Cero club’s/ Así es esto  - LJA Aguascalientes
25/09/2022

Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo

 Groucho Marx 

Desde que tengo memoria, se me ha invitado a distintos clubs, formales o informales, deportivos, de fans, de coleccionistas, para expertos, con uniforme o sin el, con grados o sin ellos; niño y adolescente milité en algunos, creo el más marcado cuando fui fan del América, de esos que lloran cuando se pierde o que dedica su domingo al sacrosanto placer del partido; pero bueno, deberán de perdonarme, ese club al que me hice adicto era el de Leo Beenhakker, el mítico equipo con Zague, Kalusha, François Omam-Biyik, el Potro Gutiérrez, Joaquín del Olmo, y por supuesto el Cuau. Tal vez justo caer en la cuenta de lo absurdo del fanatismo del futbol y sus hinchas (América o cualquiera de los clubs de futbol de México y del mundo) fue lo que comenzó a alejarme de cualquier grupo que enarbolara principios o fines en común.

La segunda asociación de la cual me aparté fue la católica, durante años viví la fe desde todos dos ángulos: practicando sin más fe que la costumbre de cumplir con los ritos tradicionales (misa los domingos, primera comunión, etc.); después tuve una época de “calor” donde rezaba el rosario todos los días y lo mismo participé de la hora apostólica, adoración nocturna, grupos juveniles, etcétera. Sin embargo, con el tiempo los ideales se fueron lacerando con las distintas posturas políticas de los jerarcas, las violaciones a los derechos humanos que se impulsan desde la derecha ultra católica, hasta que decidí separarme, en definitiva.    

Varios amigos a quienes aprecio por sus dotes humanistas, me han invitado a una asociación de carácter universal, enfocada al estudio, la superación de sus miembros, la ayuda mutua y la asistencia a la comunidad, cosas todas con las que por supuesto comulgo y aplaudo. Sin embargo, esta idea de Groucho Marx de no pertenecer a grupos donde pueda ser admitido, me habían mantenido renuente a aceptar las generosas invitaciones; cuando por fin me estaba convenciendo apareció un problema, uno de los requisitos es que hay que creer en un ser superior. Debo confesar que hace años que me considero ateo, por lo que se frustró mi regreso a los clubes.

Las últimas semanas, una amiga muy querida justo ha insistido en invitarme a formar parte de otra asociación internacional que ha hecho maravillas por el mundo, ha ayudado a miles de personas con problemas graves y por ende a todo su entorno. Como toda asociación, tiene requisitos de carácter absoluto con los cuáles no puedo comulgar, pero en verdad le agradezco de todo corazón su empecinamiento e insistencia.    

Los grupos tienen que tener convicción e ideales; y yo, citando nuevamente a Marx el importante (o sea Groucho, no Carlos) tengo mis principios, pero si no les agradan, tengo otros. Tal vez por eso, me identifico tan bien con esa rola de Fito Paez: “Yo ya no pertenezco a ningún ismo/ Me considero vivo y enterrado/ Yo puse las canciones en tu walkman/ El tiempo a mí me puso en otro lado” ¿Esto acaso significa ser tibio? No lo creo, solo significa no compartir ideales, dejar que el mundo gire en tanto no le haga daño a los demás. 

Amigos bienintencionados y expertos, me invitan a sus clubs porque me quieren, en ese sentido me siento sumamente honrado, a todos les doy las gracias de corazón, por lo pronto al único club que creo pertenecer es al que disfruta de vivir y viajar, esa peña por ahora es mi familia, Rubencito, Marcelita y Marcela, integran esta prestigiosa asociación cuyos ideales son: pueblear, comer y beber lo que vendan en el lugar que toque (a donde fueres…) y por supuesto comprar muchos suvenires. 

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