El “nuevo orden” se impone a tiros en el Edomex - LJA Aguascalientes
21/06/2022

 

Maria Teresa Montaño

 

 

 

 

 

El Estado de México está en llamas. La delincuencia organizada vuelve a imponer su ley, como se demostró en la violenta jornada del 3 de mayo en el sur de la entidad. El saldo de este “nuevo orden” –en el que ahora los grupos criminales se disputan la obra pública de los municipios como fuente alternativa de riqueza– ha dejado al menos tres alcaldes ultimados en años recientes, numerosas emboscadas contra policías, asesinatos de periodistas y la migración masiva de la población.

 


 

El pasado martes 3 el crimen organizado volvió a incendiar al sur del Estado de México.

 

Grupos de bandoleros uniformados y armados bloquearon los principales accesos a Sultepec con tráileres y camionetas incendiados, balacearon instalaciones oficiales y un centro de salud, lanzaron desde Tejupilco una dura declaración de guerra contra presuntos policías corruptos e impusieron un “toque de queda” por al menos un día completo, mientras la gente aterrorizada se atrincheró en sus viviendas.

 

“Así es aquí, es la ley del crimen, son ellos los que mandan, los que imponen tarifas y controlan el mercado, ponen y quitan autoridades, y conceden perdón o dan sentencias de muerte”, asegura uno de los ciudadanos desplazados por la violencia que se vive en el sur del Estado de México –quien por esta situación pide omitir su nombre–, donde desde hace casi dos décadas grupos delictivos en aparente colusión con mafias políticas y autoridades han impuesto un nuevo orden: el de las balas y el terror.

 

Ese “nuevo orden” regional ha dejado al menos tres alcaldes ejecutados, numerosas emboscadas contra policías, asesinatos y desplazamiento de periodistas, migración masiva de productores agrícolas hacia Estados Unidos y Canadá y el florecimiento de una nueva economía que combina los “negocios criminales típicos”, como el trasiego de drogas, el secuestro y cobro de piso, con negocios lícitos usados como fachada.

 

La noche del martes 3 y al día siguiente los rumores de la llegada del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) para imponerse en esta vasta región serrana y desplazar a la Familia Michoacana, se regaron por la llamada Tierra Caliente, que colinda con Guerrero.

 

Desde Ixtapan de la Sal hasta Tejupilco, Tlatlaya, Luvianos y Zacualpan, pasando por Temascaltepec y Sultepec y volviendo por caminos de Valle de Bravo, así como todo el valle de Toluca, la noticia de la llegada de “los nuevos jefes” prendió las redes sociales, mientras que por grupos locales de “calentanos” en Facebook y WhatsApp se difundió el supuesto arribo del CJNG para desplazar a la Familia Michoacana, como “los nuevos Señores”.

 

Este último es el grupo delictivo que desde hace ya más de una década se instaló violentamente en la región y controla actualmente la economía formal, informal y criminal en cuando menos seis municipios, un secreto a voces que ninguna fuente consultada negó. La Familia Michoacana, los Zetas, los Caballeros Templarios, los Templarios y más recientemente Los Fresas –que irrumpió este martes 3– y el CJNG.

 

Las acciones de ese día incluyeron el bloqueo de los accesos, con apoyo de taxistas, de Almoloya de Alquisiras; el asedio a la sede de la Fiscalía General de Justicia (FGJEM) en Sultepec y un centro de salud a donde se trasladó a los heridos, a los que siguieron e intentaban ejecutar los sicarios.

 

El saldo de aquella larga noche fue de dos policías lesionados, oficinas atacadas, funcionarios aterrorizados, al menos siete vehículos quemados y ningún detenido, aunque semanas después la FGJEM informó de al menos cuatro detenciones que fueron reportadas en la conferencia matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador.

 

Los delincuentes cerraron también los accesos principales, donde quedaron atrapados varias horas los refuerzos policiacos y de la Guardia Nacional. Como testigos del asedio criminal a Sultepec quedaron los audios de policías pidiendo a gritos apoyo en medio de estridentes balaceras.

 

Y el jueves 5 en el municipio de Tejupilco aparecieron enormes mantas firmadas por La Familia Michoacana, colgadas en las plazas principales y en puentes peatonales, que daban cuenta de una “declaratoria de guerra” contra altos mandos y elementos de la Secretaría de Seguridad, a la vez que en redes sociales corrían versiones sobre un supuesto toque de queda a partir de las 20:00 horas. Al día siguiente las escuelas suspendieron clases y los comercios bajaron las cortinas.

 

Este caos tiene lugar a cuatro meses de que arranque formalmente el proceso electoral para renovar en 2023 la gubernatura; además, han pasado cuatro meses de que las nuevas autoridades municipales asumieron sus cargos.

