Discurso y verdad/ La columna J  - LJA Aguascalientes
01/12/2022

“La palabra son la antesala de la realidad”

Estimado lector de LJA.MX con el gusto de saludarle como cada semana, aprovecho esta ocasión para abordar dentro de la temática de la oratoria un concepto verdaderamente importante como lo es la “parresia”. En un contexto post modernista en la realidad se vuelve subjetiva y en donde la percepción discursiva carece de elementos de objetividad, es ineludible acceder a las tesis que el filósofo francés Michael Foucault expuso con el fin de decirlo todo, es decir, expresar a cabalidad sin ínfulas ni vituperios diplomáticos la opinión y la percepción. El hablar verdadero no solamente contiene la naturaleza de la oratoria, tema que me apasiona, no obstante, dicha acción no es suficiente, es menester expresar a cabalidad con el firme propósito de agotar y dilucidar una temática.

La historia no sólo está hecha de acciones, sino también de discursos. Discursos que encendieron el heroísmo de sus destinatarios a la hora de la batalla y que tornaron posible la idea de morir y matar por la patria. Discursos que otorgaron un sentido de unidad a los habitantes de un territorio, que crearon un sentimiento de identidad nacional y que construyeron ideales comunes a alcanzar. Discursos que inventaron mitos y emblemas y que despertaron nuevas ideas o abrieron nuevos horizontes. Palabras, en definitiva, que contribuyeron a cambiar el curso de la historia.



 

“Hay que olvidar la lógica maniquea de verdad y mentira, y centrarlos en la intencionalidad de quienes mienten” Jaques Derrida.

La parresia es un término que aborda el filósofo francés Michael Foucault como una necesidad imperante en la cual se esgrime y se agota de manera específica todos los elementos que se relacionan con la asimilación de la verdad que se plasme. Existe diversos ejemplos loables de las conversaciones y discursos históricos que se presentan en la antigua Grecia, desde el dialogo de Diógenes con Alejandro Magno, en donde se deja entre ver que el cínico resulta ser una pieza de gran trascendencia ante el gran conquistador por el simple hecho de abordar de manera sincera y directa, en el evento citado Alejandro al acercarse con Diógenes para solicitar su asesoría, Diógenes le contestó; “que se hiciera a un lado ya que le estaba tapando el sol” este tipo de expresión atípico fue una referente loable y extraordinario para Alejandro. Otro ejemplo digno de análisis es la ardua conversación que sostienen los sofistas Calicles, Polo y Gorgias con Sócrates. En la tesitura de que compete de manera directa a la retórica se dilucida una realidad objetiva y la importancia de hablar con la verdad, y del mismo modo abordar los distintos puntos de vista que sostienen los involucrados en cada perspectiva que se presenta en el dialogo prominente de los filósofos citados.

Los discursos en muchas de las ocasiones contienen sesgos que vituperan y evocan figuras propias de los soliloquios, en las democracias modernas es perceptible la falta de diálogos que aborden los elementos que construyen la verdad más allá de las loas y las lisonjas. Aristófanes y Demóstenes son una reseña de lo plasmado en las olínticas. El preámbulo legislativo actual carece de retoricas y parresias. En la reseña postmoderna Foucault acude a diversas exposiciones y conferencias en 1983 en donde cita diversos casos como los ya mencionados.  Tal cual mencionaba Jacques Derrida “Todo discurso, poético u oracular, lleva consigo un sistema de reglas que definen una metodología”. Dicha aseveración evoca la particularidad de una esencia científica que promueve la construcción y deconstrucción, las nuevas tendencias filosóficas postulan al lenguaje como línea para abordar la realidad. Abordar de manera extensa el discurso y la verdad propician nuevos esquemas, en el ámbito político evoca al dialogo y al debate, es un ejercicio propio de la democracia, en el preámbulo educativo motiva a que el esquema de aprendizaje sea cognitivo y del mismo modo constructivista, coadyuba a los alumnos a que se expresen a cabalidad, rompiendo la verticalidad académica. De manera social y mediática genera un criterio de mayor objetividad, es menester construir con claridad y agotar de manera constante el discurso y por ende la verdad.

Estimado lector tal vez tendríamos una proximidad más certera a la realidad si habláramos hasta agotar los temas, la política sería distinta, no tendría máscaras, la relaciones humanas tendrían otro enfoque, los medios de comunicación funcionarían distinto, pero bien esto es solo una parte de mi discurso, tal vez solo sea una idea platónica, como bien dice el dicho “Somos dueños de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras” esa idea utópica posiblemente nos condenaría, pero tal vez estaríamos condenados a la libertad más allá del silencio creciente.

In silentio mei verba, la palabra es poder.



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