Tristes guerras/ Yerbamala  - LJA Aguascalientes
02/07/2022

Tropas de la Federación Rusa invadieron a su vecina Ucrania, marcando un indudable punto de inflexión en la realidad contemporánea. Hasta el momento, se mantiene la ofensiva rusa por lo que sabemos, no sin una guerra abierta por el control de la información. Ya decía un sabio que cuando hay guerra, la primera víctima es la verdad. Y no se equivocaba. Lo vemos en Ucrania, al igual que en otras muchas regiones del mundo. Así que ante la falta de fuentes y medios confiables de información, a falta de distingos entre información y opinión o entre hechos y sesgos, van algunos apuntes que nos pueden ayudar a entender un poco mejor dicho conflicto, en apariencia tan lejano:

  1.               Origen es destino

Ucrania fue una república de la Unión Soviética hasta 1989, año de su explosión y fragmentación. Es decir que es un país de independencia muy reciente. Ucrania tiene un importante pasado común con Rusia, y su territorio alberga una importante minoría rusófona y étnicamente rusa (aproximadamente un 10% de su población) de cuyo bienestar es responsable bajo todas las normas internacionales. Después de su independencia, Ucrania firmó un memorándum de entendimiento con la Federación Rusa, sucesora de la URSS, llamado “Acuerdos de Minsk”. Dichos acuerdos no fueron cumplidos por Ucrania, azuzada por las potencias extranjeras con intereses en la región, lo que ha traído escaramuzas armadas entre facciones separatistas y tropas ucranianas al menos desde 2008, con miles de muertos y desplazados. La mayoría de las víctimas eran rusos étnicos dentro de Ucrania. Especialmente en las provincias del este, llamadas El Donbas. A raíz de dichos conflictos y de unos 14 mil muertos, diríamos, “guerras de baja intensidad”, dos territorios del este ucraniano se declararon repúblicas independientes, cosa que fue recientemente reconocida por Rusia en un preludio de lo que venía.

  1. Osos de peluche

Rusia se ha distinguido históricamente por su fiereza frente al otro. Desde el tiempo de la Rus de Kiev medieval, pasando por Iván el Terrible, hasta llegar a la derrota de Napoleón y luego de los nazis en la toma de Berlín el 2 de mayo de 1945 por el Ejército Rojo. Así que no importa mucho si la actitud de Ucrania es una amenaza real o no, puesto que el Kremlin de Putin encuentra el expreso deseo de los sucesivos gobiernos de Ucrania de ingresar a la OTAN, contra los compromisos de Minsk, como algo absolutamente inaceptable para su seguridad exterior. Y así lo ha venido expresando en diferentes foros internacionales por muchos años. La invasión rusa entonces no es más que la consecuencia de los hechos. Tan previsible o imprevisible como se quiera y según la fuente.

III. ¿David contra Goliat?

Envalentonada por el armamento y las promesas que recibió y recibe de occidente, de los Estados Unidos y la OTAN en particular, Ucrania no ha tenido empacho en escorar a la derecha, con tendencias virulentas, racistas y neonazis. Y ha decidido que es su derecho absoluto el rearmarse peligrosamente y practicar todo tipo de atropellos contra las minorías rusas en su territorio por muchos años. Pero tal vez el punto de inflexión lo marque la reforma constitucional que permite su admisión a la OTAN, o la muy reciente declaración del presidente ucraniano (actor cómico antes de ser popular político bajo el patrocinio y protección de un poderoso empresario de medios ucraniano, en algo que pareciera un fenómeno global donde los showmans y performistas se vuelven súbitos estadistas), de que Ucrania debería contemplar su rearme nuclear. ¿No ha sido entonces la actitud de Ucrania frente a Rusia una especie de juego con fuego?

