Del fast food al fast book - LJA Aguascalientes
16/08/2022

  • Entrevista a Juan Domingo Argüelles acerca de ¿Qué leen los que no leen?

Un país de lectores, no es un país donde toda la gente lleve un libro bajo el brazo, es aquel en donde las personas tienen acceso a los libros importantes, a la cultura, a un derecho humano proporcionado por el Estado y favorecido también por los mecanismos y los medios que publican libros

Javier Moro Hernández

 

En plena crisis de salud pública provocada por el virus del covid-19, nos enfrentamos a un mundo sin librerías, un mundo en el que muchas editoriales, grandes y pequeñas, tuvieron que detener la impresión de sus libros. Los canales de distribución del libro se habían detenido. No había forma de que los libros llegaran a las manos de los lectores. El libro físico, de papel, tal vez vivió una de las peores crisis de su historia. Muchos lectores empezaron a desempolvar o a comprar lectores digitales para descargar, comprar y seguir leyendo en ellos. Otros muchos (hay que decirlo) empezaron a leer los libros que se habían acumulado en sus casas. Parecía que por fin vivíamos el apocalipsis tantas veces anunciado y que por fin la muerte del libro físico había llegado. Sin embargo, para autores, como Juan Domingo Argüelles (Chetumal, 1958), la pandemia, la crisis de la venta de libros físicos, fue un punto de partida para cuestionar y pensar sobre el futuro del libro, pero, sobre todo, de la lectura en nuestro país. En México se lee un promedio de 3.4 libros al año. Ese promedio aumenta en las mujeres a 3.9 libros. Pero el promedio de lectura aumentó durante la etapa más crítica de la pandemia. Datos que nos hacen replantearnos y preguntarnos cómo fomentar y fortalecer el hábito de la lectura en un país con tantos mitos sobre esta actividad.

 

Juan Domingo Argüelles se ha dedicado desde hace cuatro décadas a estudiar el fenómeno de la lectura, per también ha urgido a derrumbar mitos sobre este proceso para poder entender el fenómeno en toda su extensión y complejidad. En su libro de ensayos ¿Qué leen los que no leen?, publicado por la editorial Océano/Travesías el también poeta y editor analiza las transformaciones del mundo editorial resultado de la pandemia más reciente, pero también analiza el cómo se construye un lector en un país como el nuestro.

 

Juan Domingo Argüelles es autor de libros de poesía como Yo no creo en la muerte (1982), A la salud de los enfermos (1995) o Todas las aguas del relámpago. Poesía reunida (2004) publicado por la UNAM o de los libros de ensayos Historias de lecturas y lectores (2005), Si quieres lee…Contra la obligación de leer (2009), entre muchos más que conforman una basta obra, de un autor que también ha sido galardonado con el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta en 1987 o el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en 1995, entre varios más.

Javier Moro Hernández (JMH): En su nuevo libro ¿Qué leen los que no leen? Vemos la teoría sobre la muerte del libro físico y de papel. Una muerte que en realidad no ha sucedido, pero que es el inicio de este nuevo libro y su análisis sobre la lectura


Juan Domingo Argüelles (JDA): Quién plantea esta profecía sobre la muerte del libro fue Nicolás Negroponte en su libro Ser Digital en 1995. Estamos hablando de 25 años de la profecía, que después sería retomada en la Feria de Frankfurt de hace once años, en donde también se dijo lo mismo. Lo más curioso del asunto es que el libro de Negroponte, Ser Digital, mencionó que los libros de papel ya eran piezas de museo, que ya no servirían, nadie leería en papel, pero sacó su libro en papeles y no en formato digital, porque argumentaba que, en ese tiempo en 1995, que, en el mercado, que la sociedad, no estaba preparada aún para para que pudieran leerse libros en formato digital. Él decía que de cualquier forma esto va a ocurrir tarde o temprano, pero no más temprano que tarde, y los libros dejarán de estar en átomos y pasarán a estar en bits. Su argumento era que todavía no había suficientes medios digitales en manos de ejecutivos, políticos, de padres y de todos aquellos que más necesitan comprender esta cultura tan radicalmente novedosa, aún en aquellos lugares en los que la computadora es una presencia constante, la interfaz corriente es primitiva, un tanto tosca, y no tiene nada que ver con algo que uno quisiera llevarse a la cama, algo que sí sucede con un libro bueno. Este argumento, esta paradoja que hace Negroponte de publicar una profecía publicada en un libro de en papel es una paradoja inversa en el caso de mi libro, porque yo hablo de las virtudes del libro en papel, de las grandes oportunidades que todavía tiene el libro en papel y de la gran fortaleza que tiene todavía la cultura escrita e impresa. El 95% de los lectores leen, en promedio, por lo menos en el mercado en lengua español, libros en papel y solo un 5%, o menos, leen en formato digital. La ganancia de los libros digitales en todas las editoriales es absolutamente marginal. Sacar libros únicamente en formato digital para todas las empresas es un suicidio. Porque la publicación es una cosa insegura, por lo que solamente el libro en papel podrá salvar de la crisis a las editoriales actualmente, no será el e-book, el que salve a las editoriales.

