Circunstancial/ Bajo presión - LJA Aguascalientes
12/08/2022

 Durante el mes de mayo se registraron 2 mil 833 homicidios, 279 más que en abril de este año y con esa cifra es ya el mes más violento de este 2022; en lo que va del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, los homicidios dolosos ya rebasan los 125 mil asesinatos. Una cifra incalculable de víctimas, cantidades que rebasan la capacidad de comprensión de cualquier individuo porque su monto impide dimensionar los hechos resultados de la violencia en que vive el país.

Para la necesaria empatía que lleve a alguna acción, se requieren rostros, cercanía, el asesinato brutal de los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, así como del guía de turistas Pedro Palma, son una de esas ventanas que podrían encauzar las demandas de la sociedad para que todos los niveles de gobierno actúen de una vez por todas.

No es que la labor y condición de los sacerdotes Javier Campos y Joaquín Mora otorgue mayor importancia a sus asesinatos, no es por eso que se vuelvan víctimas relevantes, es un fenómeno similar a cuando nombramos a los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, sólo se puede dimensionar a partir de la cercanía.

Esa ventana de oportunidad para demandar a todos los niveles de gobierno que nos brinden mejores condiciones de seguridad, no estará abierta por mucho tiempo, quienes nos gobiernan se encargan de cerrarla lo más pronto posible con sus declaraciones, haciendo politiquería antes que responder con políticas públicas que mejoren las líneas de investigación y recuperen el territorio que el Estado ha perdido ante el crimen organizado (por exigir lo menos), pues ante el crimen, sólo reparten culpas y generan escenarios donde no asumen sus responsabilidades.

Todavía hoy no están claras las condiciones en que ocurrió el asesinato de los dos sacerdotes y Pedro Palma, se habla de desapariciones, levantones, territorios completos bajo el mando criminal de una sola persona (José Noriel Portillo Gil) y, desde el primero momento, la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos lamentó “los hechos violentos ocurridos en los que dos religiosos se convirtieron en víctimas circunstanciales”… Circunstanciales, es decir, que no les tocaba ser asesinados, pero se encontraban en el lugar y la hora equivocados, de no haber estado realizando su labor, no hubieran muerto.

Una estrategia similar emplea el presidente de la República, invisibiliza los motivos de la violencia entregando a un culpable, no a ese a quien apodan El Chueco, sino a los regímenes anteriores, a la herencia maldita del gobierno de Felipe Calderón, López Obrador asume que el expresidente lo está culpando y al sacudirse la responsabilidad extiende ese manto protector a las circunstancias, Javier Campos, Joaquín Moray Pedro Palma fueron asesinados porque, todos sabemos, que desde hace mucho tiempo, ese territorio está bajo el control de un grupo criminal.

Todo es circunstancial para quienes gobiernan este país, según la gobernadora de Chihuahua, los sacerdotes murieron por equivocación, por que quienes merecían morir eran personas vinculadas al narcotráfico y ellos se cruzaron, qué mala circunstancia; cuando López Obrador exculpa a las fuerzas federales por haber abandonado ese territorio del país, responsabiliza a las víctimas por el simple hecho de vivir ahí.

Al final, si todo es circunstancial, son las víctimas las responsables de su suerte.

 


Coda. De “Instante.4”, un poema de Trotsky, quien escribió que morir es cosa fácil: “Inútil vivir recordando/ el grito del fracaso,/ el compromiso ciego,/ la dictadura de las órdenes,/ los intereses creados”.

@aldan


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