No podemos soltar el tema de la exclusión de las mujeres trans, y mucho menos en el mes del Orgullo - LJA Aguascalientes
07/08/2022

¿Por qué es transfobia excluir a las mujeres trans de las competencias deportivas?


Las burlas y el odio no paran cuando se trata de hablar de las mujeres trans. Un feminismo conservador insiste en que las mujeres trans borrarán a las mujeres cis, por lo que las excluye y violenta sus derechos; los hombres tienden a continuar perpetuando su machismo y misoginia como con cualquier mujer; y las instituciones les niegan sus derechos e identidad. No hay espacio seguro para la integración de las mujeres trans en la sociedad.

Hace unos días, la Federación Internacional de Natación (FINA) dio a conocer su nueva política de “inclusión de género”, la cual prohíbe a las mujeres trans participar en competencias de élite femeniles, a menos que hayan realizado la transición antes de los 12 años de edad, pues esto evitaría, según FINA, los cambios físicos de la pubertad masculina.

Esto en la natación, sin embargo, en todos los deportes ha existido esa segregación para las mujeres trans, pues se habla de desventajas competitivas con relación a las mujeres cis, al considerar que las mujeres trans son “naturalmente más fuertes y capaces” en cualquier deporte que una mujer cis.

En este punto, no me resta más que repetir el ejemplo que en muchos lados se argumenta: Si esto fuera cierto, cualquier hombre le ganaría una partida de tenis a Serena Williams solo porque a los hombres se les considera “naturalmente más fuertes y capaces”.

En el terreno del deporte, la incorporación de las personas trans causa un disgusto cuyo origen solo es la transfobia, pues las mujeres trans que compiten llevan, mínimo, dos años en tratamiento hormonal en el que los niveles de testosterona suelen llegar a ser incluso más bajos que los de las mujeres cis.

Esto podría confirmarse rotundamente si FINA hubiera acompañado su dictamen con estudios científicos que demostraran con evidencia que las nadadoras trans tienen ventajas competitivas si su transición comenzó después de la pubertad. Pero FINA no presentó evidencia, solo mencionó “estudios” que aseguran que el punto de quiebre en la transición es antes de los 12 años.

Este dictamen sin sustento podría ser el punto de partida para que otros organismos deportivos repliquen la exclusión a las mujeres trans.

El periodista Pável Gaona hiló un tuit en donde comenta que los tratamientos de sustitución hormonal no solo reducen la fuerza, sino también la masa muscular e incuso la densidad ósea, por lo que sí hay un “límite de nanomoles de testosterona en la sangre para que se permita competir a las mujeres trans”.


¿Cómo se comprueba esto? Con evidencia científica.

Mientras, si partimos de mera impresiones y supuestos en los cuales las mujeres trans deportistas tienen una mejor competitividad que las mujers cis, hemos de recordar el caso de la neozelandesa Laurel Hubbard, la primera mujer trans en participar en unos Juegos Olímpicos, Tokio 2021, tras nueve años de llevar un proceso hormonal. El caso de Laurel creó una enorme mediatización y expectativa, participó en halterofilia pero en la competencia no estuvo a la altura y quedó última de su grupo.

¿Por qué su caso no es reconocido como una muestra de que no siempre las mujeres trans tienen ventaja y que también pierden? ¿No será que la mediatización de casos de victoria y la transfobia orillan un discurso en favor de la exclusión de las mujeres trans? Es claro que en comparación con la perdedora de halterofilia, Laurel Hubbard, el caso de Alana McLaughlin, con cinco años de hormonización, luchadora trans de MMA profesional que salió victoriosa contra una mujer cis, la polémica y el discurso de odio iba a permear en el grueso de la población.

¿Cómo se comprueba esto? Con evidencia científica y estadística.

El hilo de Pável Gaona es revelador en otros aspectos. Menciona la ventaja corporal del nadador Michael Phelps [brazos y torso larguísimos, piernas cortas, pies como aletas] sobre otros competidores, algo que nunca se señaló negativo, pero sí se alababa. Entonces, ¿habrá alguna categoría para quienes tengan ventajas físicas sobre otros competidores?

