Sabia virtud/ Opciones y decisiones  - LJA Aguascalientes
12/08/2022

…de conocer el tiempo.

Canción de Marco Antonio Muñiz.

 

Existen inquietantes motivos de preocupación en México, sobre todo concluido el proceso electoral del pasado 5 de junio, en que seis estados renuevan sus gubernaturas, cuatro de las cuales quedan bajo la conducción de Morena y las dos restantes Aguascalientes y Durango, en control de la alianza PAN-PRI-PRD. El asunto de fondo consiste en que, apenas anunciados los triunfos respectivos por el INE, exactamente el domingo en que cada uno de ellos recibía su Constancia de Mayoría, Morena convocaba a una gran concentración de sus miembros más prominentes, para lanzar abiertamente las precandidaturas de sus tres más reconocidos “destapados” la Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum, el Canciller Marcelo Ebrard y el Secretario de Gobernación Dan Augusto.

Un evento tenido por muchos, como: ”acto  anticipado de campaña”; faltando todavía dos años para su verificación. Hasta aquí, a mi entender, todavía no llega la sangre al río, porque, se trata de un desafío tempranero del grupo en el poder, como alarde de su fuerza nacional de convocatoria y casi proclamando su futuro triunfo en la contienda presidencial. Aparte de, hacer creíble que los próximos dos estados por elegir gobernador: Estado de México y Coahuila, están por integrarse al dominio territorial del país que ya gobierna.

Hasta aquí no hay razón de sobresalto alguno, según mi parecer; pero, lo que sí podría hacer levantar la cejas y fruncir la nariz es que varios connotados cronistas de la noticia, analistas de la Política o miembros destacados de la comentocracia nacional casi dan por hecho que la “oposición” vista como un todo, ya está derrotada; es decir, “ya se les fue” la posibilidad de conquistar la Presidencia de la República en la contienda de 2024. Sobre todo, al no tener hoy un liderazgo, digámoslo en concreto, un líder claro, visible, actuante y convincente para competir contra los actuales “delfines” del presidente Andrés Manuel López Obrador; y que pudiera ya, galvanizar el corazón y la voluntad de las masas -del resto de la sociedad civil- para abanderar las causas que resultan ajenas al titular del régimen presente, pero que son vitales para el país y su viabilidad de futuro.

En efecto, sí es motivo de inquietud -me refiero a ese otro gran conjunto de la sociedad mexicana- que no está de acuerdo con la manera de conducir la cosa pública por el Presidente en funciones; y agregar el supuesto, de que forzosamente, por ley de la movilización política como va, y el voluntarismo personalista en que está imbuido el movimiento de la Cuarta Transformación, se traducen automática y necesariamente en el “destino manifiesto” de una continuidad y persistencia del régimen, que ha tratado de instaurar, con infaustos resultados.  

Ese pesimismo anunciado -aunque sea documentado-, no me alivia del peso moral de creernos ya derrotados; a pesar de saber que no en una, sino en múltiples asignaturas, el régimen presente está siendo reprobado. No hace falta enumerar toda la lista, baste decir que la economía, a partir de la propia Política Fiscal, componentes e indicadores de los factores de la producción, intercambio, distribución, consumo y masa de capitalización y financiamiento, están por debajo del piso de crecimiento y expansión; y que la seguridad pública del país está en franco asedio y azarosa sobrevivencia; que la procuración e impartición de Justicia son un simulacro infernal que alienta la impunidad y favorece el cúmulo inmundo de la corrupción; en tanto que el crimen organizado se regodea como poder alterno intocable, ante la sociedad inerme e indefensa. Y un gran conjunto de etcéteras que pueden incluir el gran espectro de las técnicamente bien llamadas micropolíticas que conforman el bienestar social, la salud, la cultura, la educación, la formación de mano de obra calificada y la organización social comunitaria.

Pues bien, a todo ello tenemos derecho, yo diría el sagrado deber, primero de aspirar sin tapujos ni requiebros; de frasear, enunciar, participar, comunicar, contagiar de su atractivo y beneficios a recibir para todos; segundo, de exigir y demandar por cuanto eso mismo ya está incluido y mandado por la Norma Constitucional, que no se traduce en graciosa concesión o dádiva “desde lo alto”, porque es de destino universal imperativo; tercero, en configurar, consolidar y construir en tanto que objetivos, metas y cometidos tan deseables como dignos de perseguir, para ser concretados como políticas públicas exigibles al gobierno en turno. Al exterior del país, ocurre algo similar a este escepticismo inercial de adentro. Y me refiero al tema, nada menor, de lo que sería una segunda venida de Donald Trump a la presidencia de los EE.UU. A este respecto, también la comentocracia mexicana se venía manifestando como de un “alta probabilidad”, al menos hasta hace tres semanas -coincidentes con nuestros procesos políticos  internos-. Y lo cito, porque ese evento futurible desde mi punto de vista catastrófico, está siendo puesto en cuestión por las mismas fuerzas políticas del Congreso norteamericano, que ahora revisa el aciago acontecimiento del día 6 de enero 2021, en que se habría de calificar la elección presidencial, y puso en jaque su debido cumplimiento.   


