Programa Sismo: entrega el INAH un templo en riesgo - LJA Aguascalientes
03/10/2022

Gabriela Hernández

 

Los habitantes de Cuauhtinchan en Puebla han ido acumulando conocimientos de su rico patrimonio monumental –como lo señalan en un escrito a Proceso–, pues en él han trabajado los arquitectos Flores Marini y Sergio Zaldívar, las restauradoras Alicia Ortega y Mireya Gatica, y los historiadores Jorge Alberto Manrique, Guillermo Tovar y Efraín Castro. Por ello, ante la visita de las máximas autoridades para dar por concluida la primera etapa de reconstrucción de su templo –reabierto al culto–, denuncian que se trata de un simulacro, advierten de un peligro latente, y las acusan de ignorar sus peticiones de información. 

 

Con “bombos y platillos”, Alejandra Frausto, secretaria de Cultura, y Diego Prieto, director General del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), entregaron el 5 de julio a los pobladores de esta localidad una obra inconclusa, con el argumento que constituye una “primera etapa” de la intervención del exconvento de San Juan Bautista, joya arquitectónica del siglo XVI dañada por los sismos de 2017.

 

Desde el pódium montado a unos pasos del presbiterio, Frausto se congratuló de que, a partir de ese día, el templo del conjunto franciscano reabría sus puertas a la comunidad, pues los trabajos realizados permiten que vuelva a ser un espacio “seguro”.

 

Sin embargo, los pobladores de Cuauhtinchan, quienes por décadas han participado de manera activa en la restauración, conservación y vigilancia de su patrimonio cultural, no piensas así: “Es una simulación, una farsa, quieren publicitar resultados donde no los hay”, alegan.


 

En principio, advierten que el templo entregado no puede considerarse seguro porque aún presenta daños que son un “riesgo latente”. Les preocupa que el INAH los deje para una próxima etapa de la cual no hay fecha, ni presupuesto. Y más porque la empresa encargada de los trabajos que se dieron por finalizados en ese acto, inició en mayo de 2020, casi tres años después del sismo, sin proyecto, ni contrato, ni presupuesto asignado.

 

Y acusan ante Proceso que, gracias a una laxa supervisión del INAH, el contratista dejó sin ejecutar obras que eran prioritarias para la consolidación del inmueble, y en cambio realizó otras que no eran parte de los daños causados por el sismo. Aparte de todo, hasta ese día del evento, el INAH no había pagado a la empresa los trabajos hechos.

 

“Es decir, vinieron a entregar algo que saben que hemos cuestionado, que no se hizo buena parte de lo que era más necesario, y además, ni siquiera lo que entregan, han pagado”, reclamó uno de los entrevistados.

 

En un recorrido por el templo –que data de 1593– muestran que la torre norte, aún apuntalada por escasos y delgados polines, se sostiene sólo en dos de sus piernas, las cuales registran daños por los cuales podría colapsar hacia el lado de la bóveda del inmueble, que ya fue intervenida.

 

Un sismo de más de 6 grados Ritcher (de esos que no avisan), explica uno de los pobladores, podría provocar el desplome de esa torre y no sólo se dañarían las “mejoras” ya entregadas, sino que podría costar la vida a personas que circulen en ese espacio, ahora abierto para turistas y actos religiosos.

 

Aparte, al interior del edificio, que tiene una altura de casi 20 metros, los intradós (superficie curva interior de un arco o bóveda por su cara cóncava) de tres secciones centrales –de las seis que componen la techumbre del templo– siguen sin ser intervenidos. Sólo se trabajó la bóveda del coro y el tramo siguiente, mientras el interior del ábside fue restaurado hace años.

 

“En tres bóvedas hay restos de aplanados que se encuentran desprendidos del ladrillo y podrían caer –agregan–, es un riesgo que abrieran el templo así”.

