Historia de la UAA 4.- ¿Jesús Terán o Gómez Portugal?/ Cátedra  - LJA Aguascalientes
09/12/2022

Hemos presentado, hasta ahora, los argumentos históricos fácilmente comprobables que demuestran fehacientemente que Jesús Terán es el fundador de la Institución originaria de la actual Universidad Autónoma de Aguascalientes.

Para cerrar esta etapa presentaremos las síntesis biográficas existentes en la sección de aguascalentenses ilustres de los portales de internet de los gobiernos del Estado y Municipio de Aguascalientes que, independientemente de su calidad literaria constituyen, en sí, documentos oficiales.

JESÚS TERÁN



 

De su archivo en la sección de aguascalentenses ilustres en el portal de internet del Gobierno del Estado de Aguascalientes, seleccionamos y transcribimos los siguientes párrafos de su ficha biográfica:

“En 1849 fue jefe político del Partido de Aguascalientes. Creó el Instituto Científico y Literario de Aguascalientes –primer antecedente de la Universidad Autónoma de Aguascalientes- y la Escuela de Artes y Oficios; fue tercer rector del Instituto en 1850…

“Fue llamado por el Presidente Ignacio Comonfort para hacerse cargo de la Secretaría de Gobernación hasta 1862…

“Durante el gobierno de Juárez ocupó la cartera de la Secretaría de Justicia y Fomento. En 1862, ante la amenaza de una invasión por parte de Francia, España e Inglaterra, se le ordenó integrarse a la Comisión Negociadora con los representantes europeos. En 1863 parte a Europa para cumplir con la misión encomendada por Juárez al nombrarlo Embajador Plenipotenciario ante las cortes europeas y representante personal del presidente en Europa. Su objetivo era evitar la llegada de Maximiliano a México y lograr el retiro de las tropas francesas.

“Sus restos descansan en la “Rotonda de los hombres ilustres” del panteón de la Salud, en la ciudad de Aguascalientes.”

El portal de internet del municipio de Aguascalientes contiene una información similar que no tiene caso repetir, como puede verse en su página de personajes ilustres.


JESÚS GÓMEZ PORTUGAL

La síntesis histórica de este personaje, que solo aparece en la sección de ex gobernadores del Estado de Aguascalientes, que transcribo completa, es muy breve, pobre y descuidada como puede observarse, pues ni siquiera menciona la Escuela de Agricultura:

“Nació en la ciudad de Aguascalientes en 1820, y murió en San Luis Potosí en junio de 1875. Con motivo de la invasión norteamericana se dio de alta como cabo en el Batallón de Aguascalientes, hasta obtener el grado de coronel. Entre la inestabilidad resultó electo gobernador y comandante militar en 1857, convocó al Club Laboral [¿Liberal?] para organizar y armar tropas que puso a las órdenes de Santos Degollado y sancionó las Leyes de Reforma. En 1863 fue deportado a París. Escondió la bandera nacional que portaba su escuadrón, a su regreso la entregó al Congreso del Estado de Aguascalientes, donde se conserva. Regresó para seguir combatiendo y ocupar nuevamente en 1866 la gobernatura del estado, en forma provisional, designado por Benito Juárez. Fue elegido gobernador constitucional para el periodo de diciembre de 1867 a 1871. En 1868 sancionó la nueva Constitución del estado, el 18 de octubre, en la que se lleva a precepto las Leyes de Reforma.”

Pero lo más significativo es que la página de personajes ilustres del Ayuntamiento ni siquiera menciona a Gómez Portugal.

***

COINCIDENCIA. Aquí vemos una clara coincidencia con lo que afirman tanto el Gobierno Federal como el Gobierno del Estado y el Ayuntamiento, acerca de que Jesús Terán fue el fundador del Instituto de Ciencias, asegurando también, tanto el Gobierno del Estado como el Ayuntamiento, que el Instituto es “el primer antecedente de la Universidad Autónoma de Aguascalientes”.

Por su parte, la ficha biográfica de Jesús Gómez Portugal que maneja el Gobierno del Estado en su sección de ex-gobernadores es muy deficiente y no tiene referencia alguna relativa al Instituto de Ciencias, la Escuela de Agricultura ni la UAA.

LA SANTA DISCREPANCIA. En cambio, los funcionarios de la UAA manejan, a contrapelo de lo que siempre han manejado los gobiernos Federal, del Estado y del Ayuntamiento de 1848 a 1867 y después de 1871 hasta la fecha, que la Escuela de Agricultura que atravesó por grandes carencias en sus cuatro años de vida y murió sin dejar rastro cuando Gómez Portugal fue vergonzosamente expulsado por un levantamiento popular provocado por su pésimo comportamiento, es el primer antecedente de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Yo creo que nuestra Universidad merece, por lo menos, un poco de respeto.

