De la feria y la semana santa, el tiempo pasa / Alegorías Cotidianas - LJA Aguascalientes
09/12/2022

Los años pasan y las actividades y tradiciones cambian. Cierto es que en Aguascalientes, independientemente del sentido religioso, lo más importante ha sido la Feria Nacional de San Marcos pues su inicio siempre es el sábado santo.

Bueno, eso de que su inicio es el sábado santo siempre ha quedo un poco corto, pues ya algunos bares abren un par de días antes (jueves y viernes) bajo pretexto de probar que todo funcione adecuadamente. 

Cuando era niña, en los ochentas y los noventas, en casa no nos permitía escuchar música o ver televisión “los días santos” aunque recuerdo que papá se quedaba dormido viendo las películas que sobre el tema pasaban en los canales nacionales. Naturalmente, cuando uno es niño no comprende el porqué sí se pueden ver las películas sobre la biblia (que además me parecían aburridísimas y eternas) y las caricaturas no, pues a mi parecer, ambas cosas eran ver televisión.



 

Con el paso de los años y conforme fueron creciendo mis hermanas la radio se escuchaba durante esos días y una vez que la mayor cumplió los 18 años pues comenzó la nueva tradición de asistir a la iglesia a participar de los cultos de semana santa para después ir a estrenar los antros antes de la coronación, es decir jueves o viernes santos.

En los ochentas y noventas Aguascalientes era pequeño y había muchas personas en las calles haciendo la visita de los siete templos y probando los siete platillos. Eso me gustaba bastante pues teníamos la oportunidad de salir a comer en las casas de los vecinos y no estar como siempre jugando en el patio.

Visitábamos los templos a pie, en el centro, y veíamos cómo la gente entraba y salía unos detrás de otros mientras los adultos se saludaban y los pequeños esperábamos visitar las casas de los vecinos para probar los 7 platillos. En realidad, amo la capirotada así que comer 7 veces en una tarde era lo máximo para mí, bueno sigue siendo lo mejor de la semana santa.

Con la construcción del paso a desnivel de López Mateos, aunque la feria perdió un poco su sabor de pueblo, los puestos eran super atractivos, había muchas artesanías, comercio local y foráneo, quizás eran espacios más pequeños pero recuerdo que disfrutábamos muchísimo el “ir a caminar a la feria”. 

Unos años, durante la feria, a mamá le dio por ir a comprar la leche, 2 o 3 veces a la semana a los stands de las lecheras, solo decía “voy a comprar la leche” y sabíamos que si lo anunciaba en voz alta era porque iría, caminando, hasta las instalaciones de la feria, en esa época no era tanto lo que había que caminar pues se ubicaban justamente frente a la Expoplaza. 

Lo que apenas y recuerdo es una ocasión en la que tuvimos la oportunidad de ver el Ferial en Palacio de Gobierno. Nos encontrábamos en el segundo piso, mamá me sentó en sus piernas pero después lo hice en el piso y con la frente pegada al barandal veía el espectáculo. No estoy segura, quizá fue antes de que la plaza se convirtiera en un espacio peatonal, así que, si mi recuerdo es veraz fue hace unos 35 o 40 años.


Después disfrutamos el Ferial en el Teatro Morelos y finalmente, tal como lo hacemos ahora, en el Teatro Aguascalientes, aunque hay que reconocer que no era, en ese momento, tan difícil el conseguir entradas.

En aquellos tiempos (parece que escribo algo sobre hace siglos) el patio de Palacio de Gobierno era utilizado para diferentes manifestaciones artísticas, en abril el Ferial, y durante el año obras de teatro y presentaciones de danza folklórica, mientras que ahora hay más espacios para ello.

La exposición ganadera se ubicaba donde ahora disfrutamos el Foro de las Estrellas. La disposición del espacio era muy justa, los animales estaban muy apretados y el foro donde se presentaban los payasos era muy chiquito así que siempre se veía con un lleno y éxito total.

El gentío se formaba justo alrededor del Jardín de San Marcos, era exactamente el mismo efecto sardina que ahora se vive a un costado de la Expo. Los minutos para llegar del Andador de la Feria a la calle Venustiano Carranza eran ¡eternos! e igualmente había que cuidarse todo, las pompas, la cartera, para poder salir enteros del apretujadero.

Reconozco que, aunque se consumía mucho alcohol no era tanto como en las últimas ferias antes de la pandemia. Había un gentío pero no como ahora personas que se paran en medio del paso a prepararse bebidas, anclados a un miniespacio, estorbando a los feriantes. Parece que el gran atractivo es que se puede caminar y consumir bebidas alcohólicas al mismo tiempo en lugar de disfrutar simplemente del paseo.

La feria, en las últimas décadas, ha ido evolucionando y transformando Aguascalientes. La Isla, en su inauguración fue un éxito total. Todos queríamos conocer las nuevas instalaciones de la Feria y además, recorrer la nueva avenida que la conectaba con el centro de la ciudad. Inocentemente quisimos hacer lo mismo que antes, ir y venir a pie del centro a la Isla, pero no dimensionamos la distancia. Afortunadamente, la única vez que lo intentamos no fue vuelta completa. Recuerdo que nos dieron un aventón a la Isla, la recorrimos y, entonces comenzamos el regreso que parecía interminable. Cuando llegamos a López Mateos y José F. Elizondo estábamos muy, muy cansadas y tentadas a hacer trampa y volver, lo poco que nos quedaba en auto, pero aguantamos unas cuadras más con la firme intención de no volverlo a intentar.

Ferias van ferias vienen pero la tentación que produce el bullicio y el gentío siempre nos sigue llamado para convertirnos en feriantes y observar el cómo va evolucionando, aunque quizá una de las tradiciones que nunca se perderá es el cómo los aguascalentenses invaden Vallarta en abril, pero de eso hablaremos en otra ocasión.

 

Laus Deo

@paulanajber 

 


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