Un sexenio especista y de contribución al cambio climático - LJA Aguascalientes
22/02/2024

 Escribo esta columna esperando que la responsable de la dirección del gobierno estatal, por los siguientes seis años, tome nota de dos temas que deberán reconsiderarse en la agenda pública.

Hoy es un hecho ampliamente reconocido que los animales no humanos y los humanos compartimos varias semejanzas y, con base en ellas, se ha solicitado extender nuestros compromisos morales hacia otras especies y acabar con el especismo, el cual consiste en poner los intereses y deseos de una especie sobre otra, en este caso, de la especie humana sobre todas las demás. La primera de estas semejanzas es la capacidad de sentir placer y dolor, esto debido a que contamos con un sentido del tacto que está conectado al sistema nervioso central y ambos nos indican o alertan de situaciones, benéficas o dañinas, originadas tanto en el exterior (un golpe o una caricia, frío o calor, etc.) como en el interior de nuestros cuerpos (vitalidad o cansancio, saciedad o hambre, etc.). Una segunda capacidad es contar con una consciencia; respaldada por los sentidos de la vista, el oído, el olfato y el gusto, que permite darnos cuenta de lo que ocurre alrededor y esto hace posible conseguir alimento, un refugio, convivir con semejantes, alejarse del peligro. Es importante señalar que los sentidos mencionados están más o menos desarrollados según la especie, pero independientemente de eso, contribuyen a la toma de conciencia, mínima o compleja. Sirva hacer mención de esto para entender que los animales sienten y son conscientes del bien o mal que les ocasionan agentes externos, concretamente, nuestra especie.

Dicho lo anterior, cabe señalar que, mientras en el mundo se avanza en la dirección de acabar con todas aquellas actividades que amenazan el bienestar animal, en Aguascalientes vamos contra ellos al 100 en la dirección contraria. Esto es muy evidente año tras año durante la Feria Nacional de San Marcos en la que los atractivos principales se concentran en torno a corridas de toros y peleas de gallos (por el momento dejaremos de lado la expoganadera), espectáculos atroces en los que se lucra con el dolor, el sufrimiento y la angustia de animales inocentes. Afortunadamente se va avanzando jurídicamente en la prohibición de estas prácticas sanguinarias y ojalá estas restricciones lleguen pronto a la tierra de la gente buena. Por si no fuera suficiente contar con edificaciones construidas para el deleite especista, Martín Orozco construyó para SU beneplácito, con nuestro dinero, un lienzo charro en el que se exalta de distintas maneras un exacerbado especismo, pues se realizan varias “suertes” (cala de caballo, coleadero, manganas, etc.)  que atentan contra la integridad de nobles animales (caballos y toros), y en las que se pone exacerbadamente de manifiesto el poder y dominio del humano sobre estos mansos animales. ¿Acaso se consultó a la ciudadanía de Aguascalientes si querían tener un nuevo y más grande lienzo charro? ¿No hubiera sido mejor invertir en escuelas, hospitales, captadores pluviales, en plantas tratadoras de agua, en el cuidado y mejora de la infraestructura pública, en más plazas laborales, etc.? Sin duda aún hay personas que consideran y justifican los espectáculos con animales como Patrimonio inmaterial de la humanidad, pero basta acercarse a ellos para constatar lo contrario, su falta de humanismo.

El otro tema al que quisiera hacer referencia es el relacionado con el cambio climático. Martín Orozco, tuvo la “buena intención” de hacer algo al respecto construyendo puentes para agilizar el tráfico vehicular; pero, como se dice coloquialmente, de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno. Este refrán popular nos queda bien para hacer una analogía; Martín, con sus buenas intenciones, lo único que hizo fue pavimentar el camino al infierno, pues sus obras en segundo anillo, como se ha señalado y ahora se constata, solo sirven para incentivar el uso del vehículo particular y con ello que se incremente la contaminación atmosférica mediante la quema de más combustible, dando como resultado que la ciudad de Aguascalientes se caliente infernalmente y contribuya con ello al cambio climático. Como dije, fue una buena intención, pero esto no es suficiente, debió consultar expertos en urbanismo y, sobretodo, hacer que se respetara en el proyecto la mundialmente conocida pirámide de movilidad en la que se da preferencia al peatón, al ciclista, al transporte público, transporte de carga y por último al vehículo particular. Quiero confesar que yo soy un beneficiario directo de estas construcciones elevadas en segundo anillo, mientras que no tenga que transitar por debajo de ellas, porque si el caso, soy de los miles que diariamente padecen del estancamiento vehicular debajo de los puentes, particularmente en horas pico, problema que ya existía, pero que se ha incrementado producto de las nuevas obras. Es cierto que el CO2 disminuye cuando los automotores transitan sobre los puentes a una velocidad constante de 60km./h., pero esto de nada sirve si debajo de ellos hay hileras de autos encendidos durante varios minutos, esperando poder avanzar para poder entroncar con las calles alternas y aledañas; mientras tanto, están emitiendo, en conjunto, cantidades industriales de CO2, principal responsable del calentamiento global. Quiero comentar que yo usaba mi bicicleta para trasladarme de mi casa a la universidad, mi lugar de trabajo, contribuyendo con ello en algo a minimizar mi huella ecológica; además, porque en ocasiones era incluso más rápido el traslado. Los puentes, sin embargo, me desincentivan a usar mi bicicleta, porque si antes era un peligro, éste aumentó con las nuevas obras viales, ya que no hay espacios para hacerlo protegido del flujo vehicular, y en las amplias zonas peatonales, no hay tampoco una delimitación para ciclista y peatones. En fin, hubo una mala proyección de la obra, a pesar de las “supuestas buenas intenciones”. Y no creo que alguien me sugiera usar el transporte público, como medio de transporte eficaz, pues como bien sabemos, es el peor de todos los servicios públicos de nuestra ciudad. De esta manera, el gran proyecto sexenal de mejorar la movilidad de manera integral quedó a deber mucho. Mejor se hubiera invertido en una buena sincronización de los semáforos, repintar periódicamente las líneas de demarcación de los carriles y en especial las de los pasos peatonales, más personal en policía vial, retomar las fotomultas, mejorar y aumentar la red de ciclovías, más parques y jardines con vegetación nativa, etc. En fin, se apostó por un proyecto que no respondió a incrementar la armonía social en las calles y en la ciudad en general.

No sé cuántos sintieron que estuvieran con ustedes al 100. Al menos yo no, para mi fue todo lo contrario. Sólo espero que no vayan a ser otros seis años de más proyectos especistas y ególatras con nula proyección a los nuevos retos que se avecinan, los principales, la escasez de agua y el cambio climático.


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