El banquete de los pordioseros / Miles Davis, improvisación y libertad creativa - LJA Aguascalientes
08/12/2022

Dice la canción de Mecano en homenaje a Salvador Dalí que “andamos justos de genios”, y es verdad, en estos tiempos de facilismo, de cultura “light” en donde impera la ley del menor esfuerzo, se tiene la tendencia de llamar a cualquiera de mediano talento, y muy frecuentemente carentes de talento que son “genios”, así sucede, le llamamos genio a cualquiera, sobre todo si lo que hace no lo entendemos, entonces es un genio por lo que el término se ha demeritado mucho, deberíamos reivindicarnos con la verdadera vocación del genio, y todo esto te lo comento porque estamos urgidos de rescatar a los verdaderos genios, aquellos que han sido factores de cambio, revolucionarios, aquellos cuya obra, cuya creación está muy por encima de la medianía y lo que han dejado ha sido estímulo en la creación o en la forma de pensar,  y claro,  factor de crecimiento para generaciones posteriores. No necesariamente el genio es un líder, lejos de eso, de hecho el genio, por ser incomprendido muy difícilmente es seguido, sin embargo su obra trasciende y después de un tiempo, sin importar el tiempo que tenga que pasar, su obra finalmente es reconocida, Van Gogh, Mozart, han sido algunos de los genios más incomprendidos, y hoy en día de los más admirados y seguidos por el género humano. Grandes obras de la música, sin duda por su alta dosis de genialidad, fueron descalificadas en su momento, recordemos la Sinfonía No.9 de Beethoven o su Missa Solemnis, La Consagración de la Primavera de Stravinsky, el Concierto para Violín No.2 “La Campanella “ de Paganini, o los conciertos para violín y piano de Tchaikovsky y así la lista podría ser interminable.

Pero en nuestros tiempos sigue habiendo grandes genios, grandes mentes creativas que están, por su propuesta artística, “más allá del bien y del mal”, solo por el gusto de citar a Nietzsche. Entre estos virtuosos del arte encontramos a Miles Davis, trompetista virtuoso, compositor atrevido muy adelantado a su época e inmaculado improvisador que ha llevado el concepto de trabajar con lo inmediato hasta alturas inhóspitas.

Como todo gran genio parte de su obra resulta incomprensible, y consecuentemente, descalificada. Tiene grandes obras musicales como Kind of Blue o In a Silent Way, que por su amabilidad con el oído resultan ser aceptadas sin temor, evidentemente esta aceptación no demerita en nada su genialidad, es decir, no es requisito ser rechazado para que sea una genialidad, pero si revisamos toda su discografía en estudio, además de ser generosa y muy robusta que cuenta con verdaderas joyas que rebasan cualquier intento de clasificación musical, es en sus conciertos, -también  tiene una gran cantidad de presentaciones en vivo impresas en cualquier formato-, en donde podemos percibir con natural elocuencia su magia y su espontaneidad que son posibles solo en la ejecución en vivo. Decía Louis Armstrong que al improvisar el músico trabaja con lo inmediato, y esto es verdad. Es justamente en sus muchas presentaciones en concierto en donde podemos apreciar en toda su majestuosidad el verdadero talento surgido en la magia de ese momento. El músico responde con elocuente virtuosismo al llamado de la musa, siente el aliento de la diosa que sopla en su rostro y es entonces que surge, motivado también por la interacción con el público que llena un auditorio o una sala de conciertos, el derroche incontenible de talento.



 

Recuerdo en este momento la presentación de Miles Davis en el Festival de la Isla de White el 29 de agosto de 1970, en cuyo set de poco más de 38 minutos dejó fascinada a la multitud congregada para este gran festín musical, uno de los más grandes en el rock, no tengo duda al decir que su presentación en este festival, el último de los grandes festivales de aquella  generación que creía en las utopías y esto le dio sentido a su vida, debe ser considerado uno de los más grandes momentos en la historia de los conciertos masivos. Es la época del disco Bitches Brew grabado exactamente un año antes, en agosto de 1969 y que para quien esto escribe, es el mejor disco de Miles Davis y uno de los discos más revolucionarios y mejor trabajados en el siglo XX y lo que va del XXI, una joya de la música de nuestro tiempo que en su concepto propone el más delicado y sublime ejemplo de cómo debe ser el trabajo de improvisación. Bitches Brew es una verdadera obra maestra, es música sin etiquetas, es derroche de incontenible virtuosismo, es música en su más pura expresión y muy adelantada a su época.

En aquella presentación en la tercera edición del Festival de la Isla de White, algunos dicen que ante más de medio millón de personas, Miles Davis en la trompeta, se presentó acompañado por Gary Bartz en el saxofón, Chick Corea  y Keith Jarret en los pianos y teclados, Dave Holland, bajo eléctrico, Jack de Johnette en la batería y Airto Moreira en la percusión, sería injusto decir que es un verdadero dream team del jazz, y no porque no lo sea, sino porque lo que hacen estos músicos está muy por encima de cualquier intento de clasificación, incluso hacen que este intento, además de estéril, resulta una verdadera tontería.

Miles Davis murió el 28 de septiembre de 1991, hace 31 años, y entiendo que la música seguirá expresándose con argumentos sublimes y trabajos exquisitos, y de esta manera Miles Davis queda en la historia como uno de esos momentos, como una columna sobre la cual se sostiene uno de los argumentos más elocuentes y sólidos en la siempre inconclusa historia de la música.  

 


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