Bravuconadas / La GN, los frentes abiertos y las batallas perdidas de la 4T - LJA Aguascalientes
29/11/2022

Hace sólo diez días el presidente López Obrador arengaba a los mexicanos ¿todos? desde el balcón de Palacio Nacional sobre la necesidad de hacer patria, pero atacó con su clásico estilo adicionando un par de arengas nuevas: “muera el clasismo” y “muera el racismo”. Todos los que nos percatamos de la posible intencionalidad identificamos pronto el interés que manifestaba el titular del Ejecutivo: insistir en separar a los mexicanos y a sus representantes como medida de presión para la batalla legislativa que se daría en el Senado de la República el martes 20 pasado para aprobar la modificación ¡a un artículo transitorio de la Constitución! y autorizar la permanencia de las fuerzas armadas en las calles del país del 2024 al 2028.

El tema de la inseguridad pública es uno de los muchos frentes abiertos que tiene el gobierno federal, y particularmente López Obrador y que no ha podido dar un buen resultado, además que lo ha hecho caer en una gran contradicción en su discurso histórico que abundó contra sus predecesores Enrique Peña y, particularmente, Felipe Calderón, atacándolos durante años con su política de militarización que promovieron en sus respectivas administraciones, señalando el grave riesgo que eso suponía respecto al peligro en que se ponía el cumplimiento por parte del Estado a la protección de los derechos humanos de los mexicanos. Cabe señalar que ambos mandatarios predecesores de López Obrador ciertamente mantuvieron a las fuerzas armadas en labores de apoyo sustantivo al combate a la inseguridad en México, pero mantuvieron a las policías estatales y municipales en el terreno, así como a una policía federal, civil, a cargo de ese combate, aunque con magros resultados.

Actualmente, la visión y el discurso presidencial han dado un giro de 180 grados. En su visión de corto plazo, López Obrador, con su estrategia de “abrazos, no balazos” y el posicionamiento positivo de las fuerzas armadas en la opinión de la población, el presidente le ha ido cediendo y otorgando funciones y responsabilidades más allá de sus responsabilidades constitucionales de brindar seguridad a la integridad y paz sociales del país, y ahora tenemos unas fuerzas armadas constructoras de aeropuertos, sucursales bancarias, hospitales, carreteras, trenes turísticos; asimismo, le ha confiado actividades empresariales, como dirigir el aeropuerto “Felipe Ángeles”, o las aduanas portuarias e internas del país, repartir vacunas anti Covid, y así… Ante la no necesidad de confrontar a los delincuentes (“abrazos, no balazos”), pues le queda tiempo para atender las nuevas funciones que el presidente les ha confiado, no importa que ellas no correspondan a la naturaleza institucional o a sus tareas constitucionales. Toda esta nueva realidad de las fuerzas armadas nacionales por supuesto va acompañada de un incremento sustancial del presupuesto que manejan para el “debido cumplimiento” de sus encomiendas. Cosa de checar el proyecto de Presupuesto presentado a la Cámara de Diputados el pasado 8 de septiembre.



 

El jueves 22 en el marco de la conferencia mañanera del presidente, el periodista Jorge Ramos, en una nueva aparición en la misma, volvió a señalar a López Obrador, lo que él señala como el fracaso de la estrategia de seguridad pública en el país. Utilizando cifras oficiales, le mostró al Ejecutivo mexicano, el resultado negativo de su trabajo en la materia. Según Ramos, el Gobierno de López Obrador es ya el más violento en la historia de México. “Desde que usted llegó al poder ha habido ya 126 206 mexicanos asesinados, más que con Peña y Calderón”, y añadió, “si siguen matando 84 mexicanos por día, al final cuando entregue el poder, serán 190 000 muertos”. López Obrador cerrando la discusión-respuesta remató: “Cuando viniste la vez pasada, que planteaste lo mismo, tenía alguna duda, ahora ya no, porque ya ha empezado a dar resultado la estrategia. Vamos a seguir reduciendo, eso me tiene optimista. Por eso no vamos a cambiar la estrategia”. Tan tan.

No pasó un día de la manifestación de optimismo presidencia, cuando el viernes 23 de septiembre se registraron actos violentos al interior del otrora inexpugnable Campo Militar Número 1 en la Ciudad de México. Los responsables fueron identificados como protestantes que exigen justicia en el caso Ayotzinapa. Los manifestantes realizaron pintas, arrancaron rejas y lanzaron petardos, cohetones, bombas molotov y piedras al interior del inmueble militar. El gobierno de la Ciudad de México informó que debido a los hechos resultaron heridos treinta y nueve elementos: veintiuno de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), trece de la Secretaría de Defensa Nacional y cinco de la Guardia Nacional. (Infobae, 24 de septiembre de 2022). Así el éxito de la estrategia de los “abrazos, no balazos”.

A todo esto, y en concordancia a la honesta afirmación presidencial de “cambié de opinión”, podemos explicar aquella lucha de doce años de búsqueda del cargo, cuando según palabras del propio presidente recorrió México, municipio por municipio, para conocer de primera mano la realidad lacerante que vivía el país, los mexicanos, en todos los aspectos, inseguridad, educación, salud, empleo, oportunidades, corrupción, con un equipo de patriotas y servidores de la nación en ciernes, y construir el verdadero diagnóstico de la nación y ofrecer las vías del cambio verdadero para atender primero a los pobres y juntos hacer la nueva historia, pues nada, falló. No supo leer la realidad, no supo interpretar las variables que incidían en el país, y lo consumían. A partir de ese deficiente diagnóstico, hoy la inseguridad está peor que nunca, la salud está pasando por un terrible momento con los efectos que conlleva para la población, la educación está arrastrándose lastimosamente tras el paso de la ¿maestra? Delfina; por el pleito con los inversionistas y el incierto Estado de Derecho, se alejan las inversiones, las oportunidades, los empleos; la corrupción está alcanzando niveles insospechados gracias la negligencia del propio presidente, (ya veremos las cifras cuando se revisen las cuentas de las obras faraónicas del presidente).

Pero, como dice el propio Andrés Manuel López Obrador, “mi popularidad está muy alta”. Y sí, misterio.

 

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