El (in)evitable colapso civilizatorio/ Rompecabezas urbano  - LJA Aguascalientes
04/10/2022

 

El libro de Jared Diamond (2007), Colapso. Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen, ofrece un detallado análisis sobre las causas que llevaron al desastre a algunas de las principales civilizaciones que han habitado nuestro planeta y las cuales todavía nos sorprenden por los grandes logros que alcanzaron en distintas áreas del conocimiento. Entre las civilizaciones analizadas se encuentran: mayas (México), vikingos (Groenlandia e Islandia), anazis (Estados Unidos) y los habitantes de la isla de Pascua (Océano Pacifico). Jared Diamond indica que, a pesar de la distancia temporal y geográfica que existe entre esas civilizaciones, es posible identificar causas comunes que las llevaron a su final. Una de las principales de ellas fueron los cambios en su medio ambiente derivados de los propios ciclos naturales del planeta y de aquellos provocados por las actividades de los individuos.

La lectura que ofrece Jared Diamond sobre el tema indica que el colapso de esas civilizaciones no ocurrió de la noche a la mañana. Por el contrario, su desaparición fue resultado de un largo proceso de degradación de las condiciones ambientales que en algún momento les permitieron florecer. La evidencia científica indica que dicha degradación a la que se enfrentaron esos pueblos fue un resultado paulatino e involuntario; es decir, sus habitantes no buscaban voluntariamente destruir las condiciones que les permitía la vida e incluso se puede suponer que hacían “el mejor uso posible” de los recursos que les ofrecía la naturaleza. Ese uso, sin embargo, se basaba en la idea de que tales recursos no se agotarían pues a simple vista y/o basados en su experiencia, creencias y tradiciones éstos siempre estaban ahí para ser aprovechados. Así, el uso diario de los recursos de una creciente población y los cambios ambientales (especialmente los que ocurren en el mediano y largo plazo) fueron lentamente minando las condiciones de vida de dichos pueblos. El resultado final fue el agotamiento de uno o varios recursos naturales que eran claves e insustituibles para la supervivencia de esas sociedades, lo que a su vez derivó en la pérdida de confianza en los lideres (religiosos y/o políticos) al no solucionar el problema, constantes rebeliones internas, guerras con otros pueblos por el acceso a los recursos, migraciones masivas, destrucción de ciudades, y finalmente la desaparición de dichas sociedades.

Una de las conclusiones a las que arriba Jared Diamond sobre las causas que llevaron a las antiguas civilizaciones a agotar sus condiciones ambientales fue su desconocimiento sobre los límites y las posibilidades reales que ofrecía el entorno que habitaban, sumado a las barreras que tenían para transmitir el conocimiento que iban acumulando a cerca de los ciclos del ambiente en el que vivían. La combinación de esos problemas de conocimiento y comunicación condujo a que no se tuviera una visión de largo plazo sobre lo que podría ocurrir con los recursos naturales de un sitio. Así, los habitantes de aquellas civilizaciones habitualmente, por ejemplo, abrían nuevos campos de cultivo, cazaban animales, cortaban árboles, construían sus ciudades, consumía agua y vertían desechos con el propósito de satisfacer sus necesidades inmediatas, pero sin considerar sus efectos en el futuro de su entorno.

La realidad ambiental y social que actualmente vive nuestro planeta no está muy lejos del diagnóstico de las antiguas civilizaciones que hace Jared Diamond. Es bien sabido que el consumo que hace cada individuo de recursos naturales, renovables y no renovables, diariamente están incrementando la presión sobre el planeta y alterando sus ciclos naturales de manera sin precedente. Al igual que ocurría en las civilizaciones que nos precedieron nuestras prácticas de consumo generalmente se realizan (consciente o inconscientemente) con la idea de que los recursos siempre están disponibles. Hoy en día basta, por ejemplo, acudir al (super)mercado, abrir la llave del agua, visitar una gasolinera o activar el interruptor de electricidad para acceder a recursos que son esenciales para nuestro actual estilo de vida. Esto último ocurre especialmente entre los habitantes de las ciudades para quienes las facilidades que ofrece el entorno urbano y nuestro ajetreado ritmo de vida nos ocultan la procedencia y los procesos que nos dan acceso a los recursos que consumimos en el día a día. Pero además de ello vivimos y consumimos sin considerar el efecto que tendrán nuestras prácticas habituales en el largo plazo.

La visión que ofrece Jared Diamond no es nada alentadora, aunque en algunos momentos del libro el autor intenta ser optimista y presenta algunos casos donde las sociedades han logrado tener una relación relativamente más armónica con su entorno. Aunque esto último se realiza con costos sociales que no necesariamente están dentro de nuestros esquemas morales o sociales, por ejemplo, restricciones gubernamentales en el tamaño de las familias. La obra de Jared Diamond alerta que ninguna civilización está exenta de sufrir su final. Sin embargo, si nuestro objetivo es sobrevivir y prosperar como sociedad es necesario no solo avanzar en el conocimiento de los recursos con los que cuentan nuestras sociedades, aspecto sobre el cual nuestra capacidad educativa, tecnológica y científica podría ayudar, también es necesario acompañar el conocimiento con reglas, hábitos y conciencia de largo plazo, lo cual resulta todavía más complicado de llevar a cabo. Hacer esto último podría ser una pieza clave para definir el futuro de nuestra actual civilización global.

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