Saludos cordiales/ Debate electoral  - LJA Aguascalientes
28/01/2023

En el mundo de las oficinas burocráticas y en la iniciativa privada, la comunicación por correo electrónico es el pan nuestro de cada día. Esa forma de comunicación tan precisa, presente y efectiva vino a sustituir, en buena medida, las comunicaciones oficiales impresas en papel membretado y sellos entintados que durante mucho tiempo abundaron en los escritorios de las y los empleados. Durante la pandemia que, si bien no se ha visto erradicada si se han visto disminuidas las estrictas acciones sanitarias con las que comenzamos, pareció que la mejor manera de comunicarnos era por aplicaciones de mensajería celular, como WhatsApp o Telegram, pero el correo electrónico tiene su encanto y se niega a ceder su lugar de honor como medio de comunicación idóneo para transmitir un texto y sus archivos adjuntos.

El correo, como todas y todos sabemos, no es nuevo. Desde tiempos inmemoriales, los griegos creían en Iris y Hermes y los romanos en Mercurio como mensajeros de los dioses. Transmitir, comunicar a través de algo o de alguien siempre ha estado presente en la raza humana y ha ido evolucionando conforme pasa el tiempo, adquiriendo nuevos matices. Por ejemplo, la escritura, modelo más básico, permite que algo que justo estoy escribiendo pueda ser leído en este momento. O en su época la televisión, que nos permitió, a diferencia de su predecesora la radio, no solamente escuchar, sino apreciar con la vista el proceso comunicativo.

Volviendo al mundo godín, se ha convertido incluso en motivo chusco la forma en que los correos electrónicos concluyen. Si durante décadas el remate de los documentos oficiales fue el clásico “sufragio efectivo, no reelección”, en la era del e-mail oficinesco, la fórmula es “saludos cordiales”.

En esa frase se conjuga una despedida neutra. Ni me es indiferente la persona que recibe el correo, pero no es un saludo afectuoso que remita a una relación más allá de la estrictamente oficial. Es, digámoslo así, la manera que se ha establecido en el mundo de la etiqueta electrónica para concluir de manera correcta una comunicación oficial.

Viene al caso porque el día de hoy se llevará a cabo la que será mi última sesión que encabece como Presidente del Consejo General del Instituto Estatal Electoral. El nombramiento con que fui distinguido hace siete años ya, también fue consignado en estas páginas y, creo justo, hacer lo propio en la despedida.

Por supuesto que, como cualquier despedida, va acompañada de cierta dosis de nostalgia y de incertidumbre. Por un lado, desalojar la que fue mi oficina durante mi gestión presidencial, y la que fue mi casa por más de quince años me hace recordar eventos que sé que permanecerán en mi y que, para bien o para mal, no olvidaré. Incertidumbre porque es un sentimiento natural ante el desconocimiento de lo que va a suceder.

Resumir tres lustros de labor electoral en unas cuantas palabras es imposible. Como decía, prefiero quedarme para mí con esos días de arduo trabajo, noches en vela, amistades, familia, alegrías y una que otra tristeza que aún queda. Y lo que finalmente dejo en las paredes del edificio de la Salida a Calvillo no me pesa no llevármelo.

Se quedan ocho elecciones organizadas, cinco de ellas con la máxima responsabilidad en la presidencia, en las que si bien no todo fue perfecto, si fue lo suficientemente bueno como para permitir la renovación de todos los cargos públicos de elección, sin que hubiera necesidad de un proceso extraordinario. Dejo, sin pesar, la infraestructura del edificio sede que, luego de difíciles gestiones, queda en propiedad del Instituto, garantía de que aquello que se construya en adelante quedará para sí. Dejo finanzas sanas, de dinero recibido de la sociedad que fuera gastado plenamente en su servicio y beneficio. Así lo dicen las auditorías que, un año sí y el otro también, tuvieron a bien confirmar que el trabajo se puede y debe hacer bien. Dejo un personal extraordinario, mujeres y hombres que me acompañaron en esta aventura y que se quedan más expertos, maestras y maestros en lo que hacen.

Dejo también retos que, inisto, no me pesa porque estoy seguro, serán sorteados. Autonomía financiera, una intentona de reforma que amenaza con desaparecer la institución, la organización de procesos electorales de mejor manera, son solo algunos que tendrán que hacerse frente, nada más en el naciente mes de septiembre.


En el balance estoy cierto que me llevo, en la satisfacción del trabajo realizado, muchísimo más de lo que pudiera haber aportado. Seguro estoy que nos veremos en otros ámbitos, luchando en otras trincheras, comunicándonos en otros idiomas, realizando otras actividades, pero siempre con el mismo afán. No me resta sino agradecer a todas y todos ustedes por estos años de labor. Y por supuesto, despedirme como se debe:

Saludos cordiales.

 

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