***

Por todo lo que hemos visto hasta este momento, podemos concluir que el grupo dominante que controla la Universidad Autónoma de Aguascalientes desde 1942 en que todavía era Instituto, no tiene un solo argumento sólido ni válido para continuar sosteniendo que el origen de la UAA fue el garlito de la Escuela de Agricultura inventada por Agustín R. González en 1867 para tratar de borrar la memoria de Jesús Terán, garlito en el que cayó ingenuamente el incapaz gobernador que fue Jesús Gómez Portugal.

La verdad es que está plenamente demostrado que el Instituto nació legalmente mediante el decreto promulgado el 20 de Noviembre de 1848 e inaugurado por Jesús Terán el 25 de Enero de 1849.

***

Por otra parte, mediante la columna Tlacuilo del 25 de Enero del año 2017 titulada “Terán y los Académicos”, hice una atenta invitación al Rector de la Universidad Autónoma de Aguascalientes no para que acepte a pie juntillas lo que afirma la agrupación “Amigos de Jesús Terán”, sino para que mediante los más que suficientes recursos humanos y materiales con que cuenta la Universidad Autónoma de Aguascalientes se procediera a realizar la investigación necesaria para definir, de una vez por todas, este asunto que está obstruido por lo que yo considero es un capricho que no tiene cabida en una Universidad.

Hemos esperado cinco años pero la respuesta del ciudadano Rector no llegó, a pesar de que en el discurso que pronunció con motivo de la toma de posesión de su cargo aseguró lo siguiente:

 

“…si en la Universidad no perseguimos los más altos Valores de la Civilización, entonces la Institución se convierte en una empresa al servicio de un mercado, y los estudiantes, en estadísticas.

“Saber escuchar, y escuchar mucho, antes que hablar, será una de las características de mi gestión. Sobra decir que en un ámbito académico no valen las vaguedades, tampoco las mezquindades, sino los argumentos, los valores, la honestidad y la justicia.”[1]

NOTABLE MEJORÍA ACADÉMICA. En diversas ocasiones hemos hecho un franco y abierto reconocimiento al trabajo desempeñado por el actual Rector en el terreno académico, etapa que consideramos, sin lugar a dudas, la mejor desde que la institución lleva el título de Universidad.

Por eso nos parece muy lamentable no que ignore a los Amigos de Jesús Terán, lo cual nos tiene sin cuidado, sino que ignore el contenido de lo que proponemos, porque debería ser altamente sensible al tema precisamente por ser el Rector no de “su”, sino de nuestra alma mater, pues eso sí contradice abiertamente el contenido de su discurso de toma de posesión, dejando en entredicho el valor de sus palabras como tal, porque no manifiesta la más mínima intención de corregir su historia, lo cual es difícil de entender por entrar en abierta contradicción con su positiva labor en el terreno académico.

Entendemos que tal vez considera que ceder al imperio de la lógica podría hacerle perder autoridad, pero no lo creemos así; por el contrario, esa actitud lo dignificaría.

También podría ser que hubiese intentado proceder con la investigación, pero tal vez se encontraron con la tremenda realidad de que no encontraron el material necesario en el archivo, ya que el primer rector de la UAA ordenó incinerarlo.

LOS ARCHIVOS DE LA UAA: Y no afirmo lo anterior porque se me antoje, pues esa información la publicó la propia Universidad. Me explicaré reproduciendo, con algunos ajustes, parte de la colaboración que publiqué en la segunda parte de la columna Cátedra del 29 de Enero del 2021 titulada “La UAA y sus archivos”:

1976.- La rectoría de la UAA intentó trasladar los archivos de Bachillerato al edificio central. ¿Con qué propósito? Los estudiantes se amotinaron impidiendo lo que llamaron intento de secuestro.

Esto lo publiqué por primera vez en la revista Cátedra (de donde viene el nombre de esta columna), pues tuve que crear mi propio medio de difusión porque el gobernador les prohibió a los directores de los diarios que me publicaran una palabra más sobre las barbaridades que se estaban cometiendo contra la Universidad; esto me lo dijo un hombre de cuerpo entero porque estaba consciente del riesgo que corría: don Leandro Bernal, director de El Heraldo de Aguascalientes, cuando le fui a llevar mi colaboración de la semana, que ya no se publicó; hasta allí llegaba la influencia nefasta del rector de la UAA, que no solo me impidió expresarme con libertad en mi propia casa que es la Universidad sino también a nivel del diarismo estatal, pero no clausuró la revista, tal vez porque su circulación era muy limitada. De la reclamación que le presenté personalmente al gobernador tengo prueba escrita, firmada de recibido y sellada por su oficina, pues le fui a reclamar personalmente su violación a mis garantías constitucionales; me replicó allí mismo verbalmente lo que consideraba, en su autoritaria ignorancia, altamente peligroso: “tú eres capaz de incendiar el Estado”; por escrito nada, pues seguramente desconocía el texto del artículo 8º Constitucional, así como la Ley de Imprenta. Me viene a la mente la expresión que tuvo el profesor Enrique Olivares Santana en el sentido de que “si no dejan de reñir el doctor Guel y Augusto, vamos a tener el triste espectáculo de ver al Estado de Aguascalientes gobernado por un Cuco Esparza”.