JMH:  Hay una parte muy interesante que usted menciona, que es justamente que la lectura, no reside en los formatos o en los soportes, el libro no en realidad no importa, en qué soporte esté lo importante es el fondo del libro, lo que lo que nos transmite el fondo, lo que nos transmite el libro.

JDA: Lo que veo son dos polos en los que está situado ahora la cultura, queda en medio de estos dos polos, un tanto maltrecha, todos los gobiernos, me refiero a que no hay diferencia, salvo en lo que difunden, pues la mayor parte de los gobiernos siempre es dogmatizar o bien catequizar, y a veces moralizar con la lectura. Esta etapa del país se caracteriza también por una enorme moralización, cuando se dice pues hay que leer libros morales como la Cartilla moral de Alfonso Reyes, que en realidad es un libro completamente rebasado. Por el otro tenemos al capitalismo totalmente desbocado donde lo que vemos a las grandes empresas, a los grandes consorcios ocupados nada más en vender trivialidades y banalidades y la edición cultural queda en medio, pero en una situación muy maltrecha. La industria editorial comercial está apostando por ganancias rápidas, y a partir de libros que son una vacilada, libros no aportan nada a la cultura ni a la formación de un lector. Los libros que aportan realmente a la cultura son los libros de flujo lento, de venta más lenta, que obviamente son los que están proponiendo la reflexión, los que están proponiendo un cierto tipo de imaginación diferente, en el caso de la literatura, a estas cosas comerciales, eminentemente banales. Los que más están sufriendo actualmente con la crisis que nos trajo la pandemia ha sido la cadena productiva del libro, que ha sido afectada tremendamente, incluida las grandes editoriales. Pero las que más están sufriendo son las editoriales independientes, que se encuentran muy vulnerables y hay otras que a lo mejor ni siquiera van a van a van a volver a salir porque la crisis las hizo quebrar. Esto es lo que lo que tenemos, o sea, el libro cultural, la edición cultural, es la que realmente tenemos que defender porque esa es la del contenido que ayuda a formar a formar públicos y no ha deformarlos y esto no tiene que ver por supuesto ni que, aunque sea en papel lo que sea en pantalla, el libro como tal, el libro como un artefacto indivisible, completo, que puede leerse lo mismo en papel o en pantalla.

JMH: El concepto de morosidad me parece muy importante, justo como una contraparte de las ganancias desbocadas, de las ganancias rápidas. El lector debe leer lento, para aprender, para aprender en toda la magnitud de este concepto, y esa idea va en contraparte de las ganancias desbocadas.

JDA: Cuando estamos hablando de un libro que tiene una producción de decenas de miles ejemplares, puede ser un buen libro, porque no estoy diciendo que no haya buenos libros con esas características. Pero en general cuando analizamos nos damos cuenta de que la mayor parte de esas ediciones de tiradas tan grandes, y que encontramos y no nada más por ejemplares, sino por pilas en las librerías, son libros que verdaderamente no están formando una cultura, ni están transformando esos lectores, lo que están haciendo es adocenado a una cultura muy trivial, muy banal, pero que vende muy bien. Son libros que se venden rapidísimo y las editoriales tampoco quieren tener en bodegas libros que no circulen rápidamente. Todos lo sabemos, porque no podemos ignorar, que el libro que no se vende rápido es triturado, se manda a la guillotina, porque es más barato guillotinarlo y venderlo como papel para reciclar. Esta forma de proceder de los editores ha llevado a una cultura muy depreciada, que dice: “Pues si se vende bien, hay que publicar mucho.” Pero eso que se está vendiendo bien no necesariamente es algo que esté realmente disfrutando, formando y transformando a los lectores. En general eso pasa en todos los países, en todo el mundo pasa lo mismo, los grandes libros nunca se han vendido de esa manera masiva con la que se venden los best- sellers. En el libro yo planteo que estamos pasando de la “fast food al fast book”, al libro rápido, que no tiene ningún valor nutritivo. Esa es la comparación, se lee rápido y se olvida rápido y no pasa nada. La gente no tiene de eso ninguna ganancia, ni intelectual ni emocional.

