El milagro Karajan/ El banquete de los pordioseros  - LJA Aguascalientes
30/09/2022

No estoy seguro, pero creo que tenía 7, tal vez 8 años cuando mi papá puso en mis manos un disco, esos del sello amarillo, ya sabes, ¿no? La Deutsche Grammophon, no sé si el mejor, pero sin duda uno de los mejores sellos especializados en música clásica. Recuerdo que en la portada se leía: Jean Sibelius. Symphonien 4 – 7. Der Schwan von Tapiola (El cisne de Tapiola). Berliner Philharmioniker. Herbert von Karajan.  Creo tener la imagen de la portada del disco, aparecía el maestro con un suéter rojo alrededor del cuello viendo con atención la partitura que tenía en sus manos. El recuerdo es confuso, ya no estoy seguro si esa imagen del maestro Karajan corresponde al disco de Sibelius, la memoria es traicionera, quizás la portada corresponde a otras obras, no sé, pero en mi mente tengo a Karajan con ese suéter y de alguna manera lo relaciono con Sibelius, de lo que sí estoy seguro es que en esa ocasión conocí al maestro Karajan. Mi papá puso el disco en aquel viejo tocadiscos de la sala de mi casa y empezaron a escucharse esos maravillosos sonidos e inevitablemente la magia surgió, así, de manera natural. Mientras escuchaba con atención mi papá me platicaba de él, de Karajan, lo hacía con mucho entusiasmo, con pasión, cerraba los ojos y me platicaba de Karajan como si de un superhéroe se tratara. Me contaba de sus hazañas como si fuera Ivanhoe, Robin Hood o El Quijote. Y es que yo tenía una gran fascinación por la Edad Media por los cuentos que me contaba mi padre, de hecho me hacía castillos de cartón y me contaba historias de los Caballeros de la Mesa Redonda del rey Arturo. A veces esos castillos que me hacía se llamaban Camelot, otras veces era Elsinore en donde yo creía ver aparecer el espectro del padre de Hamlet  recorriendo las torres del Palacio de Kronborg (sitio real en el que se inspiró Shakespeare para su tragedia de Hamlet, príncipe de Dinamarca), en fin, así, de esa manera me imaginaba yo a un director de orquesta, como un aguerrido general que conducía a su ejército a la batalla para conquistar la gloria, no pasó mucho tiempo antes de entender que efectivamente así es, que justamente así es un director de orquesta, así justamente era Herbert von Karajan.

Cuando Karajan murió, el 16 de julio de 1989 yo estaba en el Teatro Morelos en un concierto de aquel ciclo que se realizaba hace algunos años llamado Julio mes de la música, -hoy, por fortuna, tenemos maravillosos festivales de verano como es el de Música de Cámara que  termina este domingo, justamente en el Teatro Morelos-, y el concierto lo ofrecía la Camerata Stuttgart si no me equivoco, lo importante es que ahí, durante el concierto se notificó a la audiencia de la muerte de Herbert von Karajan, recuerdo esa exclamación que espontáneamente surgió entre el público, entre asombro y tristeza. El concierto se transmitía en vivo por radio en XENM que se sintonizaba en los 1320 KHZ de am, lo que ahora es Alternativa 98.1 fm, creo que no era yo el conductor, pero estaba ahí en el concierto y también apoyando en la transmisión.  

Más allá de lo que un músico pueda significar para cada uno de nosotros, más allá del mito y la leyenda, está su trabajo y eso es lo que verdaderamente lo hace grande. En el caso de Karajan tenemos a un director que, como todos los grandes representantes del arte, tiene seguidores y detractores, y quizás en pocos como en él encontremos esta diversidad de opiniones, muchas veces se ha criticado su trabajo con el repertorio barroco o del clasicismo, mientras que se considera un referente obligado en el romanticismo, por alguna razón un crítico alemán lo llamó Das wunder Karajan, es decir, el milagro Karajan.

Es un director al que se le asoció toda su vida con el nazismo, se afilió al partido Nacional Socialista en 1933, algunos dicen que por convicción, otros aseguran que por conveniencia, curiosamente se casó con Anita Gütermann de origen judío en 1942, es decir, en Plena Segunda Guerra Mundial. Sin embargo su relación con Hitler no fue exactamente la mejor, en alguna ocasión, mientras dirigía Die Meistersinger von Nürnberg, Los Cantores de Núremberg de Richard Wagner, lo hacía sin partitura, el maestro se perdió a la mitad de la representación, los cantantes se detuvieron y aquello fue un verdadero desastre, el concierto lo ofrecía Hitler a los reyes de la extinta Yugoslavia en junio de 1939. Entre el público se encontraba Winifred Wagner, esposa de Sigfried, hijo del compositor, se dice que Hitler furioso le dijo a la nuera de Richard: “Herr Karajan jamás tocará en Bayreuth mientras yo viva”, cosa que cumplió. Después de la muerte del tercer Reich Karajan busco la manera de borrar este vergonzoso incidente.

Karajan también fue un artífice importante para el diseño del formato musical del disco compacto, se dice que los primeros prototipos tenían una duración de 60 minutos y el maestro insistió en que se aumentara la duración a 74 minutos con el fin de que la Sinfonía No.9 de Beethoven pudiera caber en un solo disco, aunque los creadores del disco compacto niegan esta versión. Lo cierto es que fue Karajan el primero en realizar una grabación  en disco compacto para distribución comercial, la obra fue la Sinfonía Alpina de Richard Straus con la Orquesta Filarmónica de Berlín la cual dirigió por 35 años.

Con estas líneas solo pretendo recordar a Herbert von Karajan a 33 años de su muerte, un verdadero referente en la dirección orquestal en el siglo XX. 


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