Cuarto Informe/ Bajo presión - LJA Aguascalientes
28/02/2024

La obligación constitucional del Poder Ejecutivo de informar sobre el estado general que guarda la administración pública del país durante la apertura de Sesiones Ordinarias del Congreso de la Unión se ha ido degradando a un mero trámite burocrático, todos los presidentes cayeron en la tentación de montar un show para ser ensalzados, porque un simple informe por escrito no basta para obtener el aplauso ni sentirse amados. Sin excepción, todos los presidentes han buscado la forma de cantarse loas antes que explicar.

Al compromiso con la rendición de cuentas se le rebajó a la entrega de un voluminoso anexo estadístico al Congreso de la Unión para que los legisladores lo lean y pidan a los miembros del gabinete federal que los expliquen, eso es lo que hará mañana el secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, cuando asista al Palacio Legislativo y en nombre del presidente entregue el informe.

Para informar, para hacer saber algo a alguien, en este caso a los mexicanos, los presidentes, todos, eligieron dirigir un mensaje a los ciudadanos, no una explicación, no una exposición del estado de la administración, un mensaje, un discurso que también se aleja de la rendición de cuentas porque no suele incluir aclaraciones ni han sido exposiciones detalladas de las metas cumplidas o compartir la evaluación de las políticas públicas, no, suelen ser un cúmulo de buenas intenciones y justificaciones.

Andrés Manuel López Obrador llega a su cuarto informe de gobierno con una aprobación de su persona mayor al 60% y durante estos días los medios de comunicación hemos centrado la atención en este dato, comparando el porcentaje de este presidente con los de regímenes anteriores, como si eso fuera lo importante, como si el resultado de esa encuesta fuera algo concreto; con lo que se ayuda a López Obrador a consolidar la construcción de una narrativa en la que México va muy bien.

Las encuestas recientes, además de la aprobación a la persona del presidente, incluyen la opinión de los ciudadanos acerca de la gestión de gobierno, en rubros como seguridad, combate a la corrupción, economía y salud, entre los más relevantes, en esas materias la opinión que se tiene sobre este gobierno no es tan buena, y en todos los casos es inferior a la aprobación del presidente. Demandar que López Obrador cumpla con informar con base en esos datos, no es la mejor solución, pues se continúa tomando en cuenta la opinión subjetiva de la población.

Informar, rendir cuentas, tiene que ligarse con la obligación de evaluar las políticas públicas, explicar cuál es el estado de la administración pública y comparar los resultados de las políticas públicas, con resultados concretos, datos duros, medibles. A eso es a lo que están obligados los presidentes, todos; oponerse a esta idea de la obligación de informar que tiene el presidente, es estar en contra de un método ordenado para saber si el gobierno está cumpliendo con su función, sobre todo, si hay forma de establecer los cambios necesarios para corregir el rumbo.

Coda. No es difícil, medir para conocer, evaluar para corregir.

@aldan



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Edilberto Aldán
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Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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