JMH: La banalización me parece es otro concepto y otra idea muy interesante, que me parece que va de la mano con la espectacularización, ahora todo es espectáculo, todo es rápido justamente, pero al mismo tiempo todo es muy banal y superficial y por lo tanto no alimenta al espíritu.

JDA: Cuando hablamos del libro banal, lo que estamos diciendo, es que puede perfectamente no publicarse un libro que tenga esas características, el problema es que ese libro banal con esas características tiene un público que además ha sido formado por el propio segmento editorial de mayor mercantilización. Esto es lo que planteo en el libro, hasta las personas analfabetas tienen libros, tienen bibliografía, tienen libros y venden muy bien, porque los editores se convirtieron de pronto en ayudantes de autores que en realidad no son autores, porque obviamente que lo que quieren es un personaje que tenga algo banal que contar, pero que a la vez sea muy interesante, porque es muy chismoso y está muy lleno de cosas que entretienen a un público de la televisión o de Internet, y le dicen que escriba un libro, te ponemos a dos personas que te van a ayudar y esas dos personas   escriben el libro, el otro lo firma y entonces cómo es un personaje muy conocido en la farándula, como es un personaje muy conocido en el ambiente de Internet o un personaje muy conocido en el ambiente de la televisión. Esa banalidad es la que de alguna está alimentando, entre comillas, a un público adoctrinado, acostumbrado a eso, y que no tiene mayor inquietud por leer cosas más exigentes, porque eso les parece que es el libro como como tal, un libro divertido, entretenido, lleno de chismes. Estamos hablando de una cosa que se lee rápido, se olvida rápido. La banalidad va unida a la venalidad, y lo que menos se vende que es lo más profundo, lo más complejo, lo que está proponiendo cosas, eso no es muy vendible y pasa un segundo término y a veces ni se publica. Hay un libro que publicó el Fondo de Cultura Económica hace algunos años de Jordi Nadal y Francisco García, que se llama Libros o velocidad: reflexiones del oficio editorial. Un libro que planten que la velocidad con la que se lee un libro es directamente proporcional a la velocidad con que se le olvida al lector lo que leyó,

JMH: Aquí justo entra el tema de los lectores. ¿Qué tipo de electores somos, queremos, hemos construido como país?

JDA: Hemos hablado tantos años, tantos sexenios, tanto tiempo hemos hablado del famoso país de lectores que esto ya resulta ridículo. Un país de lectores, para mí, no es un país donde toda la gente lleve un libro bajo el brazo. Para para mí un país de lectores es aquel en donde las personas tengan acceso a los libros importantes, a la cultura, y que el hecho de que  tenga el acceso sea también un derecho, un derecho humano proporcionado por el Estado y favorecido también por los mecanismos y los medios que publican libros, es decir, los ámbitos editoriales, las librerías, la cultura en general, el desarrollo cultural de un país, para mí la idea de un país de lectores es aquel que sabe que puede leer un libro, pero que también puede ir al cine, pero que también ir al teatro pero también puede ir a una exposición de pinturas, a un concierto. En España se han hecho estudios sobre el asunto, que revelan lo siguiente: la mayor parte de las personas que va a exposiciones, a conciertos, la mayor parte de las personas que tiene un ambiente cultural en su vida cotidiana también leen. Es decir, no se necesita estar fatigado todo el tiempo únicamente leyendo, porque además la cultura es más rica que nada más leer libros, sino que entre las cosas que tengamos siempre sepamos que existe esa posibilidad y que está a nuestro acceso, el hecho de leer libros Esto es lo que tendríamos que desarrollar y que desgraciadamente no se ha desarrollado. Por qué hay otra cosa importante, necesitamos formar públicos.


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