderosIEE | @LanderosIEE



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