 

El acto

 

Para que luciera el evento del 5 de julio, en el que participaron autoridades de los tres órdenes de gobierno, de la sociedad civil y representantes eclesiásticos y de la vida cultural de Puebla, se retiró la protección que pocos días después del temblor se colocó al retablo principal, considerado el testero más antiguo de América: data de 1534 y se atribuye al pintor Nicolás Tejeda de Guzmán.

 

De acuerdo a especialistas, al no estar concluidos los trabajos de restauración al interior, la pieza debe volver a recubrirse, pero hasta esta semana eso no ocurría.

 

En su discurso, Frausto destacó la vinculación que mantuvo el INAH con la comunidad de Cuauhtinchan durante la ejecución de los trabajos; sin embargo, los habitantes niegan que haya sido así: señalan que en febrero enviaron un escrito a la Secretaría de Cultura (SC) y al INAH, en donde cuestionaron los trabajos realizados como parte del Programa Sismo. En respuesta, fueron regañados, ninguneados y excluidos.

 

En el acto, fueron presentadas dos personas como representantes de la comunidad. No obstante, afirman, son pobladores que no se involucran en los temas del patrimonio.

 

Los trabajos entregados se anunciaron como una primera etapa, aunque los inconformes reclaman que “nunca” se les dijo que la restauración se haría en partes.

 

En entrevista, Frausto declaró que se habían invertido 11.5 millones de pesos en esos avances, y se aplicarían otros 4 millones más para concluir la última etapa a finales de 2023.

 

“No vamos a irnos de aquí hasta concluir la restauración plena”, ofreció.

 

En el Fondo Nacional de Desastres (Fonden), este exconvento se registró con un presupuesto de 11.5 millones en total, cantidad que incluía los bienes muebles.

 

Proceso abordó a David Vázquez, dueño de Espacios Arquitecto, la empresa a la que, en público, se agradeció la restauración puesta a disposición de la comunidad:

 

–La secretaria dice que el gobierno invirtió 11.5 millones. ¿Cuánto de eso ya le pagaron?

 

–Nada –respondió.

 

Una semana después del evento, ya no había andamios ni gente trabajando en el inmueble. Y desde el domingo 10 se reanudaron las misas.

 

Cartas

 

La comunidad de Cuauhtinchan –fundada en 1175– es ampliamente conocedora de su patrimonio porque por muchos años han trabajado en este lugar especialistas en historia, arquitectura y restauración, quienes establecieron contacto con los habitantes; varios de ellos fueron instruidos en materiales, técnicas y procedimientos.

 

En uno de dos escritos entregados a Proceso, señalan que aquí han trabajado arquitectos como Carlos Flores Marini, Javier Villalobos, Sergio Zaldívar y Carlos Obregón Formoso; las restauradoras Alicia Ortega, Mireya Gatica y Marina Straulino, e historiadores como Jorge Alberto Manrique, Guillermo Tovar de Teresa, Efraín Castro y todo el equipo de Luis Reyes García y Keiko Yoneda.

 

La primera carta que enviaron a la SC y al INAH está fechada el 2 febrero, y la segunda estaba en revisión cuando fueron sorprendidos por la noticia de que Frausto y Prieto estarían en Cuauhtinchan.

 

A través de estos escritos, la comunidad pone en evidencia prácticas que ya han denunciado trabajadores del INAH, como la arquitecta Rutilia Amigón Amigón (Proceso #2382). Este caso exhibe por igual los problemas que se generan cuando se inicia sin proyecto, sin presupuesto y sin contrato, y que las intervenciones sean costeadas por los contratistas, lo cual origina condiciones desfavorables para que el INAH realice la supervisión y reclame vicios ocultos o trabajos no solicitados. Y cómo, después, se complica cubrir los adeudos, porque la Ley de Obra Pública no permite contratar obra inconclusa o ya concluida.

 

En la primera carta, los pobladores reconocen que, interesados porque iniciara la restauración, en 2020 contactaron al arquitecto David Vázquez para pedirle que elaborara un proyecto y lo presentara al INAH. El empresario se comprometió a trabajar de la mano con la comunidad.

