La desnaturalización del debate/ Meridiano electoral  - LJA Aguascalientes
07/08/2022

 

El pasado martes, se llevó a cabo el primer debate oficial entre candidatas a ocupar el cargo de gobernadora, lo que pintaba histórico, con solo candidatas y moderadoras mujeres, con un nuevo formato y reglas para el desarrollo de éste, siendo una oportunidad inigualable de demostrar los alcances de la política actual.

Cabe precisar que, los debates entre las candidaturas constituyen un ejercicio democrático que debe informar a las y los votantes mostrando las distintas visiones políticas entre las diversas opciones, convirtiéndose incluso ya en un ritual democrático.

La naturaleza y finalidad del debate, es que las candidatas muestren características generales de sus personalidades y estilos de liderazgo no solo en sus discursos, sino también en sus interacciones con sus pares, y tomen posiciones sobre políticas públicas específicas. Este equilibrio de carácter y posición depende de cómo se regula y genera el debate.

No obstante, quien piense que los debates marcan el destino de una elección está equivocado, parece poco probable que las preferencias de las y los electores cambien drásticamente a partir de ese ejercicio. Hay estudios que confirman el cambio en la votación después de los debates, pero la magnitud es relativamente pequeña.

Existen otros efectos de los debates sobre el electorado. Por un lado, hay evidencia de que contribuyen a proveer de mayor información a la ciudadanía, por lo cual estos pueden tomar decisiones con mayor seguridad y fundamento. En teoría, la confrontación de candidaturas debería darnos los detalles que generan el contenido básico de sus propuestas, cuáles son sus programas, de qué están hechos y, en esencia, qué quieren hacer con el poder. En el debate de ideas se debe confrontar el rango de cada una y exponerlo a la conveniencia de votar por una u otra.

De lo anterior, sobreviene inevitablemente un cuestionamiento; ¿Realmente ocurrió esto en el debate que presenciamos? la realidad es que no. Estuvimos ante un debate donde las ideas, propuestas y argumentos que son la base de la democracia, se convirtieron ahora en condiciones para exhibir estrategias en las que predomina la búsqueda de emociones y la tentación de engañar a las oponentes para que caigan en el error basados en una reacción iracunda.

Lo que vivimos fue un ejercicio donde la menor parte del tiempo se mostraron propuestas, en contraste, se gastó demasiado tiempo en denostaciones, en tratar de demeritar a algunas candidatas, incluso proponiéndose que se renunciara a la misma a cambio de que otra más desistiera en sus aspiraciones.

Lamentablemente, lejos de confrontar ideas, de cuestionarse si esos mecanismos para lograr cumplir las propuestas o incluso, si estas eran viables, lo que presenciamos fue un ejercicio de presunción de quién hasta ese momento había cometido mayores actos de corrupción, y desde luego, sin prueba de sustento alguna, porque lo cierto es que en la actualidad, no existe sentencia condenatoria que acredite algún delito y/o acto que ponga en entredicho la calidad legal de las candidatas.


Además, todo esto se lleva a cabo en unos minutos, donde se tratan temas importantes para el estado de Aguascalientes, tiempo dividido en 5 candidaturas y 2 moderadoras, teniendo una duración aproximada de 90 minutos; ¿cómo contrastar por completo problemas tan complejos como la inseguridad y movilidad en ese lapso?

Los debates en México son tacaños en tiempo y formato. Están en juego cosas que nos interesan a todas y todos. Por lo tanto, lo ideal sería tener ejercicios más frecuentes, o por lo menos aumentar la duración de estos para que se permita el análisis profundo y amplio de los temas torales que impactan a nuestro estado, con participación activa del público (que por cierto no existió), que permitan conocer la capacidad de respuesta e improvisación de las distintas candidaturas.

De esta forma tendremos más elementos que simples notas periodísticas con medios de comunicación que hacen “ganadora” del debate a determinada candidata de acuerdo a su conveniencia, o en su caso, por las mismas protagonistas, basta ver como en redes sociales está plagado de “ganamos el debate”, cuando en realidad todas y todos perdimos una oportunidad de conocer las propuestas a fondo, claro está, con sus salvedades, porque también debe reconocerse que existieron quiénes al menos mostraron propuestas y formas de realizarse, aunque no entraran a debate sus ideas.

En la actualidad, estos “ejercicios democráticos” no buscan el raciocinio de la gente e impactar en su mente, no tienen por objeto que la ciudadanía compare las propuestas y decida por la mejor y más viable, van directo por aquellos menos favorecidos, por los que se duelen de su suerte, por aquellos deseosos de presenciar violencia en estos ejercicios democráticos únicamente por morbo, es ahí donde se desnaturaliza el debate electoral.


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