Y, dónde está tu hermano/ Opciones y decisiones - LJA Aguascalientes
16/08/2022

En lo personal, me ha llamado poderosamente la atención, la nota de actualidad que, a no dudar, captura el interés de los ciudadanos del mundo respecto de los efectos reales y las profundas secuelas en el cuerpo total de la sociedad, que ha traído aparejada la pandemia del Covid-19, especialmente ahora que ya se vislumbra su estela de salida o mejor dicho de metamorfosis hacia su conversión en un factor endémico para la población mundial. En gran síntesis, el Sars-CoV2 baja su virulencia, pero se queda y habita, está con nosotros.

Dato que si bien nos ayuda a recuperar el aliento y nos deja un respiro de esperanza, al mismo tiempo nos extiende una cuantiosa factura del precio a pagar en los tiempos por venir, saldo pandémico que tiene efectos ciertos en la economía global del planeta y que por ello es calificada con toda su crudeza y colosal dimensión en tanto que desigualdad sistémica entre todos los países de la Tierra.

Gracias a un informe de alcance mundial, estamos siendo informados del estado en que quedamos, toda vez que habremos de afrontar las consecuencias y secuelas en múltiples dimensiones sociales, políticas y económicas que involucran al mundo entero. Su voz suena claro y fuerte con este mensaje inaugural: La desigualdad existente entre países, están fracturando nuestro mundo. Esto nunca ha sido fruto del azar, sino el resultado de decisiones deliberadas: la “violencia económica” tiene lugar cuando las decisiones políticas a nivel estructural están diseñadas para favorecer a los más ricos y poderosos, lo que perjudica de una manera directa al conjunto de la población y, especialmente, a las personas en mayor situación de pobreza, las mujeres y las niñas, y las personas racializadas. Así se expresa el ahora muy difundido informe. (Fuente: Oxfam. Informe de Oxfam — Enero de 2022. Autor principal: Nabil Ahmed. Autoras y autores contribuyentes: Anna Marriott, Nafkote Dabi, Megan Lowthers, Max Lawson y Leah Mugehera. .Las desigualdades matan. Se requieren medidas sin precedentes para acabar con el inaceptable aumento de las desigualdades por la COVID-19. Pp. 48. Notas. 58).

Antes de abordar algunos temas de particular importancia que cubre este análisis de gran aliento, quiero destacar esa notación central que subrayan sus propios autores y que refieren como: la “violencia económica”. Este concepto es altamente significativo, y lo es porque implica una gran construcción conceptual producida bajo procesos hipotético-deductivos, que a su vez están siendo contrastados con hallazgos metódica y científicamente investigados. A mí en lo personal, esta forma de verbalizar el núcleo central del problema que está al foco de atención, me remite y evoca a aquella otra síntesis admirable que, en su tiempo, cuajó el brillante economista y teólogo Franz Hinkelammert, en su obra “Las armas ideológicas de la muerte”; precisamente en tanto que la ideología capitalista dirigente y dominante a nivel mundializado, en detrimento de los países sometidos al subdesarrollo o en vías de desarrollo; y donde su voz se alzó desde América Latina. Puntos en donde la fraseología puede variar, pero los conceptos centrales se mantienen, aquí y ahora se les llama: “violencia económica”. Para mí, una visión precursora de gran alcance en el tiempo y en los efectos de aquellos conceptos centrales de la que fuera: Teología de la Liberación. Hoy, traducida en términos laicos y críticos, simples y llanos, violencia en y desde la economía.

Pues bien, atendamos a uno de los conceptos centrales del informe referido. Y que formula de la siguiente manera. Las normas sociales han hecho arraigar la idea de que el trabajo de cuidados no remunerado es responsabilidad de las mujeres y las niñas, lo cual se traduce en una distribución desigual de este tipo de trabajo entre hombres y mujeres, algo que ha empeorado a causa de la pandemia. La COVID-19 y las medidas de confinamiento han incrementado los niveles de trabajo de cuidados no remunerado y de trabajo doméstico, en un momento en que las familias disponen de menos recursos y un acceso aún menor a los servicios.

De manera que el asunto crítico queda referido al “trabajo de cuidados no remunerado”, al que emplaza en un momento histórico de impensables y profundos alcances, post-pandemia, post-crisis económica generalizada, y sí reeditación de la crisis mundializada debido a la guerra inducida por la invasión de Rusia contra Ucrania. El tema en sí trae tras de sí una larga cauda de afectaciones, cuyo antecedente más claro y más próximo a México se cifra en el debate forzoso que hubo de librarse en el Sistema de Salud nacional sobre los Cuidados Paliativos, tanto para enfermos con diagnóstico de cáncer terminal, como a quienes padecen de enfermedades crónico degenerativas.