  1. IV. No a la guerra

No se puede compartir de ninguna manera la idea de la guerra como método válido de solución de conflictos. Hacer las paces desde un cambio social urgente es un imperativo si los humanos deseamos sobrevivir. Pero lo que ahora vemos era una guerra largamente larvada y aplazada. Claro que no es deseable volver a los tiempos de la guerra fría, que en realidad nunca fue tan fría. Pero tampoco se puede ser tan hipócrita pretendiendo ahora que lo que Rusia hace en Ucrania es diferente a lo que han hecho los Estados Unidos de América en tantos países del mundo (México, para no ir tan lejos en 1847, o luego en 1914 y 1916-17), o diferente a lo que hacen y hacían todas las antiguas potencias coloniales europeas en África y en América, o lo que hace ahora Arabia Saudita contra Yemen, o lo que hace Israel contra los palestinos. Curiosamente, de esto nadie hace un escándalo de medios hasta ahora, a pesar de que la injusticia se produce junto con la ingente cuenta de muertos y heridos que sube todos los días. Incluso Israel se atreve a decir que las actitudes rusas violan “flagrantemente el orden internacional” cuando lleva violándolo incontestablemente desde los cincuenta del siglo pasado bajo la complacencia del mundo.

  1. Business are business

Se sabe que la guerra es ante todo un asunto de mercaderes. Un gran negocio donde muere gente inocente. EUA, Gran Bretaña, Europa y sus socios, reaccionan por el momento a la reciente invasión rusa con numerosas sanciones económicas. ¿Se dan así un tiro en el pie o es una mera simulación? ¿El mundo occidental se puede privar de los energéticos que Rusia le vende? Pero en el colmo de lo orwelliano, la Unión Europea decidió ayer usar sus fondos de la paz (450 millones de euros) para enviar asistencia militar (Así es, sus fondos de paz serán para que Ucrania compre más armas) a Ucrania. Así también Alemania y Francia, como otros países europeos, han cambiado súbitamente su propia política de no intervención para enviar también asistencia militar a Ucrania. Cabe preguntarnos entonces si los fuegos se apagan con gasolina, y si armar más a Ucrania ayudará a resolver o siquiera a distender el conflicto armado. Triste papel subordinado e impresentable el de los 27.

  1. VI. Vivan las libertades públicas

Se dice repetidamente desde diversos medios occidentales que hay que combatir y desacreditar por todos los medios a la agresiva dictadura comunista rusa que amenaza al mundo Pero da el caso que la URSS se extinguió en 1989, como también es evidente que Vladimir Putin lidera una potente coalición de gobierno autoritaria y conservadora, muy lejos del comunismo y muy cerca de la oligarquía. Y es evidente que el eje Moscú-Pekín está en plena construcción, lo que amenaza la decreciente hegemonía de los Estados Unidos. Más para Orwell: en defensa de la libertad, dicen cínicamente en la UE, pero también Canadá y Estados Unidos, decidieron suspender en sus territorios las transmisiones y la presencia en redes sociales de Russia Today (RT) y Sputnik, por ser herramientas, dicen, de propaganda del Kremlin. Y claro que no es censura, pero como se le parece. A la censura se suma Google. Por su parte, Twitter nos advierte sistemáticamente de que los citados medios y sus tweets son “gubernamentales rusos”. ¿Y no lo son acaso la BBC o la DW? Luego, también cabe preguntarnos si CNN o Fox, por decir dos ejemplos claros, no son ni han sido herramientas de propaganda de guerra en diferentes momentos de la historia reciente de los Estados Unidos (las dos guerras de Irak y las armas de destrucción masiva de Hussein que aún no aparecen, por ejemplo), o si CBC, RTVE, RAI, DW o BBC asumen posturas neutrales y rigurosas desde lo informativo cuando dan cobertura a hechos como los del conflicto ruso-ucranio, presentando sesgadamente a Ucrania como la indefensa víctima de una loca dictadura con capacidades nucleares. Pero más allá del sesgo evidente, va una pregunta importante, más allá de la guerra en Ucrania: ¿no tendremos acaso los ciudadanos del mundo la capacidad de decidir la fuente de información que deseamos?, ¿no seremos capaces de discernir y contrastar información contrapuesta o contradictoria?

VII. Tristes guerras


Ante la barbarie de la guerra, sea cual sea y donde sea, no queda más que acudir a las poderosas palabras de un poeta que bien sabía de lo que hablaba: “Tristes guerras/ si no es amor la empresa. /Tristes guerras. /Tristes armas/si no son las palabras. Tristes, tristes. / Tristes hombres/ si no mueren de amores. /Tristes, tristes”. Miguel Hernández, Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941).

 

@efpasillas 


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