En esa época turbulenta yo ya estaba suspendido en mis cátedras desde Febrero y con un juicio pronto y expedito de cerca de un año que se aparentó en el Consejo Universitario sin que yo pudiera defenderme porque se me prohibió estar presentecosa que ni a los peores criminales se les niega– ni se entregó a los consejeros, como lo solicité expresamente, el material que el justo y humano secretario general y supuesto abogado de la Universidad me obligó a presentar por escrito para mi defensa; de hecho, ninguno se enteró que se estuviera llevando un juicio, cuya fingida y flamígera sentencia que dictó la “destitución de todas sus cátedras” se me entregó a fines de 1976 y todo resuelto. El rector pudo respirar tranquilo y “su” Universidad, por fin, trabajar en paz.

1978.- Para este año, cuando ya habíamos sido expulsados los profesores y estudiantes que pretendimos defender a la Universidad mediante el ejercicio de la libertad de expresión que era letra muerta en la Ley Orgánica de la institución; y egresado los estudiantes de Bachillerato que vivieron la etapa más autoritaria, ya no hubo quién se opusiera al trasladado de su archivo -que era una verdadera reliquia- a la rectoría. Entonces se consumó el peor de los crímenes contra su historia. He aquí la prueba irrefutable:

 

 

En el año 2002 fue impreso por la propia UAA el libro “60 años de Autonomía”, en cuya página 71 su autor, Héctor de León, refiere la salvaje incineración de los archivos del Instituto, acto que no podía ser realizado si no era por instrucciones precisas del rector. Lo que relata es verdaderamente escalofriante:

 

“Con sorpresa llegué a ver la incineración de cajas que contenían archivos institucionales en aquellos años en que se preparaba el cambio de las oficinas centrales a las modernas instalaciones de Ciudad Universitaria.- “No hubo la menor prudencia y sí la barbarie del despojo de lo que aparentemente no sirve. Por desgracia, esta secuencia se ha venido dando bajo el argumento de que existen archivos que no tienen por qué guardarse, pero sin la aprobación de quienes conocen del tema. La creación del departamento de Archivo vino a ser una barricada para esta destrucción indiscriminada que se ha dado en nuestra alma mater y que no dejaremos de lamentar.”[2]

 

 

Ese es uno de los argumentos más importantes en que se basa nuestra interpretación en el sentido de que existe una estrategia centenaria y permanente de fuerzas ajenas a la institución que, logrando por fin tener un control absoluto de ella, destruyeron documentos invaluables en los que estaba, entre otras incontables pérdidas, la prueba de que el Instituto fue creado por el gobierno de Zacatecas [Estado al que, por entonces, todavía pertenecía Aguascalientes] el 20 de Noviembre de 1848 e inaugurado por Jesús Terán en 1849.

Salvajismo tal retrata de cuerpo entero a los que se han autocalificado como “fundadores de la Universidad”. Eso, obviamente es una vil mentira, pues no puede caber en una mente medianamente inteligente el hecho de que una persona física o moral destruya la constancia de su propio origen, a menos que este le pareciera inconfesable.

Y es la mejor prueba de que la UAA es autónoma solo de nombre, pues su control está en manos de fuerzas poderosas que la mantienen sometida para satisfacer sus intereses y consideran ingenuamente que con ese hecho criminal desaparecieron del mapa a Jesús Terán, figura que jamás podrán, ni siquiera, desvanecer.

Ahora, nuevamente y de la manera pacífica en que siempre lo hemos hecho -fundados en la razón y el derecho y siempre también dispuestos a reconocer y corregir los errores y omisiones que como humanos somos propensos a cometer- reiteramos nuestra recomendación de someter a revisión la interpretación de la historia de la Universidad Autónoma de Aguascalientes para empezar a enderezar su rumbo; no para cumplirnos un capricho, sino para tomar en cuenta la opinión de la comunidad universitaria con la sana intención de ajustar su historia a la verdad.

Ojalá eso ocurra. Pero si no hay el menor indicio de respuesta lo entenderemos y no volveremos a intentar disuadir a quienes están al mando.

Por la unidad en la diversidad

Aguascalientes, México, América Latina

[email protected]

 

 

 

 

[1] Lo que ofrece la universidad ante la actual crisis moral. La Jornada Aguascalientes, 14-01-2017

[2] 60 años de autonomía. Héctor de León, UAA, 2002. p 71


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