A ese respecto, fue hasta la publicación del Acuerdo de obligatoriedad del Sector Salud de México, de brindar los Cuidados Paliativos a población abierta, (DOF, 26/12/2014), (1a. Sesión Ordinaria, celebrada el día 3 de diciembre de 2014. México, D.F., a 11 de diciembre de 2014. En que el Consejo de Salubridad General se pronunció: -Se declara la obligatoriedad de los esquemas de manejo integral de cuidados paliativos, así como los procesos señalados en la Guía del Manejo Integral de Cuidados Paliativos, misma que, para brindar una debida certeza jurídica, se incluye como Anexo Único del presente Acuerdo). La declaración explícita de esta nueva política específica de salud para México, marca un antes y un después para este tipo de servicios médico-clínicos de Cuidados Paliativos. Por vez primera el Estado Mexicano se pronunciaba no solamente a favor del cuidado de este tipo de enfermos, sino que institucionalmente se comprometía a proveer lo necesario para su debida atención y tratamiento. Antes, sin suponer que no sigue ahora privando la misma realidad, era la familia la única responsable de hacerse cargo de dichos enfermos; y reconocerlo así es asentir enfáticamente en que quienes lo hacían en casa eran -y siguen siendo- mayoritariamente las mujeres. Un costo no remunerado sobre su género y enfáticamente sobre sus espaldas.

Al tiempo, y gracias a la participación del Dr. Juan Ramón de la Fuente, él pudo advertir que: “Las actitudes ante la muerte son también muy distintas. Algunos quieren morir en su cama y otros prefieren hacerlo “con las botas puestas”. La mayor parte de los seres humanos deseamos vivir el mayor tiempo posible gozando de buena salud y morir sin sufrimiento. (De ahí que el tema de los cuidados paliativos se vuelva necesario, pues habría que recordar que el uso de opiáceos, cuando un enfermo experimenta dolor severo, es un derecho humano fundamental que todos debemos exigir)”. Este sin duda es uno de los tipos más sensibles de cuidado que recaen sobre las mujeres. 

Nuestro informe de referencia acota muy bien el saldo social que implica el requerimiento de la atención al interior de la familia. El trabajo de cuidados no remunerado que llevan a cabo las mujeres supone una enorme contribución a la economía. Oxfam ha calculado que este tipo de trabajo aporta a la economía un valor añadido de, al menos, 10,8 billones de dólares. (N. 233.- P. Espinoza Revollo. (2020). Tiempo para el cuidado, nota metodológica. Oxfam. https://dx.doi. org/10.21201/2020.5419). Sin embargo, sigue siendo una labor invisible, no reconocida y minusvalorada por la sociedad, la economía y la toma de decisiones políticas. (N. 234. M. Bolis, et al. (2020). Los cuidados en tiempos de coronavirus. Por qué el trabajo de cuidados debe ser un elemento central para un futuro feminista post COVID-19, óp. cit.). (Informe. Pág. 31)


Si la carga ya es gravosa en sí, más lo es cuando se interpone el factor económico del desempleo, sobre todo en la coyuntura post-pandémica actual. Además, el desempleo derivado de la pandemia también está afectando desproporcionadamente a las mujeres, sobre todo porque las medidas de confinamiento y distanciamiento social han afectado principalmente al sector de los servicios, por ejemplo el turismo, cuyos empleos están ocupados mayoritariamente por mujeres.(N. 237.- E. Berkhout, et al. (2021). El virus de la desigualdad. Cómo recomponer un mundo devastado por el coronavirus a través de una economía equitativa, justa y sostenible, óp. cit.). (Info. Ibid. Pág. 31).

Los focos de alerta y los objetivos reales sobre los que deberíamos centrar nuestras deliberaciones quedan claramente delineados: Las causas de la violencia de género se encuentran en el patriarcado, las normas sociales y las políticas económicas sexistas, que son los factores que en mayor medida determinan la discriminación y la desigualdad por razones de género. Más de mil millones de mujeres carecen de protección legal frente a la violencia sexual perpetrada por su pareja o un miembro de la familia, y aproximadamente 1400 millones de mujeres se encuentran desprotegidas legalmente frente a la violencia económica en el ámbito doméstico,227 sin que apenas haya habido avances en ninguna de estas dos cuestiones a lo largo del tiempo. (Cfr.: Informe (…) O. cit., 2. La violencia de género, una pandemia ignorada. P.32).

Ante tal panorama, se finca la esperanza en la luz que se vislumbra al final del túnel. Y así podemos acotar el objetivo máximo por alcanzar: (Cfr.: Informe de Oxfam. Opus cit. Ut supra. Rubro del documento). Podemos abordar la riqueza extrema aplicando una fiscalidad progresiva, invirtiendo en medidas públicas de eficacia demostrada para eliminar las desigualdades, y transformando las dinámicas de poder dentro de la economía y la sociedad. Si mostramos la voluntad necesaria y escuchamos a los movimientos que están exigiendo cambios, podremos crear una economía en la que nadie viva en la pobreza, ni tampoco en una riqueza inimaginable: una economía donde las desigualdades dejen de matar. Sin duda un desiderátum que bajo solidaridad podemos abrazar. 

 

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