 

Luego, Vázquez argumentó que no podía presentarles un proyecto que aún no estaba autorizado por el instituto, “pero que, arriesgando recursos propios, iniciaría con los trabajos, en espera de poder ingresar su proyecto a un programa de financiamiento federal”. Así, las obras arrancaron con la supervisión del INAH, y pasaron dos años sin que les presentaran el proyecto ofrecido.

 

Exponen en su escrito:

 

“…a lo largo de los trabajos hemos contado con visitas de especialistas, quienes con gran preocupación han expresado que la intervención es demasiado agresiva ya que están eliminando aplanados y argamasas históricas importantes que forman parte de los muros exteriores del templo.”

 

Una especialista consultada indica que la empresa ejecutó “rejunteos” excesivos, incluso en zonas que apenas en 2011 habían sido intervenidas, como el ábside, y usando un material de tono naranja que “compite con los materiales originales”.

 

En el segundo escrito, aparte de exponer los daños que presenta la torre norte que está sin atender, cuestionan que la sur, que después del sismo presentaba unas grietas en forma de “V”, se reparó sin mostrar los procedimientos empleados.

 

Al interior del templo, donde sí había un proyecto autorizado de restauración de bienes muebles y un contrato, no se ha terminado el trabajo en las bóvedas. Agregan que en la parte del coro que se trabajó, han detectado humedades.

 

Los pobladores señalan que cuando acudieron a exponer estas “preocupaciones técnicas”, no fueron atendidos por el director del Centro INAH Puebla, Manuel Villarruel, ni por el supervisor encargado de la obra, Marcos Torres de la Luz, y que incluso les negaron la participación en reuniones posteriores.

 

“Para nuestra comunidad el templo, el exconvento y la Parroquia son muy importantes y la experiencia del sismo 2017 ha sido francamente negativa, poco clara y deja sospecha de corrupción”, añaden en la carta:

 

“…el INAH ha jugado un papel irrelevante, contribuyendo a la tensión de las relaciones y pretendiendo que la comunidad acepte unos trabajos mal hechos, mal empleados y que se pretende se paguen como si se tratase de trabajos profesionales.”

 

Hacen referencia a que estos diferendos generaron un distanciamiento con la asociación civil Amigos de Cuauhtinchan, presidida por Cecilia Tapia Margaona, con la cual han trabajado por más de 30 años.

 

En el segundo escrito, los pobladores reclaman al instituto que en lugar de responder a sus dudas, los citó a una reunión en la cual les exigió dar una disculpa al empresario y les recordó que los funcionarios y constructores tenían maestrías, doctorados y experiencia. En respuesta a su solicitud para conocer el proyecto, les mostraron “rápidamente” más 80 planos en una pantalla de computadora:

 

“El proyecto que queremos conocer es la explicación de los problemas que hay y lo que se va a hacer, hasta dónde se va a llegar, con qué materiales y técnicas, que es algo que siempre hemos recibido y que nos ha formado y fortalecido.

 

“Nos confunde y sorprende la posición actual del INAH y su errónea pretensión de hacernos a un lado, como si lo fundamental de la restauración fuesen el edificio y los objetos y no la comunidad que hace uso del mismo, que lo mantiene vivo y que está sumamente preocupada porque se conserve y restaure de la mejor manera posible”.

 

Cerca de cumplirse cinco años de los sismos, un trabajador del INAH entregó a este semanario un correo enviado el 14 de junio de 2022, en el cual se apremia a los peritos para entregar obras, aunque sea de manera parcial:

 

“…se les solicita de la manera más atenta su apoyo para realizar un cronograma sobre la entrega de Templos, ya sea parcial o total; es decir, cuando tengan la oportunidad de realizar la entrega en algún templo, se notifique a esta área para coordinar con la agenda del Mtro. Villarruel y realizar lo conducente a la difusión del evento.”

 

 

 


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