 

 

 

A punta de pistola

 

Según diversos testimonios obtenidos por Proceso, detrás de las estrategias de terror desatadas por los grupos delictivos y sus acuerdos con mafias políticas están las enormes ganancias de negocios al amparo del poder, la corrupción y las balas.

 

Alemanda Rodríguez, una de las profesionistas consultadas –quien tras enfrentar amenazas por negarse a depositar “pagos de piso excesivos” se fue de Sultepec–, asegura que lo ocurrido entre el 3 y el 5 de mayo fue la culminación del último ciclo de terror, que se inició el 18 de marzo de 2021 con una emboscada a policías y la renovación de mandos oficiales en la región, como heraldo de los violentos “ajustes” que ahora están en marcha.

 

“El partido es lo de menos. Desde otras cúpulas y complicidades deciden quién se queda en las presidencias y sobre todo en las tesorerías y obras públicas”, señala Rodríguez, al asegurar que éste es en realidad el nuevo negocio millonario de la delincuencia organizada que impera en el sur mexiquense: la asignación de contratos para obras, sean simuladas, sean por sobreprecio o para políticos o empresarios constructores ligados a políticos directa o indirectamente.

 

El otro gran negocio es el cobro de piso y la implantación de monopolios con la imposición de precios controlados a punta de pistola, desde el sur y hasta municipios del Valle de Toluca.

 

Al respecto, el exalcalde de Zinacantepec, Gustavo Vargas, hoy coordinador regional de Morena en el valle de Toluca, reconoció que los acuerdos entre políticos y narcos son una realidad y que la expansión del crimen organizado en el sur comienza a golpear a los municipios metropolitanos y a la capital mexiquense.

 

“Está pegando totalmente en el valle de Toluca, los vemos con las ejecuciones, lo vemos con los acuerdos que hay entre los alcaldes y la delincuencia organizada. Hoy este es un problema que no podemos ocultar, lo podemos ver a ciencia cierta y lo podemos ver claramente en el valle de Toluca”, aseguró el hoy líder morenista –de pasado panista–, quien destacó como ejemplo el hecho de que en algunas localidades de plano se esconden las patrullas o deben dejar de circular a cierta hora.

 

También confirmó la imposición de monopolios en productos como el pollo en toda la región, aunque también el huevo y –coincidió con otras fuentes– más recientemente del jitomate.

 

Por su parte, Luciano (un habitante de esta zona que pidió omitir sus apellidos) sostiene que en la región hay mucho en juego, y que la producción y trasiego de enervantes desde Tejupilco y Tlatlaya (junto con la entrada de la producción que se saca desde las serranías de Guerrero), ha prosperado con nuevos negocios ilícitos a la sombra de autoridades que no ven ni registran nada.

 

El pago es el silencio y la obediencia desde los palacios municipales, a cambio del apoyo de campañas políticas e imposición de autoridades desde la postulación de candidatos.

 

Estos negocios florecientes pasaron de la siembra, procesamiento y transportación de mariguana en las zonas serranas que colindan con Guerrero en los ochenta y noventa, a la instalación semiindustrial de laboratorios clandestinos para la producción de los primeros estupefacientes químicos que salían por carretera al valle de Toluca (por redes de taxistas y transporte público) y de ahí a la Ciudad de México, su principal mercado.

 

Ese gran negocio que sostuvo la economía local en la primera década de este siglo en el sur se fue diversificando y ampliando.

 

Particularmente durante el gobierno de Eruviel Ávila, la detección y desmantelamiento de “laboratorios clandestinos” en las inmediaciones de Tierra Caliente se convirtió en algo cotidiano en la cobertura periodística local.

 

Por ejemplo, el 5 de febrero de 2014 se informó del desmantelamiento de un laboratorio clandestino en Chapa de Mota, donde fueron localizados 300 tambos de efedrina; unos días antes, el 31 de enero, otro laboratorio fue detectado y desmontado en el paraje El Mogote, de Villa del Carbón.

 

Meses antes, el 26 de septiembre de 2011, ya se reportaban los primeros dos grandes laboratorios en Jilotepec, donde se fabricaban drogas sintéticas a gran escala. Pero el claro indicio de que este negocio comenzaba a florecer ahí mismo en la capital se dio en 2007, a sólo dos kilómetros del aeropuerto internacional Adolfo López Mateos, donde se decomisó un predio al narcotraficante chino Zhenli Ye Gon, en el cual pretendía procesar drogas duras a gran escala.

 

El inmueble fue decomisado y actualmente es sede del C5 de la Secretaría de Seguridad.

 


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