Abriendo el surco: la primer asociación de mujeres profesionistas en Aguascalientes/ Origami - LJA Aguascalientes
03/10/2022

El pasado sábado tuve el honor de ser invitada por mi amiga Martha Elba Dávila Pérez a un desayuno con las integrantes de la primera asociación de mujeres profesionistas en el Estado, de la que también participa mi estimada Edna García Armería, el marco de su reunión mensual, serviría para presentarles el libro “Más que un beso, historias de mujeres y feminismos en Aguascalientes”, de que soy coordinadora y Martha colaboradora, con un texto que habla precisamente sobre la asociación; del libro platicaremos en otra ocasión.

Según lo que contaron, la asociación surgió a finales de la década de los 70, con una veintena de asociadas entre las que se enlistan dentistas, médicas, químicas, sociólogas y abogadas que hicieron de sus coincidencias académicas, una razón para reunirse, cultivarse recíprocamente y por supuesto, estrechar vínculos personales.

Aguascalientes, desde hace mucho, es el Estado Piloto en materia educativa, las bajísimas tasas de analfabetismo y la aplicación primigenia de los nuevos proyectos educativos, han hecho de este sitio, un ejemplo nacional en la materia. Sin embargo en el tema profesional, somos un Estado joven, pues nuestra universidad data solo desde 1974, los profesionistas anteriores a esa época, eran egresados de las instituciones de educación superior de otros lugares.

La inexistencia de una universidad en nuestro Estado hacía necesario, para los interesados, migrar a otras ciudades que sí contaran con ese servicio educativo, para poder profesionalizarse. Esta situación era en aquel momento, particularmente inaccesible para muchos, por los esfuerzos económicos y físicos que suponía, pero lo era de manera especial para las mujeres que además debían derribar muros muy altos, construidos por los tabiques conceptuales de todo lo que se suponía que debía ser una mujer en aquellos días y cómo debía comportarse una “niña de casa”.

La Asamblea General de las Naciones Unidas, declaró el día 11 de febrero como el día internacional de las mujeres y las niñas en la ciencia, ello ocurrió recién en el año 2015; la justificación radica en la enorme brecha que existe en el ejercicio profesional de las ciencias denominadas como STEM (es el acrónimo de los términos en inglés Science, Technology, Engineering and Mathematics, es decir, ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). No es que solo en esas áreas existiera, históricamente, un rezago, pero sí son aquellas en las que ha resultado más complejo abatir la tendencia fundada en estereotipos de género que han reservado para las mujeres, las profesiones que requieren mayor sensibilidad emocional, básicamente correlacionadas con las labores de cuidado, en las que se ha considerado que son más eficientes, como una derivación de las aptitudes que socialmente les han sido reputadas a las mujeres y han hecho más difícil la inclusión de ellas en estas áreas de ciencias duras.

De nuestras primeras mujeres profesionistas, tuve una primera oportunidad de tener una impresión a través de la lectura de los textos de Martha Dávila, al que ya he hecho alusión, pero también, mediante la narrativa de la Mtra. María Teresa Martínez Mercado que en el mismo libro refiere a algunas de las primeras educadoras de Aguascalientes. De ambos textos obtuve algunas deducciones que me permitiré compartir brevemente:

  1. Ser profesionista para una mujer en nuestro Estado, implicaba luchar contra muchas corrientes que mayoritariamente incentivaban a las mujeres a alcanzar su destino ineludible como esposas y madres de familia, lo que, por la esperanza de vida de aquellos años, debía ocurrir de manera temprana, y consecuentemente parecía hacer incompatible ejercer ambas profesiones de una sola vez.
  2. Para ese entonces existían también algunos padres y madres de familia que pese al qué dirán, decidieron incentivar el crecimiento académico y profesional de sus hijas, en condiciones de igualdad con los varones, forjando el camino no solo de ellas sino también de las siguientes generaciones que, beneficiadas con la formación profesional de sus madres, tuvieron condiciones de mayor prosperidad económica y de resarcimiento de la figura femenina en sus relaciones igualitarias con el mundo.
  3. Pero no todas las mujeres contaban con ese incentivo, por lo que los números des indexados de profesionistas hombres y mujeres eran muy distintos y en ellos reinaba de manera determinante una visión dicotómica en que las mujeres ejercían profesiones y oficios relacionados a las labores y de cuidado y los hombres, a contrario sensu al resto de las funciones que poco tuvieran que ver con los cuidados del prójimo.
  4. Las mujeres integrantes de esta asociación son en su mayoría, cabezas de serie, las primeras de su estirpe en contar con un título profesional y en haber podido tener incidencia pública en la vida del Estado, eso no significa que las anteriores a ellas no lo hayan hecho, por supuesto que lo hacían desde sus roles privados, o desde el ejercicio de muchos oficios que sostenían de manera importante la construcción de nuestra sociedad, desafortunadamente, el reconocimiento social, aun no les hace justicia a la mayoría.
  5. Seguramente fue sin pensar en el efecto cadena que desencadenarían sus faenas y luchas personales, que anduvieron fraguando el surco, pero cada dilema, cada gota de sudor ha representado para las demás un eslabón adicional que nos ha ayudado a ver cada vez más cercana la posibilidad de la igualdad sustantiva.

 

Este texto es de agradecimiento por todo el valor que han tenido esas mujeres valientes, para forjar nuevos caminos para quienes venimos después, nuestro Estado sin duda, no tendría el desarrollo profesional con que cuenta, sin la incidencia de la Dra. Martha Elba Pérez, la Mtra. Raquel López, la Mtra. Sonia, la Dra. Graciela del Bosque, la Lic. Ana Leticia López, la Dra. Altagracia, la Lic. Ma. Francisca Armería, la Dra. Ma. Antonia Díaz, la Lic. Jenny Rodríguez , Francisca Ruíz Esparza Alonso, María del Carmen Martínez Ruíz Esparza, la Dra. Pilar Mercado, la Mtra. Rebeca Serna, la Mtra. Cuca López, la Mtra. Marcela Serna Macías y todas aquellas que han sido parte de esta lucha. ¡Que su lucha siga siendo basta de frutos!   

 


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