En el libro The Sports Gene, su autor, David Epstein, menciona a un amplio número de atletas “excepcionales” y plantea formas de entender una competición justa. Uno de sus ejemplos es Eero Mäntyranta, un esquiador finlandés que “ganó cinco oros, cuatro platas y tres bronces en olimpiadas y mundiales durante los sesenta. Mäntyranta padecía policitemia congénita, un síndrome que incrementa el volumen de glóbulos rojos en la sangre debido a una mutación en el gen que produce la EPO, la hormona responsable de la producción de glóbulos rojos. Esta particularidad hace que la sangre de este esquiador pudiese llevar hasta un 50% más de oxígeno que un humano medio. Mäntyranta tenía así de forma natural la ventaja que ciclistas como Lance Armstrong buscaron inyectándose EPO sintética para producir más glóbulos rojos y mejorar su rendimiento”. Entonces, ¿Mäntyranta tendría que haber sido colocado en un grupo aparte, es decir, ser excluido de la categoría por su condición?

Porque es justo que si hablamos de competiciones más igualadas, esto se dé en todos los ámbitos. Un estudio de la revista Nature proponía la terapia génica para lograr competiciones más iguales: “En opinión de los dos biotecnólogos, solo existen dos posibilidades para lograr que los atletas puedan competir en igualdad de condiciones: O se aplica un hándicap a los privilegiados genéticos o se actúa sobre el genoma de los que no pueden competir por ser solo normales para convertirlos en extraordinarios”.

Pero ¿qué pasa con mujeres cis que tienen “ventajas naturales” como “cuerpos con mayor musculatura, estatura, densidad ósea, fuerza, etc”, que muchas veces está relacionado con su origen étnico o su fenotipo? Esto también lo menciona Pável Gaona y yo me imagino en la misma competencia de basquetbol de élite a un grupo de asiáticas y al de afroamericanas. ¿Esto acaso representa una justa competencia? ¿Acaso van a separar por etnia a las competidoras? Abunda Gaona: “Para ser “justos”, se tendrían que hacer ligas por etnias, por edades, por peso, por sexo, por país de origen —los países no cuentan con las mismas condiciones que fomenten o permitan entrenamientos en paridad—. Para hablar de justicia o igualdad de condiciones se tendrían que tomar en cuenta aspectos más allá de lo meramente físico: se tendría que tomar en cuenta los aspectos socioeconómicos”. Ya me imagino los cientos de grupos diversos que habrían de organizarse para cumplir cada uno de estos requisitos en pos de la justa justa.

 

¿Qué argumentos van a seguir considerándose para alimentar la transfobia? Evidencia científica, no hay. Evidencia estadística y social, tampoco.

Va un último ejemplo: el box. El pesaje suele realizarse un día antes del combate, los boxeadores deben asegurarse de que no sobrepasan el límite de peso preacordado. Sin embargo, debido al tamaño, peso, masa muscular, etc., algunos boxeadores podrían recurrir a la pérdida de agua para estar al límite, a pesar de que las normas internacionales prohíben ciertas prácticas, ya no hablemos de medicina controlada o sustancias, sino de la deshidratación para alcanzar el peso, o al contrario aumentar kilos de manera rápida, lo que pone en riesgo la salud del púgil, así como la igualdad en la contienda.

En la nueva normativa, la FINA también anunció que están trabajando en una “categoría abierta” donde podrán participar nadadoras con diversas identidades de género: La política incluye propuestas para una categoría de competición abierta. La FINA creará un nuevo grupo de trabajo que dedicará los próximos seis meses a estudiar la forma más eficaz de establecer esta nueva categoría”, ¿pero esto no es exclusión, segregación?

Remata su hilo Pável Gaona: “Por el lado de lo social, la historia nos ha enseñado que lejos de apartar en categorías por nuestras diferencias, debemos integrar. De ignorar esto, estaríamos dando la razón a quienes en el siglo pasado pedían baños, escuelas y transporte público exclusivo para personas negras”.

No existen evidencias ni científicas ni estadísticas ni sociales que permitan la exclusión de mujeres trans en los deportes. Todo lo demás es transfobia.

Y hay que repetirlo: De ser verdadera la preocupación que tienen todos aquellos porque las mujeres competidoras están en desventaja con las mujeres trans, bien valdría la pena que empezaran a preocuparse por una desventaja que ha acompañado a las mujeres a lo largo de la historia deportiva: la enorme diferencia en los sueldos de las atletas respecto a los hombres; la violencia sexual y psicológica a manos de entrenadores; o cómo las mujeres negras son discriminadas en una sociedad que privilegia a las atletas blancas.

Esas sí son desventajas reales para las mujeres cis en el deporte, no la competencia con un grupo minoritario de mujeres trans.

 


Con información de Proceso, Danz News, esmateria.com, Pável Gaona.

 


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Tania Magallanes
Tania Magallanes

Jefa de Redacción de LJA. Arma su columna Tres guineas. Fervorosa de lo mundano. Feminista.

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