Ruido y ciudad/ Rompecabezas urbano  - LJA Aguascalientes
21/02/2024

La humanidad ha alterado el planeta de manera profunda y provocando diversos impactos medioambientales, cuyos efectos tienen varias expresiones como la pérdida de la biodiversidad, la contaminación del aire, el estrés hídrico, el incremento en la generación de residuos, etcétera. Entre dichos impactos hay uno que está cobrando atención creciente como un problema que requiere atención pública: la contaminación por ruido.

Lo anterior debido a que las ciudades se han convertido en verdaderos epicentros del ruido: cláxones de vehículos, motores de taladros, rotomartillos o cualquier otro tipo de maquinarias; bocinas y altoparlantes que amplifican consignas en las manifestaciones públicas lo mismo que ofertas y novedades de los locales comerciales; música en restaurantes, centros nocturnos y también de vecinos ruidosos. De tal suerte que las ciudades y sus habitantes estamos inmersos en el ruido y por ende en la contaminación acústica, que ya se designa como un riesgo medioambiental.

Sin embargo, la calidad del sonido no puede juzgarse únicamente por sus propiedades físicas. Lo que quiere decir que la definición de ruido como sonido no deseado implica un concepto psicológico; es decir, no todo sonido es ruido y tampoco contaminación acústica. Los sonidos son fenómenos físicos complejos que se originan en la vibración de una fuente que propaga energía en un medio como una onda acústica. Los sonidos están siempre presentes, no existe el silencio absoluto en el planeta. Por lo tanto, como un fenómeno físico, el sonido no es positivo ni negativo, cobra significado cuando se interpreta desde la perspectiva de quien lo escucha: si el sonido no es deseado, se vuelve ruido, si es demasiado fuerte y persistente, entonces se convierte en contaminación acústica.

La también llamada contaminación sonora hace referencia al ruido excesivo y molesto, provocado por la actividad humana, capaz de alterar las condiciones normales del ambiente y provocar efectos perjudiciales a la salud de los seres vivos.  De tal suerte que de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el ruido no es sólo una molestia sino también un contaminante atmosférico de carácter físico. El ruido es el sonido superior a 65 decibelios (dB), afecta si supera los 75 dB y se vuelve doloroso si sobrepasa los 120 dB, por lo que se recomienda no exceder los 65 dB en el día y los 30 dB por la noche.

¿Por qué debemos preocuparnos?

Los efectos adversos del ruido sobre la salud pública son múltiples y constituyen una preocupación mundial creciente, debido a que abarcan un amplio espectro de resultados: desde la angustia leve y temporal hasta el deterioro físico grave y crónico.

Por ejemplo, se ha documentado que el ruido nocturno perturba el sueño y afecta el bienestar del día siguiente. Los despertares inducidos por el ruido pueden desencadenar una variedad de respuestas de estrés fisiológico y psicológico porque el sueño es necesario para la regulación hormonal y el funcionamiento cardiovascular.

Por otra parte, cada vez hay más pruebas de que la exposición al ruido del tráfico es un factor de riesgo para el desarrollo de trastornos cardiovasculares y metabólicos, como presión arterial elevada, hipertensión arterial, enfermedad coronaria y diabetes. Una estimación conservadora indica que la exposición a largo plazo al ruido ambiental contribuye a 48.000 nuevos casos de cardiopatía isquémica y provoca 12.000 muertes prematuras al año en Europa.

Hoy la contaminación acústica es un problema ambiental importante, es uno de los principales riesgos ambientales para la salud en todos los grupos sociales y de edad. Si estamos expuestos de forma prolongada a altos niveles de ruido, veremos perjudicada nuestra salud y bienestar humanos, situación que debería ser una preocupación tanto para nosotros como para los hacedores de política pública, pues no se trata solo de una molestia, es ya un problema de salud pública. Actualmente se equipara su impacto a la salud con el de la contaminación atmosférica química, es decir, el ruido es tan dañino para nuestra salud como la mala calidad del aire.


Por otra parte, el ruido de nuestras ciudades no sólo afecta el bienestar humano, sino que también perturba y pone en peligro la supervivencia de especies cruciales para dicho entorno urbano.

La comunicación acústica es vital para muchas especies animales. Las señales acústicas se utilizan en una variedad de contextos de comunicación, incluida la defensa del territorio, la advertencia de peligro, la localización o atracción de una pareja y el cuidado de la descendencia. Si bien los sonidos abruptos e impredecibles pueden ser percibidos como una amenaza por los animales, las perturbaciones acústicas crónicas, como el ruido del tráfico, pueden interferir con la comunicación acústica y alterar el comportamiento de una variedad de especies.

No obstante, la mayoría de las personas estaría de acuerdo en que un mundo silencioso tampoco  es deseable porque los sonidos también enriquecen nuestras vidas, ayudan a restaurar sentimientos de salud y bienestar y dotan de significado a nuestras experiencias cotidianas, por ejemplo nos ayudan a definir las características de los lugares, de las culturas y constituyen elementos importantes para ubicarnos en el tiempo y en el espacio. Por ejemplo, algunos sonidos pueden ser exclusivos de una comunidad y contribuir a su identidad cultural, hasta el punto de convertirse en verdaderos hitos acústicos. Pensemos por ejemplo en las campanadas de una catedral, el reloj que indica la hora en muchas plazas de nuestro país, el sonido del vendedor de camotes o del afilador de cuchillos, el grito del vendedor de tamales o cómo identificamos que “ahí viene el gas”.

Los sonidos son tan importantes que la Fonoteca Nacional ha puesto a nuestra disposición una plataforma que busca integrar un mapa sonoro que capture y retrate las sonoridades de México a partir de grabaciones de campo. Este ejercicio significa la posibilidad de trazar la geografía sonora de México a partir de escuchar grabaciones que registran los sonidos de un pueblo, de una ciudad o de un entorno natural y nos muestra el lugar exacto donde esos sonidos sucedieron mediante su geolocalización. Es pues una invitación para escuchar a qué suena México. Los invito a consultarla.

Por todo lo anterior, en su comprensión más amplia, el confort acústico no debe verse simplemente como la ausencia de ruido, sino como una situación en la que los sonidos ambientales ofrecen amplias oportunidades para que las personas prosperen y cuiden su bienestar físico y mental. Por ello cada vez es más relevante considerar paisajes sonoros que contribuyan al bienestar tanto físico como psicológico de las personas, especialmente en el medio urbano.

¿Qué es un paisaje sonoro?

La Organización Internacional de Normalización (ISO) define un paisaje sonoro como “[el] ambiente acústico como percibido o experimentado y/o entendido por una persona o personas, en contexto”. En otras palabras, el paisaje sonoro abarca la forma en que las personas perciben, experimentan y responden a la gama completa de sonidos en un lugar en un momento dado. Como disciplina emergente, los estudios del paisaje sonoro intentan observar la cuestión de los entornos acústicos urbanos de manera más holística, adoptar una perspectiva centrada en el oyente. El enfoque del paisaje sonoro tiende a centrarse en el contexto, en los sonidos deseados en lugar de los no deseados, y en la preferencia individual en lugar de la incomodidad.

Quizá sea esta una buena entrada para reflexionar sobre los paisajes sonoros que queremos construir en nuestras ciudad, al fin y al cabo es justo en los entornos urbanos en donde transcurre nuestra vida, vale la pena hacer de las ciudades entornos más saludables para vivir.

Frontiers 2022: Noise, Blazes and Mismatches (unep.org)


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