Crímenes de estado - LJA Aguascalientes
03/02/2023

 

“Se han evaporado todos los huesos

de mi abuela, de mis maestros,

de todos mis compañeros

de oración.”

Álvaro Chanona Yza

“Tribulaciones de un fariseo” se llama el más reciente poemario del escritor Álvaro Chanona Yza (Mérida, Yucatán, 1962). Dividido en 4 fragmentos: Los muros cansados de Alepo, Tribulaciones de un fariseo, Shoah y Singladura, el autor presenta las dolorosas imágenes de las guerras en el oriente medio, para mejores datos Siria, vista desde los niños, las mujeres, las jovencitas, que huyen y se lanzan al Mediterráneo, no pensando en tener una mejor vida en Europa, sino apenas intentando sobrevivir a la persecución, a la violencia.

“En medio de la calle hay un cráter

donde no caben ya tantos cadáveres”


El autor retoma palabras, notas, imágenes, que dieron la vuelta al mundo y que nos oprimieron el corazón, y que quizá debieron conmovernos, para intentar ser mejores personas, pero en vez de eso, decidimos señalar la tragedia, beber un café, y salir a la normalizada vida, una vida donde todos los días nos preguntamos si sobreviviremos.

De epígrafe pone el autor de estos poemas, las palabras de aquel pequeño niño sirio antes de morir: “Cuando muera le contaré todo a Dios…”; y cómo duelen. ¿Qué sensación nos provoca leerlas, escucharlas una y otra vez?

Nos pasa lo mismo cuando recordamos cada día las 43 historias de aquellos jóvenes entre 17 y 20 años que un día, creyendo obedecer a sus maestros, instructores, directores, de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, Raúl Isidro Burgos, la noche del 26 de septiembre de 2014. ¿Cuáles fueron las últimas palabras de estos jóvenes? Sus últimos pensamientos, lo que planeaban hacer esa mañana cuando se despertaron, cuando la luz tocó sus rostros. Cuando comenzaron a prepararse, cuando tomaron los autobuses, cuando fueron interceptados.

Al parecer a nadie de aquellos gobiernos del momento les importó su pensamiento, su destino. Eran pobres, eran morenos, eran prietos. No desaparecieron 43 jóvenes del Tec de Monterrey, tampoco desaparecieron 43 jóvenes de la Anáhuac, ni del ITAM. Sino de una Escuela Normal Rural.

Algunos comenta-noticias señalan que ya estaba escrito que entre ellos había 4 militares infiltrados, que debían reportar las actividades de los normalistas: dos de los agentes de inteligencia murieron, y dos más lograron salvar sus vidas y ya han sido interrogados, que lo que ha declarado recientemente Alejandro Encinas, ya se sabía, ya se había informado. Yo debo ser tal vez el único ignorante que no estaba enterado. Así lo han dejado ver Rafael Cardona y Raymundo Riva Palacio en su programa Estrictamente Personal del 22 de agosto: no hay ninguna novedad en lo que se informa, solo se quiere desviar la atención de la ciudadanía.

Claro que estamos ante un Crimen de Estado. La pregunta que tiene que hacerse es: ¿A quién reportaban dichos jóvenes militares infiltrados en la Normal Rural de Ayotzinapa?

¿Cuántos mexicanos seguirán diciendo aquellas palabras “Cuando muera le contaré a Dios, lo que estos gobiernos mexicanos nos han hecho; lo que estos ‘servidores públicos’ siguen haciéndonos”?

¿Alguna vez veremos luz en todos aquellos crímenes de estado que se cometen, o todo será normalizado cada vez para jamás conocer la verdad de los hechos?

“¿Servirá de algo

que me corte las venas

en presencia de este verdugo

que se ha quitado

la máscara

y me revela su nombre?” 

Chanona Yza, Álvaro. 2022.

Tribulaciones de un fariseo.

Editorial Cisnegro. 72 pp.


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