Efectivamente, un gran conjunto ciudadano del electorado de los Estados Unidos, a una con la fracción congresista representada por el Partido Republicano, daba por cierto que el expresidente Donald Trump había sido defraudado en las urnas y despojado de la presidencia por el candidato demócrata declarado triunfante Joe Biden. El debate público estaba en un impasse, porque la fracción perdedora no aceptaba su real y legal derrota, y continuaba la beligerancia pública de Donald Trump para declarar precisamente eso, que la elección había sido “rigged”/arreglada y que por tan tanto era espuria, ilegal e inaceptable. Ese punto muerto, no obstante, fue superado, dado que a partir del comienzo de las Audiencias senatoriales para conocer los testimonios probados y bajo juramento de los testigos convocados, las cosas están progresivamente cambiando, y dan un giro diametralmente opuesto a su tono. Veamos.

La convergencia de conmemorar un evento histórico, similar en grado de criminalidad por un funcionario del más alto nivel, es traído al presente. Fred Ryan, Publisher & CEO, de The Washington Post, presenta un evento especial televisado por WP, en ocasión del 50 Aniversario del asalto/break in de Watergate. en que los autores dan a conocer la reedición de su libro All The President’s Men. En dicha transmisión, Dan Blaz, Jefe de Corresponsales, entrevista a los reporteros Bob Woodward & Carl Bernstein, y en el curso de la conversación, se menciona a Katharine Graham, (1917-2001), publicista dueña del diario, En voz de ella, dan a conocer dos hechos que ponen de relieve su importante figura como líder en los medios de comunicación. Ella misma, al deliberar sobre la trascendencia de las notas periodísticas que su diario publicaba, destaca el peso relativo que jugaba en el tiempo WP, afirmaba: que, con todo, era un periódico “local” -comparado con la muy alta divulgación que tenían los de Nueva York-, dado que el suyo se vendía prácticamente en la localidad. El otro punto, consistió en un decisivo gesto de autodeterminación. Sucedió que, al ser notificada que a las puertas del edificio corporativo comparecían unos oficiales que portaban sendas sub-poenas/órdenes de presentación para los reporteros Bob Woodward y Carl Bernstein, por información contenida en sus reportajes sobre Watergate. A lo que ella dijo: “Si alguien debe ir a la cárcel, esa soy yo; pues la información es mía”. Ese era el grado de solidaridad con su personal, con sus reporteros. su compromiso absoluto con la información que difundía su propio periódico.

En ocasión del 50 Aniversario de los hechos de Watergate, los célebres periodistas del diario The Washington Post Bob Woodward y Carl Bernstein fueron invitados a una entrevista televisada por la empresa Amanpour and Company, evalúan los hechos relativos al 6 de Enero 2021, en que el Capitolio de Washington estuvo bajo asedio de una turba simpatizante con el todavía presidente Donald Trump. El entrevistador –Walter Isaacson- comienza por preguntar a Bob Woodward, qué lecciones no habían sido aprendidas del evento Watergate, que culmina con la renuncia a la presidencia de los EE.UU. por Richard Nixon (8 de agosto, 1974). A lo que el periodista responde recordando una cita del Presidente George Washington, en el famoso discurso de su despedida en 1796, alerta al país, en sus palabras: – La democracia es frágil, y necesitamos preocuparnos de aquellos hombres sin principios tomando y arrebatando el poder, y usando poderes extraordinarios”. Así con Nixon y Trump, esa lección no ha sido aprendida suficientemente. En seguida, toma la palabra Carl Bernstein, que afirma: Probablemente, tanto Nixon como Trump son dos presidentes criminales de los EE.UU. Trump lo ha llevado aún más lejos: –Es el primer presidente sedicioso, él intento inspirar y alentar una insurrección, tal como lo hizo Jefferson Davis, sedicionista pero, que no era presidente de EE.UU; fue presidente Confederado.

Otros datos nos dan idea del talante de Donald Trump. Bob Woodward sostuvo una conversación con Trump, solicitada por él personalmente, en que le responde sobre qué cambió radicalmente en el país, y afirma: – en 2016 el viejo orden estaba muriendo en el Partido Republicano y también en el Partido Demócrata. A lo que enfáticamente replica, exacto, estás en lo correcto. Una brillante recomendación a los periodistas. Carl Bernstein: en la edad de los medios electrónicos, el reportero debe “saber escuchar”. -¡Escucha! Esto queda claro en el libro “Todos los Hombres del Presidente”. Del personaje Deep Throat (Garganta Profunda), aprendimos que hay que colaborar, tu vida está en juego, juntos había que dar el 60% cada uno.

Y, quizá, la recomendación más importante, para poder interpretar los hechos profundos que hacen historia, y no caer en el pesimismo o escepticismo informado. La importancia de que la gente del país se involucre en temas como este, la percepción del célebre reportero es que, relativo al involucramiento de Trump en el asalto al Capitolio, casi un cincuenta por ciento del país no muestra interés en el asunto. Hay que informar clara, fehacientemente, con profesionalismo, para que la gente se involucre, sólo así se hará el cambio esperado, también en México.

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